Una de las manifestaciones más bárbaras de nuestra
sociedad es la explotación del trabajo infantil que involucra
a millones de niños de tierna edad. Según cifras
oficiales de la OIT (Organización Internacional del Trabajo),
218 millones de niños son explotados laboralmente en
el mundo, y de esos, 132 millones trabajan como jornaleros agrícolas,
muchos de ellos al lado de sus padres, para completar el magro
ingreso familiar. Y de acuerdo con el informe de “Rompamos
las cadenas de la esclavitud infantil” de Save the Children,
8.5 millones de niños viven como esclavos.
....Todos ellos, obviamente, sin
haber tenido tiempo para educarse, jugar, crecer y vivir su
infancia, son sometidos a durísimas jornadas de trabajo.
Los vemos en ladrilleras, supermercados, vendiendo periódicos
en las calles desde la madrugada, y otros, sobre todo niñas,
en cocinas, y así sucesivamente.
....Y no es que me oponga yo a
que los niños desempeñen algunas tareas prácticas,
siempre y cuando éstas sean moderadas, racionales y formen
parte de su educación. Ciertamente, un niño que
jamás hace nada, que no sabe ni asear su cuarto o atender
tareas, aunque sea sencillas, crece siendo un inútil,
un parásito de otros, y no sabrá valerse por sí
mismo. Está bien que los niños aprendan a asumir
responsabilidades desde pequeños, para que se formen
hombres capaces, socialmente útiles.
....Lo que yo cuestiono es la explotación
de los niños, su empleo por empresarios inescrupulosos
que exprimen sus incipientes energías, sometiéndolos
a jornadas de trabajo que les impiden satisfacer a plenitud
las necesidades propias de la infancia, robándoles el
tiempo necesario para su educación, descanso y juego,
convivencia con otros niños de su edad, etc.
....Este fenómeno no es
algo nuevo. Forma parte de toda la historia de las sociedades
donde hay poderosos que viven del trabajo ajeno, no importando
la edad ni el sexo de los trabajadores. Según un estudio
de Cristiano Morsolin, educador italiano, en ocasión
del Día Mundial contra el Trabajo Infantil nos dice:
"el trabajo infantil es un fenómeno tan antiguo
como la especie, pero se ha fortalecido desde los orígenes
de la Revolución Industrial -son tristemente célebres
las legiones de niños empleados en las minas inglesas
de carbón- y se ha consolidado en la más reciente
fase del capitalismo, impulsado por la feroz competencia global
y las consignas neoliberales de incrementar rentabilidad, productividad
y competitividad a costa de lo que sea. Tales consignas encuentran
un terreno especialmente fértil en las deficiencias regulatorias
y en la corrupción en los países en desarrollo.
En la actualidad, las condiciones que imperan en las maquilas
de las grandes empresas trasnacionales -como la de la marca
de ropa deportiva Nike, en Indonesia - no distan mucho de las
de aquel entonces: jornadas de 12 horas, meses de 30 jornadas,
horas extra forzosas y sin paga. En el caso de México,
no debe pasar inadvertido que el grupo gobernante pretende "flexibilizar"
las disposiciones del artículo 123 constitucional y de
la Ley Federal del Trabajo a fin de hacer más atractiva
para los capitales depredadores -esto es, más barata
y explotable- la fuerza de trabajo local, y que este designio
entraña riesgos de desprotección adicional y especialmente
severa para los menores que trabajan”.
....Es decir, no se trata de algo
meramente casual, un accidente de la economía. Es parte
de la vida de sociedades donde mientras unos viven sin trabajar,
otros trabajan para mantenerlos.
....La sociedad se ve lastimada
por este orden de cosas. Los niños dejan de estudiar,
pues es prácticamente imposible asistir a la escuela
antes o después de una agotadora jornada de trabajo para
la que frecuentemente hay que levantarse de madrugada, y así,
se van formando hombres ignorantes y resentidos con una sociedad
que sólo les ha dado malos tratos, hambres, fríos,
angustias, sin permitirles jamás vivir su niñez.
Por esto, no hay que ir muy lejos, como pretenden algunos teóricos
de la educación, que se devanan los sesos para investigar
la razón de la gran deserción escolar, que merma
la población estudiantil a pesar de que pueda haber escuelas
cercanas. Pero aun los niños que siguen yendo a la escuela
ven reducida su capacidad de aprendizaje, pues con hambre, enfermos
y cansados, difícilmente pueden aprender. Esto explica
también los bajos niveles de aprendizaje de nuestros
niños y jóvenes.
....Además, jornadas extenuantes
van menguando la salud de los niños, agotándolos
prematuramente y haciéndolos cada vez más vulnerables
a las enfermedades, pues asociado con todo este cuadro aterrador
está una insuficiente alimentación. Así
se crean entonces las condiciones para el quebrantamiento de
la salud de nuestra niñez. Pero esto no para ahí:
también repercute sobre la capacidad deportiva, lo cual
en buena medida ayuda a explicar, si no del todo, sí
en parte, los pobres resultados del deporte mexicano. En suma,
si queremos una juventud sana, estudiosa y culta, físicamente
fuerte, competitiva en deportes, solidaria y no llena de rencores
contra la sociedad, es necesario atacar fenómenos tan
crueles como la explotación infantil.
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