Es sintomático del poder que se ejerce por cualquier gobierno de la República Mexicana la capacidad que se tenga para acallar un hecho o darle difusión, que se conozca en todo el territorio nacional o estatal o prácticamente en ningún rincón de su geografía, y pueda por tanto, ser conocido solamente por aquellas personas que fueron testigos presenciales del acontecimiento y que precisamente por eso no se les puede engañar. Me viene esta reflexión, porque como fue anunciada con mucha anticipación, el pasado 11 de febrero se llevó a cabo una de las protestas publicas más importantes por su número y por su causa: miles de campesinos y colonos marcharon por las principales calles de Pachuca por cerca de tres horas, hasta llegar a Palacio de Gobierno; la causa, como lo dijo Bertha Alfaro, reconocida periodista, “solicitaban el cumplimiento de promesas sobre obras que por décadas han esperado pacientemente”, “obras públicas elementales que siempre se quedan en el aire, esperando la próxima asignación de recursos para saber si ahora sí les cumplirán los compromisos”.
Pues bien, este hecho, en esta ocasión fue ignorado por prácticamente todos los medios de comunicación. De la prensa escrita, sólo dos se dignaron recogerlo en sus páginas, pero distorsionándolo, uno diciendo que habían marchado 500 personas (habría que enseñarles a contar) y otro dándole la nota principal al caos vial y no a la causa de dicha manifestación y a todo el esfuerzo que hacen los campesinos para poder transaladarse desde sus lugares de origen para poder exigir lo que por derecho les corresponde.
Y en contrapartida, vemos a los candidatos de algunos partidos acaparando las primeras planas de los diferentes diarios estatales, donde se nos dice de sus promesas, reunidos en algunas ocasiones no con más de 20 ó 30 incrédulos; promesas que cuando menos resultan indignantes pues todos los candidatos andan prometiendo el oro y el moro, y lo hacen como si vivieran en una realidad virtual, no a la que día a día tenemos que enfrentarnos los mexicanos, llena de miseria y necesidad para más de 75 millones de mexicanos, faltos de empleo, de educación, vivienda, etc., y cuando leemos las promesas de campañas, promesas que se han venido haciendo un día sí y otro también por cuanto candidato ha pasado en Hidalgo a cualquier puesto de elección popular, prácticamente son las mismas y desgraciadamente, la situación de las familias hidalguenses también.
Sigamos con lo nuestro. Se realizó la marcha y al no encontrar respuesta satisfactoria a las peticiones de los diferentes pueblos y colonias, se instaló un plantón frente a Palacio de Gobierno, esperando dichas respuestas. El argumento para de nueva cuenta negarlas, en particular la de brindar apoyo para adquisición de tierra para los miles sin casa de Pachuca, Huejutla y Tizayuca y terminar los sistemas de agua potable en Tlanchinol y Pisaflores, así como la construcción de drenajes sanitarios e introducción de energía eléctrica en varias comunidades, fue el ya conocido y esgrimido siempre por los funcionarios en turno: que el gobierno “no tiene recursos” para dichas obras y acciones.
Pero como todos lo sabemos, pues fue anunciado con bombo y platillos por el ejecutivo estatal y ratificado por diputados federales, en este año, el estado de Hidalgo recibirá un presupuesto histórico, de miles de millones de pesos, es decir, el mayor presupuesto que en su historia haya recibido Hidalgo. Entonces, ¿por qué no hay recursos para resolverles sus demandas a los campesinos y colonos pobres? ¿Quiere decir que no son la prioridad para el actual gobierno, a pesar de seguir ocupando el nada honroso quinto lugar como el estado con más pobres?
A los pobres, a los faltos de poder económico y mediático, sólo nos queda el camino de hacer conciencia de lo que día a día vivimos, bajo las falsas promesas y trabajar tesoneramente para hacernos respetar, no por nuestro dinero, porque ese no lo tenemos, sino por nuestra fuerza que nos puede dar la unidad y nuestro número y así lograr una vida digna y que ni autoridades ni medios hagan mutis.
* Colaboraciones anteriores