MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Se obligará a Antorcha a volver a la plaza
Juárez para que se cumplan los acuerdos?
                           

Guadalupe Orona Urías
Dirigente antorchista en el estado de Hidalgo
3 de julio de 2008

Quizá un lector desorientado considere, minimamente, una molestia cuando ve a los descamisados marchar por las principales calles de la ciudad, o bien instalarse en un plantón por meses frente a las oficinas gubernamentales, esperando atención y solución a demandas en la mayoría de los casos modestas, pero fundamentales para una vida un poco menos dolorosa. Cierto, es una molestia, pero no solamente para la ciudadanía en general; lo es, en primer término, para los demandantes, que después de innumerables horas de antesala, esperando ser atendidos en una reunión previamente convocada, después de años, sí, años esperando que se cumplan las promesas de solución; en fin, después de acudir una y otra vez, con documentos en la mano firmados por los funcionarios de mayor nivel donde consignan la realización de tal o cual obra, simple y sencillamente se vuelve a comprobar el engaño e incluso el escarnio hacia los solicitantes.

Aún más, después de que se acuerda la solución de las demandas y posteriormente se exige su cumplimiento, empiezan a surgir “argumentos” para negar la realización de la obra y el cumplimiento del acuerdo firmado después de muchas dificultades, de cientos de horas de antesala y de kilómetros andados e incluso de cientos de días de plantón.

Es este el caso de los demandantes organizados en Antorcha Campesina: después de haber pasado por lo narrado renglones arriba, en marzo de 2006 se firmó una minuta de acuerdos con el gobierno del estado, representado por el actual Secretario de Gobierno, que incluía principalmente la realización de 36 obras, fundamentalmente de agua potable, electrificación, drenajes y caminos. Pasó casi un año y no cumplieron; se volvió a insistir: los demandantes se volvieron a instalar en plantón en la Plaza Juárez y pasaron ahí meses, recibiendo amenazas y burlas, hasta que en vísperas del tercer informe del señor Gobernador se dignaron atenderlos, comprometiéndose nuevamente a la realización de dichas obras, y a apoyar a los demandantes de vivienda de Tizayuca, Huejutla, Huehuetla y Pachuca con alternativas de vivienda; igualmente se acordó que las colonias ubicadas atrás del CERESO, en Pachuca, contarían con el servicio de transporte público a través de la cooperativa de transporte “Antorchistas del Valle”.

Al paso del tiempo, las cosas siguen prácticamente igual: sólo pequeños avances en las obras que implican menor costo. Pero además, ahora resulta que, por ejemplo, algunas electrificaciones acordadas para comunidades de los municipios de Mixquiahuala, Ajacuba y Atitalaquia, son  “muy caras” y, por lo tanto, poco redituable su ejecución. Cuando se trata de materializar el acuerdo del  servicio de transporte, suelta el gobierno del estado a su “loba”, Edith Ibarra, para impedir el cumplimiento y el acuerdo sea letra muerta. A esto tenemos que agregar que continúan las amenazas y agresiones de los esbirros del gobierno en Tlanchinol, donde se tenía comprometida la realización del sistema del agua potable para 8 comunidades – hasta el momento sólo en dos se ha concluido –, y para 3 de las 6 restantes ni siquiera los proyectos tenían terminados a la fecha en que las comunidades debían ya de contar con el servicio. A los demandantes de vivienda se les sigue poniendo mil y un requisitos para cumplirles con un acuerdo que debió quedar finiquitado hace casi dos meses.

A todo lo anterior hay que agregar que se han acordado un sinnúmero de recorridos para verificar el estado de la obra, como en el caso de Tlanchinol, pero resulta que, llegada la cita, los señores enviados de las diferentes instituciones convocan a dichos recorridos a sus incondicionales, a los que nada tienen que ver con la gestión ni, por tanto, la ejecución de la obra, pero, obviamente a quienes se pretende alevosamente dar el mérito, seguramente con la intención, como lo hemos dicho otras veces, de demeritar el trabajo de los habitantes organizados en Antorcha y consolidar a la caterva de incondicionales de la política oficial, haciendo caravana con sombrero ajeno.

Por todo lo anterior, considero que nuevamente se está obligando al antorchismo hidalguense a regresar a la Plaza Juárez, para que se cumplan los acuerdos. De seguirse violando los compromisos oficiales adquiridos, burlando así a las comunidades y desoyendo sus quejas, no dudaremos en regresar nuevamente. Que de ello no quepa duda alguna, pues sabemos que nos respaldan el derecho y la razón.

 

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