Desde la antigüedad existe la polémica sobre qué es y a dónde lleva la justicia; algunos, como los sofistas, planteaban que la justicia solamente es una convención humana, que es de tontos respetar, y que la ley natural es la ley del más fuerte. Planteaban, además, siguiendo este razonamiento, que el más fuerte sigue solamente su propio placer y no se preocupa de la justicia; tiende al predominio sobre los demás y tiene como única regla su propio talento.
Y parece ser, por el actuar permanente de los poderosos de la tierra, que siguen a pie juntillas dichos postulados, a escala planetaria. Es indudable que de esta manera se comporta Estados Unidos, como dueño y señor de todos los países, de sus territorios, mercados y vidas, de su población y gobernantes; ejemplos de este proceder tenemos muchos, sobre todo a partir de 1991, año en que se derrumbó la URSS, único país que podía hacer frente a la potencia imperialista de Norteamérica. Afganistán, Irak y Palestina son ejemplos vívidos de ese brutal avasallamiento, donde no importan las vidas humanas, sino el dominio total, aunque con la máscara de los derechos humanos o la democracia, aun a costa de miles de vidas humanas. En esa misma tesitura, se cierne hoy una grave amenaza contra países sudamericanos que no se han rendido a los intereses de los Estados Unidos: Venezuela y Ecuador.
A escala nacional, el postulado de que “la ley natural es la ley del más fuerte”, tenemos también distinguidísimos ejemplos; el primer lugar lo ocupa, obviamente, el gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, que por el hecho de ser el más fuerte, por ostentar el poder político y ser el representante de quienes detentan el económico (núcleo al que él también pertenece), se atreve a golpear, encarcelar y amenazar a humildes ciudadanos que se han atrevido a exigir lo que por derecho les corresponde. Similitud con Garrido Patrón, del Partido Acción Nacional, guarda el hasta hace unas semanas gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, del PRD, que junto con su correligionario del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, ha mantenido una política de abierto rechazo a resolver los problemas de las mayorías. El plantón antorchista en Michoacán cumplió en enero pasado su primer aniversario, y está por instalarse el del Distrito Federal, en busca de alternativas para miles de capitalinos sin casa, sin un techo donde guarecer a sus humildes familias.
En este mismo tenor, y haciendo comparsa con derechas y con “izquierdas”, se suma el gobierno de Hidalgo, encabezado por el priísta Miguel Ángel Osorio Chong, que a tres años (los cumplirá el próximo 1 de abril), de su gobierno, ha mantenido a las comunidades campesinas y colonias populares en la marginación, pobreza y olvido de siempre. Pero no solamente eso, sino que para demostrar también que son buenos discípulos de los sofistas y de que la ley natural es la del más fuerte, se niega en redondo a atender a miles de sus gobernados, que pasan las noches y los días en plantón frente a su bien amueblada, iluminada y tibia oficina. Pero, además, ha hecho gala de la represión ante aquellos pueblos que se han atrevido a levantar su voz en reclamo de justicia social.
Todos los funcionarios mencionados olvidan que, como dijo Don Quijote: “no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía”, y que como ha demostrado la historia, cuando esa hambre, carestía e injusticia social llegan a colmar el espíritu aun del más paciente, no hay poder humano que lo detenga. Por lo pronto, los antorchistas hidalguenses nos estamos preparando para el próximo primero de abril hacernos presentes, nuevamente, en las calles de Pachuca, a fin de ser atendidos por el señor Gobernador y dejar en claro las urgentes necesidades de cientos de comunidades y colonias populares, y refutar, a través de la práctica, que la ley del más fuerte puede ser la de los más débiles cuando estos se organizan y luchan.
* Colaboraciones anteriores