Hace algunas semanas se anunciaba, por parte del Presidente de la República, un decreto donde se determina y se pone como ley, que la población mexicana tiene que leer, pues se dice que en promedio cada mexicano leemos tres libros al año, que comparados con otros países, obviamente estamos muy lejos de ser un país de lectores y por lo tanto un pueblo con cultura. También se nos ha informado, que según estudios oficiales, como la prueba Enlace, somos de los peor calificados en asignaturas como matemáticas y español, entre otras.
Ante estos resultados se hace un escándalo mundial, muchos, en primer lugar las autoridades, aparecen en sus declaraciones sorprendidos por tan alarmantes resultados, todo mundo declara y dice, condena el nivel educativo actual en nuestro país y se rasgan las vestiduras. Y cada vez que vemos algunos resultados de estudios de organismos internacionales o nacionales la reacción es la misma, pero los resultados también, no avanzamos ni una décima en nuestra calificación, pero todos nos llamamos sorprendidos cuando en el tiempo transcurrido de una evaluación a otra no se hizo absolutamente nada para cambiar la situación; y la mayor parte de la responsabilidad se le carga a los profesores, cuestión en la que estoy de acuerdo en términos generales, porque ciertamente existen muchos profesores en la aulas que no tienen nada del Eros pedagógico, que van a dar sus clases casi como si se les llevara a trabajos forzados, o bien que su preparación como educador es tan deficiente como el del todo sistema educativo que lo formó, pues no hace uso de ninguna pedagogía para enseñar, no prepara sus clases, no se actualiza, etc. Decía que en términos generales, pues como en todo, existen honrosas excepciones, quienes realmente se preocupan por acumular cada día mayores conocimientos y transmitirlos a sus alumnos y a su círculo de amistades, porque el buen maestro siempre está educando, aunque no se lo proponga.
En relación al maestro, las más de las veces hasta aquí se deja el asunto, no se analiza por qué presenta esta situación; el sistema educativo mexicano no le entra a autoanalizarse, no ve que el problema, en este terreno viene, por un lado, desde las aulas del preescolar, seguido por todos los demás niveles educativos y por otro, que muchos maestros en lugar de dedicarle más tiempo a su preparación y la de sus clases tienen que trabajar doble turno o bien completar su salario como taxistas o como taqueros, porque sus salarios son salarios de hambre, cuanto más cuando se trata de un maestro que trabaja por contrato; y en el otro lado de la moneda vemos a funcionarios que ganan diez o veinte veces más que el profesor que está ante el grupo o bien algunos empleados asignados a “comisiones” que son verdaderos aviadores, es decir, gente que percibe un sueldo sin trabajar, sólo por tener el mérito de ser familiar, amigo o compadre de los funcionarios de la SEP, en sus respectivos estados o de la SEP federal, o bien de los dueños del sindicato de los trabajadores de la educación.
Decía que la deficiencia de la enseñanza viene desde el preescolar y de ahí se sigue al resto de los niveles educativos porque desde este nivel se cuenta, en muchas regiones del país, con “profesores” que apenas lograron terminar la secundaria y son habilitados como tal, y no solamente en preescolar, sino en primarias, secundarias y hasta en bachillerato, pues así le sale más barato el profesor al estado, ejemplo: las escuelas de CONAFE que abundan por todo el país, y además, debemos sumarle las condiciones en que se imparten clases: grupos de hasta 60 alumnos y en muchos lugares aulas de cartón, además de niños o jovencitos desnutridos, etc. No es mi propósito ofender o lastimar a los maestros de CONAFE, sé que muchos se ven obligados por la necesidad, que truncaron sus estudios para trabajar en dicha institución y poder ganarse una beca para continuarlos después de dos años de cumplido su servicio como profesor, las más de las veces en las regiones más apartadas y con mayores carencias.
La causa profunda, como lo es casi de todos los grandes males sociales que aquejan a nuestro país, es la inequitativa distribución de la renta nacional y por lo tanto de la poca inversión que el estado hace en la educación, ya sea para pagarles bien a los maestros, contratar los suficientes y para mejorar las condiciones materiales de cada escuela. Ciertamente que también pesa en el ánimo de los gobernantes, para no hacer lo conducente, que es preferible un pueblo inculto y por lo tanto manipulable y precisamente por eso se induce, a través de los diferentes medios, a que el niño o muchacho lo eduque la televisión. Si queremos cambiar, mejorar nuestro nivel de lectura, segura estoy que no se logrará con decretos, se requiere de una verdadera revolución en la estructura económica del país que genere las nuevas condiciones para un desarrollo cultural y académico.
* Colaboraciones anteriores