Es todo un circo lo que tiene montando el gobierno de Hidalgo a través de sus funcionarios públicos con tal de no invertir un sólo peso para atender las necesidades de los más pobres de sus gobernados: primero, llama a la dirigencia antorchista para, según ellos, darle a conocer la “propuesta” de solución a las demandas planteadas y comprometidas desde el inicio de la actual administración, y, cuando se ha aceptado por parte de la comisión antorchista dicha propuesta, a pesar de lo alejada de la solución completa, entonces, sin mayor explicación aparente, se retracta y se niega a firmar los compromisos. Segundo, cuando los funcionarios de la Secretaría de Gobierno están “negociando” con los antorchistas, el lunes 31 de agosto, después de una importante manifestación que reunió a 10 mil antorchistas en Pachuca, el señor gobernador declara, casi al mismo tiempo, ante la prensa estatal y nacional, que él “no cederá a presiones”. ¿Qué no es suficiente presión la pobreza en que está sumido el estado que gobierna? ¿Qué quiere el señor gobernador, qué después de décadas y varios años ya de su administración, la gente siga esperando en su casa, sentada y cruzada de brazos a ver cuándo se le hará justicia, cuándo llegará el agua potable a su casa, o la electrificación, o los caminos, o las clínicas o la vivienda? O sea, que después de todo el maltrato gubernamental, de la crisis que agobia a la población, de la represión sufrida, todavía se nos tiene prohibido manifestarnos, protestar y exigir cumplimiento.
Además, agrega, según varios medios locales que recogieron dicha declaración que: “no podemos -dice el gobernador-, caer en presiones que nos lleven a resolver lo que a cada organización le parezca en su momento”. Es decir, para la autoridad estatal el derecho de petición de cualquier ciudadano u organización consagrada en nuestra Constitución, en Hidalgo, simple y sencillamente no existe o bien se lo pasan por el arco del triunfo. “Las peticiones de Antorcha podrán ser cumplidas por las autoridades municipales, pues agua potable, drenaje y energía eléctrica son obras que les corresponden”, aquí, de facto, el señor gobernador reconoce que las necesidades existen, que son justas las demandas planteadas a su gobierno y que ni él ni los ayuntamientos respectivos las están resolviendo. Con reconocimiento, seguramente involuntario, él mismo echa por tierra su otro argumento para no resolver: “no vamos a resolver lo de otros estados sino podemos resolver lo nuestro”. Al respecto, solamente quiero señalar dos cosas: que nos demuestre el gobierno de Hidalgo que las peticiones de los antorchistas hidalguenses incluyen obras para otros estados; segundo, seguramente, el gobierno del Estado de México tiene muchos más recursos que el de Hidalgo para que se pretenda que éste resuelva necesidades de los antorchistas mexiquenses; tercero, para el señor gobernador, por lo dicho aquí, está no solamente vedada la posibilidad de la solidaridad entre los pobres, sino, hasta penada. ¿En dónde radica el delito de que entre los pobres nos apoyemos? ¿Sólo debe estar permitido entre las clases adineradas? ¿Por qué no se sataniza de la misma manera las uniones naciones de empresarios, de constructores, de los industriales de tal o cual ramo?
Aunque no les guste ver unidos a los pobres, en Antorcha sabemos que el único camino para lograr que sean atendidas las necesidades básicas de la población, para que se respeten sus derechos y su condición de ser humano, incluso, es precisamente la unidad y la fraternidad entre todos los pobres, entre todos los mexicanos; ellos, los representantes del gobierno y la clase para la cual gobiernan también están unidos y tienen un señor muy poderoso para que los defienda: su dinero. Así que los pobres tenemos nuestra solidaridad y con ella nuestra fuerza para defendernos y hacer que se respete la ley y se resuelvan sus demandas. Sólo la unidad del pueblo podrá sacarnos de este gran marasmo nacional y estatal, y lograr justicia social.
Y digo que es teatro o circo, porque además de todo lo narrado, el mismo día de la manifestación, se nos volvió a decir que ya estaba lista la minuta donde se signaban todos los acuerdos, se nos entregó una copia, pero resultó que, ahora se presentaba otro problema: el señor Secretario de Gobierno, el licenciado Gerardo González Espínola, quien debería firmar, no se encontraba en ese momento en Palacio de Gobierno, así que se nos solicitó que fuera firmada al día siguiente. Atendiendo a la solicitud (o mejor dicho imposición) de que se firmaran los acuerdos, no reinstalamos el plantón ese lunes, pero conociendo de las maniobras (en lo que se han vuelto expertos, aunque algunas muy burdas), ese mismo día, todos los reunidos en Plaza Juárez, acordamos, de comprobarse dicha maniobra, como al final sucedió, regresar el próximo lunes.
Así que, nuevamente, haremos uso de nuestra solidaridad antorchista y de nuestro derecho de manifestación el próximo lunes 7 de septiembre por las principales calles de Pachuca; nuevamente marcharemos más de 10 mil antorchistas y reinstalaremos nuestro plantón en la Plaza Juárez hasta que sean atendidas las demandas de los hidalguenses organizados en Antorcha. La responsabilidad de las marchas es del gobierno, él con sus burlas, maniobras y mentiras, y con la desatención a las comunidades indígenas y las colonias populares las provoca.
* Colaboraciones anteriores