Volvemos al tema que desde hace algunas semanas he venido abordando, esperando, como siempre, que alguien lo lea y nos ayude, en primer lugar a enriquecer el Proyecto Educativo de Antorcha Magisterial, y quizá, el día de mañana, también nos pueda ayudar a luchar para ponerlo en práctica en la nación entera.
En el apartado referente a los trabajadores de la educación, Antorcha Magisterial propone:
a) Un programa bien diseñado y mejor ejecutado de formación, capacitación, actualización y complementación de los conocimientos de todos los maestros en activo que así lo requieran. No es ningún secreto que las urgencias educativas del país que se hicieron sentir con toda su fuerza al término de la fase armada de la Revolución Mexicana, justificaron y favorecieron la incorporación al trabajo docente de muchas personas improvisadas. Este mal de origen (que en algún momento trató de paliarse a través del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio) se vio incrementado y agravado por una política en materia de educación normal que se inclinó, por mucho, al aspecto cuantitativo de la tarea, con un olvido casi total de la calidad de los egresados de ese sistema. A esos dos factores se sumó más tarde el manejo político y clientelar de los incentivos para la superación y actualización de los maestros en activo, y también de la institución encargada de la formación científica del mismo personal. Todo ello junto, dio como resultado el cuadro actual, que es de una deficiencia generalizada en el nivel profesional y pedagógico del magisterio (y no por culpa, como se ve, de los propios maestros); y de ahí resulta lo evidente: nadie puede enseñar lo que no sabe; de donde se deduce que, si buscamos excelencia académica en los alumnos, tenemos que comenzar por garantizar esta misma excelencia en sus formadores, en sus propios maestros. Así se explica y justifica esta primera propuesta.
b) Proponemos que el programa de superación académica planteado en el punto anterior incluya, además del contenido propio de cada especialidad, cursos serios, impartidos por especialistas de reconocido prestigio, de Filosofía, Psicología, Pedagogía y Economía Política, herramientas que juzgamos indispensables para la buena comprensión y dominio de la metodología, así como para la correcta orientación del alumno en el movedizo y resbaloso terreno limítrofe entre la ciencia y la ideología, cualquiera que ésta sea.
c) Desterrar de manera radical el problema, bastante frecuente por cierto, de una flagrante incongruencia entre el perfil profesional del docente y la materia o materias que imparte. Se trata de una variante sutil del “chambismo” debido a los bajos niveles salariales del magisterio, de manera que aquí se vuelve a plantear, en otra vertiente, la necesidad impostergable de mejorar sustancialmente los ingresos del docente.
d) Consideramos correcto y lógico que la formación de los maestros siga siendo responsabilidad del sistema normalista mexicano, pero a condición de llevar a cabo una verdadera refundación de dicho sistema y, en consecuencia, de todas las escuelas normales del país. Tal refundación debe contemplar, en primer lugar, la mejora sustancial de la planta docente mediante programas obligatorios de capacitación para el personal en activo (diplomados, maestrías, doctorados) y la formación de nuevos profesores con una alta especialización garantizada. En segundo lugar, es necesario actualizar los programas y los contenidos de todas las asignaturas, cuidando siempre de encargar su impartición a verdaderos especialistas. En tercer lugar, hay que modernizar a fondo toda la infraestructura material, básica y de apoyo, de las escuelas para maestros, poniéndola en verdaderas condiciones de ser la base firme de apoyo de la calidad profesional que la actual reforma educativa demanda. En cuarto lugar, deben destinarse los recursos suficientes para hacer universal el servicio de internado a todos los niveles educativos y donde quiera que haga falta, garantizando al mismo tiempo la calidad del mismo de modo que proporcione a los estudiantes las condiciones mínimas de alimentación, salud, comodidad e higiene que le permitan entregarse de lleno a sus estudios y presentar buenos resultados. Finalmente, en quinto lugar, proponemos llevar a las propias escuelas normales los estudios de posgrado, de modo que resulte más fácil para quien lo desee seguir dichos estudios y mejorar, de esa manera, su desempeño profesional.
e) También en este nivel, consideramos indispensable que el currículum de cada posgrado incluyan asignaturas de carácter filosófico, político y humanista que promuevan y fundamenten un cambio de actitud y de concepción del carácter de su tarea por parte del docente.
f) La experiencia mundial indica que, para garantizar buenos frutos, es siempre indispensable un mecanismo eficaz y riguroso de seguimiento y evaluación de todas las acciones puestas en práctica. En nuestro caso, una de las metas más importantes del proceso de evaluación sería medir con objetividad (es decir, con absoluta prescindencia de intereses políticos y clientelares) la capacidad profesional, la entrega a su tarea, la eficacia medida por los resultados, la honestidad y honradez del docente en su labor diaria, haciendo de tales indicadores la única base para otorgar premios, reconocimientos y promociones de cualquier tipo, incluidos los puestos de dirección en el Sistema Educativo Nacional. Con un mecanismo así, se erradicaría la práctica viciosa (mafiosa) de manejar los ascensos como premios a los incondicionales, sin importar que muchos de ellos san un costal de mañas y corruptelas, y atropellando brutalmente la capacidad académica y los méritos profesionales de los insumisos o disidentes, por grandes que sean. Permitiría además detectar a tiempo, con base en su pobre desempeño profesional, a todos aquellos que deban ser sometidos a programas de mejoramiento profesional y de reentrenamiento pedagógico, para ayudarles a mejorar su rendimiento.
* Colaboraciones anteriores