En estos días aciagos se vuelve casi imposible hablar o escribir de otro tema que no sea la influenza porcina o humana, pues algún sector de la población se encuentran inquieto y preocupado por la epidemia; otro, haciendo guasa de la misma enfermedad y de algunos procedimientos para evitar su propagación; y los medios de comunicación, fundamentalmente los electrónicos, llevando el tema a cada hogar mexicano, hasta el hartazgo, abusando de su capacidad para meterse hasta la cocina, provocando con ello psicosis social.
Lo cierto es que hasta el momento quedan muchas incógnitas por resolver, ¿De dónde salió la influenza porcina? ¿Por qué es México el país con mayores riesgos? ¿El virus llegó de fuera, como lo dice la Organización Mundial de la Salud, o mutó en nuestro país? ¿Es tan letal como se nos ha dicho? Hasta el momento, y con toda la campaña y cúmulos de información aún no queda claro cuál es la causa de tan temido mal; tampoco queda claro, pues hay informaciones contradictorias al respecto, de realmente cuántas son las personas infectadas por el virus A/H1N1 y cuántas las víctimas mortales. Sumándome a la confusión que existe en una amplia población, haré tres comentarios para la reflexión.
Primero, si es México uno de los países que mayores víctimas ha cobrado, es precisamente porque existen las condiciones sociales y económicas propicias para que se incube la enfermedad y se propague, y entre ellas, las más obvias, una población con alto grado de desnutrición (al perro más flaco se le cargan todas las pulgas), el hacinamiento, pues millones de personas no tienen vivienda y se les ha condenado a vivir en cuartuchos pestilentes e insalubres, amontonados; cientos de comunidades y colonias populares carecen de agua potable y de drenaje, trayendo como consecuencia una vida difícil y un ambiente infecto por la carencia de dichos servicios (en el DF y parte del Estado de México vivieron millones de habitantes varias semanas e incluso meses algunas zonas sin agua); millones de niños y jóvenes asisten a escuelas donde sus pisos son de tierra y sus techos de cartón, y ni soñar con contar con área de sanitarios limpios y con suficiente agua; el sistema hospitalario mexicano sigue siendo de los más deficientes, porque, o bien no hay medicinas, o si de plano el enfermo requiere de hospitalización, resulta que no hay camas suficientes y tienen que pasar los enfermos horas y a veces noches completas prácticamente tirados en los pasillos de los Hospitales Generales o del IMSS, ISSSTE, etc.
Segundo, como señalaba renglones arriba, hasta el momento no se ha dicho de dónde surgió el virus de la influenza porcina, si llegó de California o salió de una granja porcina del estado de Veracruz. Lo que aquí llama la atención es que nadie nos informa al respecto; se ha rehuido llegar a la causa, evitando con ello que salgan a la luz pública los verdaderos culpables y asuman sus responsabilidades sociales, políticas y hasta penales; se demuestra aquí, una vez más, que por el afán de ganancia y la corrupción imperantes en el sistema mexicano, seguramente muchas normas de salud y del manejo de los animales, en este caso de los cerdos, se dejan de aplicar, así como muchas normas ecológicas, que con el mismo afán, se violan constantemente, al final los que pagamos el pato (y con la vida), somos la población, no los dueños de las grandes granjas o fábricas o empresas de todo tipo, que vierten miles de toneladas de contaminantes al medio ambiente, a los ríos, lagos y al mar.
Tercero, en mi opinión las grandes televisoras abusaron y hartaron a la población con la información sobre la epidemia, buscando como siempre el mayor “rating” y, por lo tanto, la mayor ganancia, provocando, aparte de la psicosis en un primer momento, que un amplio sector de la población no creyera más en su información, partiendo de la experiencia social de que los gobiernos generalmente mienten y engañan a la población, y que para ello se prestan los grandes consorcios de la comunicación. A este escepticismo se sumó el uso del cubrebocas (donde los fabricantes hicieron su agosto), pues varios médicos entrevistados e incluso el propio Secretario de Salud, Córdova Villalobos, declaró que no servía prácticamente para nada; es decir, al estar regalando, en un primer momento cubre bocas, las diferentes instancias de gobierno, incluido el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, se dejó ver la demagogia más barata, pues ellos conocían que no evitaban el contagio, que la vida útil de este accesorio no es mayor a dos horas. También al escepticismo se agregó el hecho de que, por un lado, se ordena cerrar todas las escuelas, restaurantes, teatros, estadios, etc., pero no se cerró el metro y ni una sola fábrica, a pesar de que en dichos sitios se reúnen miles de personas y el espacio no les permite estar ni a diez centímetros de distancia, mucho menos a dos metros. Aún en estos momentos es contradictorio que se mantengan escuelas cerradas, pero se permita la apertura de cantinas, bares, antros, etc. Al final, lo que se demuestra aquí es que cuenta más la ganancia a costa de la salud de los mexicanos, y está en manos de los profesionales honestos la disquisición del tema.
* Colaboraciones anteriores