Dos grandes obras se han venido deteniendo en los gobiernos federales panistas: una fue la construcción de un nuevo aeropuerto, como alternativa a la saturación que presenta el de la Ciudad de México. Durante el sexenio de Vicente Fox -en la discusión sobre si se construía en el municipio mexiquense de Atenco o en Tizayuca, Hidalgo-, al final se optó por una solución “salomónica”: no construirlo en ninguno de los dos estados que se disputaban la ejecución de tan magna obra, y solamente construirle una terminal más al ya existente, que, a decir de los expertos en aeronáutica, no vino a resolver el congestionamiento aéreo del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Hoy, nuevamente, el gobierno federal no resuelve, y sigue posponiendo la construcción de una nueva refinería, aun cuando llegó a manejarse que en este sexenio se construirían cinco. A diferencia del asunto del aeropuerto, en el de la refinería son más los estados que solicitan esa importante obra, entre ellos Hidalgo, Oaxaca, Campeche, Tabasco, Tlaxcala, Michoacán, Tamaulipas, Puebla y Veracruz. Pareciera que en ambos casos no se considera, en primer término, los estudios técnicos y científicos para resolver a favor de uno u otro lugar, sino que sigue imperando la discrecionalidad y el cálculo político del gobierno federal para definir dónde aplicar tan importante inversión. Ciertamente, resulta complicado que en una obra que implica miles de millones de pesos se dejen de lado las cuestiones políticas y que la decisión sea netamente técnica; en mi modesta opinión, lo que debe estar en el fondo de la decisión son las consideraciones técnicas y ambientales.
Apenas ayer declaró en Puebla el Presidente Felipe Calderón que “la decisión para construir la nueva refinería obedecerá a criterios estrictamente técnico-económicos, y no políticos”; además señaló que: “este proceso es inaplazable…”, y “que la conclusión de PEMEX anunciando el sitio de la nueva refinería se dé a conocer a más tardar el 15 de abril próximo”. Si las cosas ocurren realmente así, todos los mexicanos estaremos de acuerdo y aplaudiremos la decisión, y sobre todo, que ya inicie la obra, pues está urgiendo el empleo para millones de compatriotas.
Es obvio que los mandatarios de las diferentes entidades se estén disputando dicha obra, porque, a decir de ellos mismos y de los especialistas en los temas económicos, traería consigo una derrama económica importantísima, y con ello, lógicamente, generación de empleos, quizás, como nunca la han tenido en sus respectivos estados, que vendría a mitigar los graves efectos de la actual crisis económica. Curiosamente dentro de los estados demandantes se encuentran cuatro de los cinco más pobres de México; sólo falta que Guerrero se sume a la petición, pues Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Veracruz están en la pelea. Lo cierto es que debiéramos demandar, en primer lugar, tanto el pueblo de México, como los gobernadores de los estados que reclamaban la obra para sí, que se construyan las cinco refinerías comprometidas al inicio de la actual administración federal; segundo, que parte de los recursos que genera PEMEX se usen para su modernización y, tercero: se ponga un alto a tanto desfalco y corrupción en la paraestatal. Con eso estaríamos avanzado un poco los mexicanos y contribuyendo al combate de la pobreza. Por lo pronto, expreso mi modesto apoyo para que la nueva refinería sea construida en Hidalgo.
* Colaboraciones anteriores