El domingo 21 de junio, como ya lo habíamos anunciado, el Movimiento Antorchista celebrará en el Estadio Azteca, 35 años de lucha contra la pobreza en México. Han sido 35 años de trabajo incansable, manteniendo siempre la convicción de que el pueblo pobre de México tiene alternativa, que puede pensar en un futuro luminoso basado en un reparto equitativo de la renta nacional, en la justicia social, en la educación y organización de las grandes masas para cambiar el presente de miseria, hambre, ignorancia y de manipulación de las conciencias.
En estos 35 años de vida de Antorcha, hemos avanzado: hoy somos cerca de un millón de antorchistas; hemos logrado miles de viviendas para los mexicanos pobres, hospitales, obras de electrificaciones, aguas potables, caminos, drenajes, cientos de escuelas, empleos, etc. Es decir, la suerte de miles de familias ha mejorado, gracias al quehacer diario del Movimiento Antorchista. Pero a pesar de estos importantes avances, el camino es aún largo y lleno de abrojos, pues para llegar a la meta que se ha propuesto nuestra organización, acabar con la pobreza, se requiere, en primer lugar, que esos millones de descamisados tomen conciencia de su situación y cómo salir de ella; en segundo, que a esta gran tarea se sigan sumando todas las conciencias limpias y lúcidas que estén dispuestas a contribuir a la educación política de las masas.
Es precisamente, el factor subjetivo, el de la conciencia, quien retrasa la llegada a la meta, pues desde siglos, al pueblo de México se le ha enseñado por parte de los que ostentan el poder, desde la época de Hernán Cortés, que es un pueblo ignorante, falto de creatividad y empeño, dedicado a embriagarse y a tener muchos hijos. Ese trato, ha logrado que los mexicanos tengamos una actitud de sumisión ante el poder, de respeto y humillación ante el poderoso, incapaz de levantar la mirada y la voz para exigir justicia. Y a esa actitud ha contribuido, obviamente, el actual sistema social y económico, su partidocracia que ha hecho suyo el método del engaño, de la adulación, de las frases huecas, de las promesas, de las limosnas y en muchas ocasiones, como ya lo dijo un gran pensador del proletariado, “de las concesiones en las cosas insignificantes para conservar lo esencial”.
Pero lo cierto, y lo digo porque así lo percibo, es que esa actitud sumisa, esa confianza y “respeto” hacia el poderoso cada día van desapareciendo; cada día hay más voces indignadas de los diferentes sectores de la sociedad, no solamente de los más pobres, a quienes la vida, su propia realidad social y económica les viene enseñando a no confiar más en sus gobernantes, en sus partidos y en todo el aparato que gobierna a la nación; les viene enseñando que es necesario, urgente, un cambio social que traiga consigo desarrollo, progreso y bienestar para todos los mexicanos, y que ese cambio social, sólo lo puede llevar a cabo esos 75 millones de pobres ayudados y apoyados por aquellos intelectuales nobles y honestos que contribuyan a planear un país diferente, con verdaderos cambios, que estén dispuestos a ir a la raíz de los problemas y combatirlos.
Además, en la actualidad tenemos verdaderos representantes de los diferentes partidos en el gobierno que hacen muy bien su trabajo para que esa desconfianza y absoluta falta de credibilidad hacia el gobernante en turno y todo lo que representan se acentúe. Ejemplos: el gobernador de Querétaro, el yunquista Francisco Garrido Patrón, quien se ha dedicado a reprimir, golpear y encarcelar a inocentes en su estado, menos a atender a los pobres. En segundo lugar en esta nada noble tarea, la ocupa nuestro gobernador, el priista Miguel Ángel Osorio Chong, que desde inicio de su administración se ha negado a resolverles a los pobres de Hidalgo y los ha mantenido, como él mismo declaró, como “sus vecinos” en la Plaza Juárez. Hoy, también se encuentran en las puertas de palacio de Gobierno de Chilpancingo, Guerrero, un grupo de indígenas del municipio más pobre del país, de Metlactónoc, exigiendo que les sean restituidas las casas que fueron dañadas y algunas derrumbadas en la construcción de una carretera, ha pasado más de un mes y el gobierno perredista de Zeferino Torreblanca, tampoco ve ni escucha a los demandantes; y la cereza en el helado, el gobernador de Puebla, Mario Martín, también, desde hace más de un mes mantiene a los antorchistas poblanos al pie de sus oficinas reclamando cumplimiento a sus promesas de campaña y solución, como en la mayoría de los estados, a demandas esenciales para una vida mínimamente humana.
Así luchando contra la pobreza y por el bienestar, con cuatro plantones, en cuatro entidades federativas, festejaremos en el Coloso de Santa Úrsula los 35 años de vida de Antorcha Revolucionaria. Acudiremos más de 130 mil mexicanos, los cuales, seguramente ante el siempre educador mensaje del líder nacional de Antorcha, Aquiles Córdova Morán, haremos el recuento de lo hecho y de lo que falta. Está usted cordialmente invitado a contemplar el Estadio Azteca abarrotado de pueblo.
* Colaboraciones anteriores