Como lo conoce la opinión pública, el pasado lunes 23 se realizó la marcha antorchista y, como era previsible, no hubo respuestas por parte del gobierno de Hidalgo a las demandas de los diferentes grupos de campesinos y colonos; por lo tanto, se acordó la instalación de un plantón permanente en espera de ser atendidos, pero sobre todo, de que se resuelvan las demandas: se terminen las que tienen años o meses empezadas e inicien aquellas que sólo presentan avances en el papel, es decir, en el reporte de los funcionarios.
Quizás alguien un poco alejado del acontecer estatal o que no tenga presente el peregrinar incesante de los diferentes grupos antorchistas podría concebir como exagerada la medida tomada por el Movimiento Antorchista de quedarse en plantón permanente; sobre todo, dirían (si de justificar al gobierno se trata), por el reciente cambio de funcionarios en la actual administración. Pero lo cierto, y lo conoce la opinión pública, es que los acuerdos firmados datan algunos de 2006 y otros de 2007; ciertamente, existen algunos avances, pero son mínimos, pues el 80 por ciento de las obras están inconclusas, y otras, como lo decía renglones arriba, ni siquiera tienen fecha de inicio; pero además, existen acuerdos, como el referente al transporte público para las colonias antorchistas de la zona norponiente, en Pachuca, que no les implica ni un sólo centavo, pero que tampoco los cumplen, y cuando el Movimiento Antorchista ha pretendido materializar el acuerdo, simple y sencillamente (como ya lo hemos denunciado en su oportunidad) se contratan vándalos y pistoleros, para evitar que se concrete con la agresión directa a los vecinos y a los prestadores del servicio y sus unidades.
Para una mente desprejuiciada y conocedora de la situación que priva en el país y en el estado, le deberá resultar inconcebible que la población más vulnerable de Hidalgo tenga que recurrir a estas medidas para poder ser escuchada y, sobre todo, para que sean atendidas sus demandas de primera necesidad, como vivienda, agua potable, educación, caminos, etc. En general, a los pobres se nos trata como los que tenemos el derecho a votar por determinado personaje de determinado partido, pero cuando se trata de atender a esa clase desprotegida, se olvidan, dichos personajes, de sus promesas y de que se deben a ese pueblo que los eligió; entonces se nos considera, mínimamente, como “revoltosos”, como “desestabilizadores de su gobierno y de la paz social”.
Pero lo cierto es que quienes mantienen a la mayoría de los mexicanos en la ignorancia, en el hambre y en la miseria, muriendo de enfermedades curables; a quienes se niegan a repartir de manera equitativa la riqueza que produce el país, distribuirla por la vía de generar empleos bien remunerados, de hacer llegar los servicios públicos, la educación y la salud a todos los rincones del país; a esos personajes de los distintos niveles de gobierno, a ese puñado de privilegiados, dueños de las grandes empresas y que han amasado grandes fortunas, producto la mayoría de ellas del trabajo y esfuerzo de todos los mexicanos; a ellos son a quienes se les debe considerar como los verdaderos desestabilizadores de la paz social, porque lo último que le queda al pueblo de México, la esperanza de salir un día de tan miserable situación, algunos sectores la empiezan a perder y, al llegar a ese punto, cuando el pueblo sienta que ya nada tiene que perder, la situación será sumamente grave.
Porque los antorchistas queremos un México en paz, pero con justicia social; una patria capaz de alimentar y educar a todos sus hijos; porque queremos vivir con tranquilidad, pero con la suficiente libertad de pensamiento y acción; por eso, hoy nuevamente elevamos nuestra voz para exigir desarrollo y progreso en las comunidades más pobres del estado de Hidalgo.
Cumplir las demandas antorchistas es hacer que Hidalgo progrese, que los pobres de nuestro estado no pierdan la esperanza de una vida mejor; y por eso, porque queremos progreso y desarrollo, y sabedores de que éste no llegará solamente por la voluntad de los gobernantes, hoy, más que nunca estamos convencidos, como reza el refrán popular, de que la unión hace la fuerza. Así que, hasta no lograr el cumplimiento pleno de los acuerdos y de las obras demandadas, el plantón antorchista se mantendrá firme en Plaza Juárez.
* Colaboraciones anteriores