MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Hablemos de campañas,
gobiernos y cosas peores

Guadalupe Orona Urías
Dirigente antorchista en el estado de Hidalgo
Pachuca, Hidalgo, a 15 de febrero de 2010

Para el nivel de desarrollo que tiene el estado de Hidalgo y el grado de pobreza y marginación que por décadas lo ha mantenido en el quinto lugar a escala nacional,  sigue resultando, al menos para quienes deben considerar esta situación como crítica y con riesgos que ponen en peligro la paz social, sorprendente, fuera de toda lógica, que se siga tratando a sus gobernados con el más absoluto desprecio a sus necesidades y vean dichas carencias como producto, no de su mal gobierno o del modelo económico imperante, sino de situaciones imputables a la población, cuando debiera ser una necesidad imperiosa buscar todos los mecanismos a su alcance para lograr sacar al estado y a su población de tan vergonzosa situación. 

            Cierto es, y lo digo para que no se me acuse de ingenua, que la mayoría de los que gobiernan o pretenden hacerlo, no lo hacen pensando en trabajar arduamente para lograr que su estado o municipio inicie por la ruta del desarrollo y del progreso, sino que, como se ve también en las pretendidas alianzas que se están amarrando, es ostentar el poder para su beneficio personal o del grupo que los encumbró. Por eso resulta harto complicado lograr, por parte de la población, “sensibilizar” a sus gobernantes para que se atiendan sus necesidades básicas, y cuando se logra que se comprometan a hacerlo, los demandantes tienen que transitar por una verdadera odisea para concretar la solución y hacer cumplir el compromiso y la palabra empeñada.

            Sigue siendo, hasta el día de hoy, una práctica de los más común y cínica de los diferentes partidos y su adalid, acordarse de las necesidades de la población solamente en tiempo de elecciones, es decir, cuando se necesita convencer al electorado de que ellos son la “mejor opción” para gobernar, y, una vez en el poder, más de lo mismo: cero soluciones para la gente, burocratismo del más acedo, demagogia y, represión cuando la demagogia ya no funciona para los grupos demandantes. En tiempos de campaña se trata a las mayorías, que son los pobres, con una total falta de respeto, humillante, ofreciéndoles migajas, como si fueran una jauría hambrienta, en lugar de atender y resolver, cuando son gobierno, lo que realmente necesita la población: empleo, vivienda, educación, salud, etc.

            Ejemplos mil de esta situación, prácticamente, en cualquier rincón de México lo podemos ver y sufrir; ahí están los campesinos de Quintana Roo: tres meses en plantón demandando que el gobierno  del estado y la aseguradora oficial les cubra las pérdidas de sus cosechas, único sustento por el momento para sus familias. Misma situación pasa un grupo de humildísimos campesinos de Ometepec, Guerrero, desde hace ya más de cuatro meses, víctimas de un cacicazgo feroz que los dejó sin vivienda; desde entonces se encuentran, frente a las oficinas lujosas y cálidas de su gobernador, Zeferino Torreblanca, demandándole una solución, y la única respuesta que han recibido del mandatario, es que se retiren de la explanada de palacio de gobierno para poder entablar un “diálogo”; pero, se habrá preguntado el señor gobernador a dónde irán, puesto que fueron desalojados de sus casas y su única habitación son las improvisadas lonas que han instalado, para que, medio los proteja del sol y la lluvia.

            Sólo dos ejemplos más: primero, el gobierno municipal de Tlanchinol, Hidalgo, el gobierno del “cambio”, se niega en redondo a atender a miles de campesinos organizados en Antorcha y pretende, en alianza (vea usted para que sirven las alianzas) con los caciques de la comunidad de Temango, afiliados desde hace lustros a la Confederación Nacional Campesina (CNC) imponerles la autoridad del pueblo contra todos los usos y costumbres y contra una rotunda mayoría que repudia a estos personajes. Segundo, el gobierno de Hidalgo, le sigue dando vueltas y más vueltas (léase demagogia y más demagogia) a todos los compromisos de obras y servicios firmados con Antorcha Campesina en septiembre de 2009, y de los cuales, varios ya debieron concluirse e iniciar todos los comprometidos para el presente año. Así que 5 mil familias antorchistas siguen esperando que les llegue la despensa del programa alimentario y 13 mil 600 están en espera de los materiales para mejorar su vivienda y otras tantas que se resuelva, pero ¡ya! el problema del drenaje y las aguas negras; miles de hidalguenses demandan se cumpla con los acuerdos de vivienda, transporte, educación, espacios deportivos, etc.

Todo gobierno y todo partido en el poder debiera saber a estas alturas y en vísperas de elecciones que la mejor campaña es el respeto y el cumplimiento a sus gobernados y por su lado, los gobernados saber, que para hacerse respetar e impedir que se les siga tratando con tanta arrogancia e incluso humillando, el único camino es lograr la unidad entre todos los pobres y demostrar, a través de la práctica, que la ley del más fuerte puede ser la de los más débiles cuando estos se organizan y luchan.    

 

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