Muchos políticos, fundamentalmente los que ostentan un cargo de poder en nuestro país consideran que el pueblo no tiene memoria, que olvida fácil, tanto las cosas buenas como las malas acciones de sus gobernantes; así muchas veces se sorprenden cuando, desde su punto de vista, hicieron muchas obras en beneficio de la ciudad o del estado y la gente “no se los agradece”, pues no votaron por su candidato o partido, pero nunca se preguntan ¿hicieron las obras que a la gente le interesaban, eran las que necesitaba la mayoría de la población? ¿Resolvieron los problemas que realmente aquejan a los ciudadanos? Pero, además, tampoco se interrogan si su gobierno gozó de la simpatía de la ciudadanía, si se le consideró un gobierno honesto, sin grados sumos de corrupción y si el ciudadano se sentía considerado como tal, con sus derechos y obligaciones. Así, como piensan que al ciudadano común y corriente se le olvidan las “buenas acciones”, consideran que, también su mal gobierno, su abuso de poder, el uso prostituido de la ley, su soberbia y prepotencia para atender a sus gobernados y hasta los delitos cometidos pronto serán cubiertos por el polvo del olvido y ellos seguirán gozando de las mieles del poder, encumbrándose aun más, si es posible.
Viene esto a cuento porque consideró que así piensa el gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong, y todo el séquito de funcionarios y servidores que le rodean. Hace ya rato, prácticamente, desde el inicio de su administración, algunos miles de hidalguenses, organizados en Antorcha, le han venido planteando que les dé solución a carencias milenarias, que los atienda y les resuelva, pero contrario a toda lógica de lo que significa ser un gobernante, aunque sea medianamente sensible, el señor gobernador se ha cebado en estos humildes ciudadanos, y lo ha llevado a hacer de todo para desbaratar toda organización del pueblo pobre que tanto le ha “ofendido” con sus exigencias y con su resistencia, pues ante cada negativa y a cada golpe de poder recibido, no solamente no ha logrado su propósito, sino que, ha vuelto a estos mexicanos más conscientes, más enjundiosos en sus deseos de desarrollo y progreso de sus comunidades y les ha sembrado en su mente y corazón el coraje que se necesita para no dejarse vencer ante el “adorado” poder del estado.
Y cuando digo que ha hecho de todo no es una exageración, recordemos, todas las arbitrariedades, abusos de poder, aplicación parcial de la ley, el cobijo a delincuentes, golpes, cárcel y muerte propinados a integrantes del Movimiento Antorchista, todo, completamente todo, documentado. Recuérdese la negativa enfermiza para atender aun la demanda más justificada, las invasiones ordenadas ex profeso a colonias y/o propiedades de integrantes de Antorcha Campesina; la golpiza propinada a campesinos de Temango y el encarcelamiento de sus líderes y de 6 indígenas en mayo de 2007 a quienes se les cobró una fianza de medio millón para recobrar su libertad; el desalojo, por la policía estatal, del plantón pacífico que se encontraba en Plaza Juárez demandando solución y el encarcelamiento de varias decenas de colonos y campesinos, así como prácticamente de todo el comité estatal Antorchista, la agresión perpetrada al líder nacional de Antorcha, Ingeniero Aquiles Córdova Morán, en julio del año pasado, cuando con pistola en mano, se trató de impedir su arribo a un evento donde se festejaba la inauguración del sistema del agua potable para los pobladores de varias comunidades de Tlanchinol; La barbarie cometida, el pasado 30 de mayo (día en que partió la caminata Antorchista al D.F), contra varios indígenas de Pueblo Hidalgo, a quienes se les sacó de su casa a golpes, se les amarró en la galera pública, se les colgó y azotó hasta dejarlos medio muertos y, bañados en sangre, se les obligó a firmar su renuncia a Antorcha. Pero como el gobierno, con todas estas acciones, no ha logrado la desbandada de los campesinos y colonos, no ha logrado que renuncien a su organización, jugó una de sus cartas más temerarias: usó como misil un autobús de pasajeros vacío y lo arrojó sobre el contingente Antorchista que se dirigía en marcha al Distrito Federal a reclamar justicia y atención a sus demandas; el resultado de tan maquiavélica acción fue la muerte del señor Pablo Hernández Medina y 18 lesionados de gravedad, mucho de los cuales aún se encuentran convalecientes desde el pasado 2 de junio, fecha de este asesinato de estado, ordenado desde el mismísimo despacho del gobernador de Hidalgo.
Así las cosas, así el uso y abuso del poder en Hidalgo. Pero los hidalguenses siguen sin solución a sus demandas y porque no se han atendido, ni las de los antorchistas de los diferentes municipios, ni de las de los indígenas de Tlanchinol, que a pesar de llevar seis meses en plantón frente a las oficinas de la Presidencia municipal se les niega atención y respuestas a sus muy justificadas peticiones y porque hasta el día de hoy, quienes le han venido haciendo el trabajo sucio al gobierno de Hidalgo, siguen, obviamente, gozando de la protección oficial, el día martes 17 llevaremos a cabo una marcha de alrededor de 25 mil antorchistas en Pachuca, para demandar solución a todos los acuerdos firmados y justicia para los campesinos agredidos en Pueblo Hidalgo, para el compañero asesinado y para todos los heridos. Asimismo demandaremos, nuevamente, la renuncia de Miguel Ángel Osorio Chong y que se le instruya un proceso penal por la muerte de don Pablo Hernández Medina. Convocamos a todos los ciudadanos que también han demandado solución y justicia durante la presente administración a sumarse a nuestra manifestación, la cita es el 17 de los corrientes, en el estadio Hidalgo, a las 10 de la mañana.
* Colaboraciones anteriores