Muchas son las tragedias que día a día viven los campesinos hidalguenses por la pobreza en que se encuentran: no hay empleo; la mayor parte de sus cosechas se perdieron por las heladas del pasado reciente; no tienen opciones de educación y salud; muchas de las comunidades están sumidas en el mayor atraso por falta de caminos, y las familias viven hacinadas en paupérrimas chozas y en condiciones sumamente insalubres ante la falta de servicios públicos. Y a todo esto hay que sumarle el control caciquil que aún se ejerce en la mayor parte de las comunidades de la Huasteca y Sierra hidalguenses, donde a los campesinos se les somete prácticamente a trabajos forzados, amparándose en los famosos “usos y costumbres” de la región; usos y costumbres impuestos, ciertamente, desde hace siglos, pero que siguen sirviendo, la mayoría de ellos, para mantener un control total de sus habitantes, llevando a aquél que quiera protestar hasta a la cárcel, e incluso a la expulsión de su comunidad. Obviamente, en este escenario, se vuelve inconcebible para quien haya vivido, si no de los abusos, sí al menos convalidándolos con su actitud pasiva, encontrar gente dispuesta a luchar para sacar a sus familias de tan cruel situación, aunque para lograrlo tenga que soportar todas las inclemencias del clima y una avalancha de injurias, amenazas e incluso golpes, como está sucediendo actualmente en Tlanchinol. Veamos.
El plantón que sostienen los Antorchistas de Tlanchinol, frente a la presidencia municipal, está por cumplir dos meses, tiempo en que el actual alcalde, Alejandro Bautista Medina, se ha dedicado a agredir a los plantonistas a través de su policía municipal, a perseguir a los campesinos y hostigarlos permanentemente, todo esto, en lugar de atender a sus demandas y respetar los derechos constitucionales de sus gobernados. Pero, como eso no ha bastado, para amedrentar a los manifestantes y hacerlos desistir de su propósito, ahora, el señor Alejandro Bautista Medina, se encuentra sumamente ocupado en preparar una agresión contra el plantón, y para ello, como lo ha declarado el propio presidente panista, se están “organizando” algunos delegados para llevar a cabo dicha agresión. Además, como parte de su estrategia, en días pasados se hizo acompañar de sus correligionarios panistas al Congreso del Estado, para solicitar el desalojo, por la fuerza pública, de sus vecinos y gobernados, que sólo le están demandando respeto y solución. Se ve claramente que el edil no conoce ni de derechos ni de leyes ni de nada ¿Acaso no sabe que manifestarse contra una autoridad es un derecho ciudadano, consagrado en la Carta Magna de nuestro país? ¿Desconoce que atacar una manifestación pública es un delito que le puede costar su actual puesto e incluso llevarlo tras las rejas?
Por lo que se ve, Alejandro Bautista considera que todos los hidalguenses, y en particular los oriundos y vecinos de su municipio, somos una bola de estúpidos, pues quién le va a creer que los delegados “solitos” se están “organizando” para “retirar” a como dé lugar a los Antorchistas de la plaza, con el argumento, según dice el alcalde, de que les molesta muchísimo que no se puedan continuar los trabajos de remodelación de dicho lugar, por la presencia de los manifestantes (realmente lo que debiera molestarles es que los pueblos sufran tanto atraso). Pero el “estratega” cerril de Alejandro Bautista, suponiendo que ello no era suficiente para justificar su agresión, se hizo entregar un documento firmado “voluntariamente” por los trabajadores del ayuntamiento, donde le “solicitan” el retiro inmediato del plantón, so pena de abandonar sus labores, porque, dicen, “les lloran mucho los ojos por la humareda que ocasionan las fogatas que tienen para calentarse durante la noche los plantonistas, y eso les impide ver”. Ante esto sería bueno que nos disiparan algunas dudas: primero, ¿desde cuándo trabajan hasta la noche los empleados de la presidencia? Segundo, suponiendo que están trabajando durante la noche, ¿cómo le han hecho para vivir en Tlanchinol, donde la mayoría de las familias cocinan con leña? Y, finalmente, ¿desde cuándo han dejado de ver? ¿No será que nacieron ciegos, porque a la pobreza y a los problemas de su municipio nunca los han visto, empezando, obviamente, por el alcalde?
Sea como fuere, lo cierto es que los campesinos que se encuentran en plantón, sólo están solicitando lo que por derecho les corresponde: obras para sus comunidades y respeto a su derecho a elegir democráticamente a la autoridad auxiliar en su comunidad. Así que, de llevarse a cabo una agresión, disfrazada de “enfrentamiento”, contra el plantón pacífico, será absoluta y total responsabilidad del alcalde y de las autoridades estatales si lo consienten. Por lo pronto, los Antorchistas de todo el estado nos sumaremos a la lucha de los campesinos de Tlanchinol y exigiremos el juicio político contra Alejandro Bautista y sus secuaces. Los Antorchistas de Tlanchinol no están solos.
* Colaboraciones anteriores