La situación por la que atraviesa el país es sumamente crítica: cada día hay más pobres, la violencia se ha enseñoreado en muchas ciudades, el desempleo se incrementa, etc.; y a su vez, en lugar de atender la problemática con sensibilidad y tratando de paliar tan difícil situación, varios gobiernos estatales y municipales, desde el norte hasta el sur del país, se muestran renuentes a atenderla, ajenos a ella. Veamos algunos ejemplos: más de cuatro meses llevan plantados campesinos mayas frente al palacio de gobierno de Quintana Roo, pidiendo solamente que les paguen lo que por derecho les corresponde del seguro agrícola, que se les debe pagar por las pérdidas de sus cosechas ocasionadas por la sequía, por una suma irrisoria (950 pesos por hectárea), pero con ello tendrían, mínimamente para comprar maíz y no morir de hambre. Años llevan miles de familias de Tijuana, Baja California que tienen sus miserables moradas en las orillas del fétido drenaje al aire libre llamado arroyo Alamar, esperando la reubicación para poder acceder a una vivienda segura; hasta hoy, solamente unas cuantas familias lo han logrado, pero fueron reubicadas en una zona donde tampoco tienen los servicios básicos. En Guerrero, ese hermoso estado que tiene lugares paradisiacos, desde hace más de cinco meses se encuentran 78 familias en espera de justicia y de un techo, pues un cacique “con muchas influencias” en el gobierno perredista de Zeferino Torreblanca, los despojó de sus casas, y desde entonces se encuentran en la explanada del palacio de gobierno, esperando ser atendidos y obtener una solución a su problema. Casi la misma situación padecen cerca de 300 familias morelenses, que después de haber adquirido un lote para construir su vivienda, resultó, que a algunos “pudientes e influyentes” señores perredistas del lugar no les gustó compartir el mismo municipio con los pobres y “mugrosos” antorchistas, y el Secretario de Gobierno de esa entidad, ni tardo ni perezoso hizo eco a tan “importante” demanda y ahí lo tiene usted, tratando de despojar a estas familias de su terreno y pretendiendo mandarlas a vivir lejos, muy lejos, donde la pobreza no afee ni a la “ciudad de la eterna primavera”, ni a sus alrededores. Miles de oaxaqueños, también, se encuentran frente a palacio de gobierno en espera de que el señor gobernador los atienda y tenga recursos para resolver o mitigar un poco tanta injusticia social en esa entidad. En Tlanchinol, municipio serrano de Hidalgo, el alcalde panista Alejandro Bautista, se ha empeñado en imponer a las autoridades auxiliares para que le sirvan a él y mantener sumisas a las comunidades, pues la región muere cada día de hambre, miseria e ignorancia, y el sometimiento de la población, por todas las vías posibles, se vuelve indispensable para mantener “la paz social”.
Éstos son sólo unos cuantos ejemplos de tanta miseria, inequidad e injusticia social. Pero, por otro lado, prácticamente se nos presume que México ha producido al hombre más rico del mundo, poniéndolo como ejemplo, insinuando que así debemos ser todos los mexicanos, sobre todo nuestros jóvenes, mostrándolo como muestra de empeño, creatividad, abnegación y apego al trabajo. Coincido plenamente con cierto investigador que plantea:
“…el señor Slim aumentó su fortuna en medio de la peor crisis que ha sufrido el pueblo de México en las últimas décadas, y que ha dejado decenas de miles de pequeños negocios en quiebra, pues, como ocurre con todas las crisis, acumula el capital; mientras los pequeños empresarios se arruinan, los grandes aumentan sus fortunas de manera exorbitante. En otro contraste violento, un ciudadano mexicano se convierta en el hombre más rico, mientras el desempleo y la pobreza alcanzan niveles sin precedente: tenemos ochenta millones de personas en condiciones de pobreza, y, peor aún, 24 millones en pobreza extrema, con hambre permanente. Es claro que ambos fenómenos se presuponen, se necesitan uno al otro. Esta experiencia enseña que las crisis no afectan a todos por igual, que el capital tiene la capacidad de trasladar sus efectos a los sectores más desprotegidos. En este sentido llama la atención que entre los cinco hombres más ricos figuran, además del señor Slim, dos ciudadanos de la India, otro país cuya población está sumida en una espantosa pobreza.”
Y sigue diciendo: “Atención especial merece el análisis de las circunstancias en que se construyó esta gran fortuna: ha sido amasada en buena medida mediante la aplicación del poder de monopolio, pues Teléfonos de México controla alrededor del noventa por ciento de la telefonía fija en México y aplica tarifas de verdadero escándalo, entre las más elevadas del mundo. Esto nos recuerda el carácter pernicioso de los monopolios, que permiten a las empresas mantener los precios artificialmente elevados. En pocas palabras, esa gran fortuna es fruto de los sobreprecios pagados por el público consumidor.” También señala que: “La impúdica entrega de la riqueza nacional a unos cuantos ha facilitado un proceso que en otras naciones discurre más lentamente, pero como no puede haber impunidad, esta acelerada concentración trae aparejadas implicaciones igualmente preocupantes. La inconformidad popular, la delincuencia, la crispación social creciente aumentan con la polarización económica. Esto sólo podrá atenuarse con una política distributiva que fomente la equidad, generando empleos suficientes, permanentes y bien remunerados, con una política fiscal más equitativa y que privilegie el gasto en los sectores más empobrecidos. Construir caminos, escuelas, hospitales, sistemas de agua potable y electrificación en comunidades rurales y colonias populares, es también distribución del ingreso, aunque no sea en dinero contante y sonante. Pero aquí no puede haber ilusiones. Los gobernantes no tienen ningún interés real en hacerlo; tendrían que confrontarse con los poderosos de México (y del mundo). Se requiere entonces que sea el propio pueblo el que revierta esta tendencia y reoriente la política económica”.
* Colaboraciones anteriores