Ver las imágenes de Haití es horroroso, una parte de mi se niega a ello, simplemente no lo puedo soportar; duele, duele mucho en el alma ver la miseria en grado sumo, ver a una parte de la humanidad convertida en una masa de huesos rodeada de moscas, ver cómo la condición humana, desde hace mucho tiempo y, no hoy a raíz del sismo, se ha perdido, se ha denigrado; también se vuelve insoportable toda la campaña mediática, todo ese cúmulo de falsa filantropía, de manipulación descarada de los mexicanos, diciéndonos a través de esas imágenes desgarradoras, con casi lágrimas en los ojos, que hay otros cristianos en peores condiciones: miserables entre los miserables y con dos sismos a cuestas que los pone en condiciones infrahumanas. Por lo tanto, según toda esa campaña manipuladora, todos los mexicanos debemos estar contentos con nuestra situación, conformarnos.
Un poco de historia de este país para que nos hagamos claridad que su situación miserable no viene, no tiene la causa en estos sismos, sino que simplemente la ha aumentado y quizás dado a conocer a nivel mundial y, sobre todo, que descubramos la demagogia e hipocresía de aquellos a quienes nos están presentando como los salvadores de la población haitiana, sobre todo Estados Unidos y Francia, entre otros.
Desde 1600, Haití ha sido colonia francesa, antes lo era española, y hasta 1794, con la rebelión de los negros, que había iniciado tres años atrás, encabezada por el general Toussaint-Louverture fue abolida la esclavitud. Vinieron varias décadas, después de asesinados aquellos que tuvieron una idea de hacer de la isla una república, de dictaduras encabezadas por los franceses, a pesar de su expulsión en 1804. En julio de 1915 los Estados Unidos ocuparon militarmente la isla, ocupación militar que duró, al menos oficialmente hasta 1934, pero lo cierto es que todos los gobiernos que le siguieron fueron dictaduras militares impuestas por ellos y sometidos a su voluntad; dentro de este periodo se registraron importantes rebeliones campesinas y represiones sangrientas como la de 1918 que dejó más de 15 mil muertos. Muchos estallidos sociales ha sufrido Haití, y largas dictaduras como la dinastía Duvalier (1957-1986). En 1994, nuevamente, Estados Unidos invade Haití, y hasta la fecha es el mayor responsable de saquear las riquezas de este país y mantenerlo sumido en la desgarradora miseria que nos muestran como producto de los cielos y la naturaleza.
Haití y Republica Dominicana comparten la misma isla, pero sólo Puerto Príncipe, capital de Haití, quedó devastada, lo que revela que prácticamente todas las construcciones fueron levantadas mal y con materiales de mala calidad, porque seguramente, como pasa en muchas partes del mundo, la mayor parte de los recursos destinados para construir hospitales, escuelas, edificios públicos, casas de interés social, etc., se lo roban los responsables de aplicarlos, trayendo como consecuencia construcciones de ínfima calidad, mal hechas, y si no ¿por qué República Dominicana no sufrió daños de tal magnitud?. Es indignante ver la miseria en carne viva, pero se vuelve espeluznante presenciar que, por un lado, la población haitiana muere de hambre, de sed, de enfermedades, que se están amputando partes de su cuerpo que pudieron ser salvadas teniendo médicos, medicinas y equipo suficiente, y, por otro, ver que, para los imperialistas yanquis, esta tragedia no es suficiente para un ser humano, pues todavía llegan con sus bayonetas disparándole a los sobrevivientes, porque estos quieren comer y darle de comer a sus hijos, como si Haití no tuviera ya suficientes muertos.
Lo que viene a revelarnos la tragedia de este pequeño país, de apenas 9.5 millones de habitantes, es lo rapaz e inhumano del imperialismo y el fracaso de su modelos económico y así como de todos los gobiernos anteriores y, obviamente, del actual, incapaz incluso de organizar a su pueblo para recibir la ayuda solidaria de otro países. Cierto que se tiene que rescatar a Haití de los escombros, pero más cierto es que se le tiene que rescatar de sus verdugos.
* Colaboraciones anteriores