Quien revise los medios de comunicación del estado de Puebla, podrá comprobar que desde hace varias semanas se ha puesto en marcha una campaña mediática gubernamental contra los líderes del antorchismo de esa entidad. La campaña, que usa una red de “comunicadores” que tradicionalmente se han comportado como la infantería marinista asalariada en los medios, acusa a nuestros líderes en esa entidad de “invasores de terrenos para vivienda”, y de “estar ahuyentando la inversión con sus acciones desestabilizadoras de la paz social y del estado de derecho”, acusaciones que se han hecho acompañar de sucios ataques personales, de amenazas directas de encarcelarlos, y de calumnias contra el presidente municipal antorchista de Tepexi, Lisandro Campos Córdova, a quien se busca desprestigiar a toda costa, dada la importante presencia que este luchador social y la organización antorchista han cobrado en esa zona de la Mixteca, que algunos grupos ligados al poder estatal consideran como su coto de caza político.
La unanimidad monótona con que se repiten los ataques, la reiteración uniforme de los “argumentos” usados para golpear, las similares amenazas en varios medios, y la sordera calculada hacia las aclaraciones que intentan hacer los voceros del antorchismo, no dejan duda de que todo eso tiene su fuente en Casa Aguayo, sede del poder ejecutivo, donde Mario Marín pasa los últimos meses de su sexenio, que en lo político pasó, como se dice coloquialmente, “del gozo al pozo”, pero que ha tenido como una constante la contención de las demandas encabezadas por Antorcha y las cíclicas campañas mediáticas contra nuestra organización.
Como lo hemos aclarado en su momento (claro, sin que la mayoría de los acusadores se haya tomado la molestia de retomarlo en sus respectivos medios), no es verdad que los líderes antorchistas promuevan invasiones de casas y predios. Lo único que han hecho nuestros compañeros de Puebla, cuando alguien que ha tomado terrenos o casas han ido a pedirles su apoyo, es convencerlos de que establezcan de inmediato contacto con las autoridades y propietarios y logren un acuerdo para pagar tales propiedades, en condiciones acordes a la precaria situación económica de esas personas necesitadas. Eso han hecho invariablemente, por lo que no se confirma, en ningún caso, un ilícito de los líderes antorchistas, sino una actitud premeditada de quienes los atacan para hacerlos responsables de un problema que, evidentemente, no provocaron ellos.
Falsear esos hechos y distorsionar la verdadera participación de nuestra organización, acusarnos de invasores, hacer que algunos “inversionistas” digan que por culpa nuestra se van con su lana a otra parte, agregarle ataques personales contra los dirigentes, y de paso lanzar calumnias contra el alcalde de Tepeji. He ahí el coctel excrementicio confeccionado en las oficinas de Comunicación Social del gobierno poblano. Ante tal vertedero de lodo contra Antorcha, hay quienes nos han dicho que se trata de un ataque más, motivado por un afán visceral de desquite del gobernador contra quienes se negaron a replegarse durante ocho meses de plantón frente a sus oficinas, en abierto desafío a un poder que él pensaba que estaba en su cenit. Otros han opinado que es una forma de detonar nuevas protestas de parte nuestra y llevar así a un rompimiento de cualquier negociación para que transcurra el tiempo que resta a la administración estatal e incumplir así los compromisos firmados para realizar diversas obras. Puede ser; sería un hecho grave y la confirmación de que el gobernador equivocó hasta el último día su política hacia el antorchismo. Pero también cabe la probabilidad de que diversos grupos de poder estén pensando en que es hora de dar un golpe más severo al Movimiento Antorchista en un estado que fue su cuna y ha sido su bastión durante décadas, lo cual tampoco desechamos porque ya en otras ocasiones algunos grupos de poder, en otros estados de la República, y también en Puebla, han buscado ese objetivo y han llegado, incluso, al encarcelamiento de líderes, a las campañas de terror y al asesinato cruel y premeditado de activistas de Antorcha.
Cualquiera que sea la explicación de esta nueva acechanza, sea berrinche, plan con maña para incumplir compromisos, o campaña aniquiladora, sus impulsores deben saber que no encontrarán, ni en los antorchistas de Puebla, ni en los del resto del país, la callada por respuesta. Que 36 años de existencia han convertido al antorchismo en la organización social más grande y mejor estructurada del país, que cuenta con la simpatía y la militancia de cientos de miles de mexicanos, que sentirán como un agravio directo cualquier agresión que se cometa contra nuestros compañeros de Puebla, a los que brindarán solidaridad en la forma y momento que se requiera.
* Colaboraciones anteriores