MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿A dónde nos conduce
la contaminación alimenticia?

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente en el estado de Colima
26 de julio de 2007

El viernes 20 de julio los diarios principales del estado de Colima dieron a conocer la triste noticia sobre la intoxicación por el clembuterol que 20 personas tuvieron al consumir carne. En las notas referentes a este asunto, se informó que la carne contaminada “procede de un lote de 25 animales engordados. Procedente de Amatlán de Cañas, Nayarit”, que “llegó a la entidad transportado por la Comercializadora de ganado Grupo Res”. Al parecer, por los datos dados por las autoridades, el ganado contaminado no procedió de nuestra entidad, pues, aquí en Colima, hasta donde se sabe no se práctica la utilización de este tipo de anabólicos prohibidos por ser sumamente peligrosos para la salud de los consumidores. Creo que lo ocurrido la semana pasada es un alerta, sobre un peligroso incremento en la introducción de ganado al mercado y consumo, hecho crecer y subir de peso artificialmente, por lo que resulta necesario en lo inmediato, establecer un control riguroso del tipo de carne que se expende, una revisión más escrupulosa.

El clembuterol es un fármaco que ha sido utilizado como bronco dilatador, es decir, para facilitar la respiración en personas enfermas, por ejemplo, de asma. En los años 80’s del siglo pasado, se descubrió que también sirve apara aumentar rápidamente la masa muscular y el peso del ganado, pero, pronto, también se descubrió que esta sustancia, al ser consumida por los seres humanos (a través de la carne del ganado), produce taquicardia, nauseas, vómitos, aumento de la sudoración, temblores, etc. Por lo que desde hace varios años se prohibió aplicar dicha sustancia con fines anabólicos.

Obvio es pensar que, así como hay personas que buscan enriquecerse a costa de la venta de drogas, y de sustancias perjudiciales para la salud, así, también existen ganaderos que en su afán de obtener altas ganancias de forma rápida, venden ganado cargado de clembuterol, cuya carne puede resultar letal a la hora de ser consumida. Esto de utilizar sustancias letales, claro está, no es algo nuevo ni exclusivo de ganaderos ambiciosos. En todo el planeta, como ahora ya es conocido, se han incrementado exponencialmente en las últimas décadas las enfermedades cancerígenas (lo mismo que la diabetes) en la población, pero, lo más grave es que ese incremento ha sido mayor en la población infantil del mundo. La utilización de sustancias perjudiciales en los alimentos y bebidas enlatadas o envasadas, sustancias para conservar en “buen estado” los alimentos, para “darles sabor”, consistencia, para hacerlos más atractivos a los consumidores, han provocado que más niños y jóvenes padezcan enfermedades que antes eran exclusivas o casi exclusivas de los adultos.

La producción mundial de alimentos en la sociedad actual, la sociedad del libre mercado, en el afán desmedido de obtener ganancias y más ganancias, está haciendo a un lado, por que la competencia capitalista y la globalización, así lo están provocando, el objetivo primordial que el hombre ha tenido siempre al producir alimentos: mantener a la especie lo más sana posible. Ahora hay una descarnada y ominosa perversión de los alimentos, pues en la producción de los mismos, lo que menos se busca es lograr que la población obtenga nutrición verdadera, adecuada y equilibrada; se busca a toda costa abatir costos, elevar las ganancias a costa del envilecimiento de los alimentos. Para lograr su objetivo los empresarios utilizan sustancias o materias primas lo más baratas posible, aunque sean estas perjudiciales e incluso letales. Hace algunos años se descubrió en una región del norte de Francia en el Somme, que en la elaboración de harinas para la alimentación de ganado, utilizaban los productores excremento humano; tal era el afán de lucro de esos empresarios de la campiña francesa que no vacilaron en pervertir la alimentación de animales y con ello la de los humanos. Ese mismo espíritu nada pulcro y si muy mercantilista es el que está llevando a muchos productores de alimentos “Light”, supuestamente dietéticos a utilizar edulcorantes como la sacarina –aunque no está totalmente comprobado, pero, por lo pronto, ha sido prohibida en países como Canadá-, que ha resultado un alimento cancerígeno. Los alimentos “chatarra” están provocando el incremento acelerado de los casos de diabetes en niños y jóvenes en México y el mundo entero ¿Qué contenido nutritivo verdadero tienen? ¿Qué ley obliga a las grandes empresas, muchas de ellas transnacionales, a ofrecer productos que garanticen productos no perjudiciales a la salud y que sean estos nutritivos?

¿Debemos acaso esperar a que la contaminación alimenticia provoque una catástrofe tan destructiva, tan nociva a la humanidad como lo es la contaminación ambiental, la cual está provocando el sobrecalentamiento global? ¿Debemos seguir permitiendo la globalización de las desgracias planetarias; permitiendo a los potentados del mundo que no sólo destruyan el habitat, sino a la misma especie humana?
A 26 de julio de 2007

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