El viernes 20 de julio los
diarios principales del estado de Colima dieron a conocer la
triste noticia sobre la intoxicación por el clembuterol
que 20 personas tuvieron al consumir carne. En las notas referentes
a este asunto, se informó que la carne contaminada “procede
de un lote de 25 animales engordados. Procedente de Amatlán
de Cañas, Nayarit”, que “llegó a la
entidad transportado por la Comercializadora de ganado Grupo
Res”. Al parecer, por los datos dados por las autoridades,
el ganado contaminado no procedió de nuestra entidad,
pues, aquí en Colima, hasta donde se sabe no se práctica
la utilización de este tipo de anabólicos prohibidos
por ser sumamente peligrosos para la salud de los consumidores.
Creo que lo ocurrido la semana pasada es un alerta, sobre un
peligroso incremento en la introducción de ganado al
mercado y consumo, hecho crecer y subir de peso artificialmente,
por lo que resulta necesario en lo inmediato, establecer un
control riguroso del tipo de carne que se expende, una revisión
más escrupulosa.
El clembuterol es un fármaco que ha sido utilizado como
bronco dilatador, es decir, para facilitar la respiración
en personas enfermas, por ejemplo, de asma. En los años
80’s del siglo pasado, se descubrió que también
sirve apara aumentar rápidamente la masa muscular y el
peso del ganado, pero, pronto, también se descubrió
que esta sustancia, al ser consumida por los seres humanos (a
través de la carne del ganado), produce taquicardia,
nauseas, vómitos, aumento de la sudoración, temblores,
etc. Por lo que desde hace varios años se prohibió
aplicar dicha sustancia con fines anabólicos.
Obvio es pensar que, así como hay personas que buscan
enriquecerse a costa de la venta de drogas, y de sustancias
perjudiciales para la salud, así, también existen
ganaderos que en su afán de obtener altas ganancias de
forma rápida, venden ganado cargado de clembuterol, cuya
carne puede resultar letal a la hora de ser consumida. Esto
de utilizar sustancias letales, claro está, no es algo
nuevo ni exclusivo de ganaderos ambiciosos. En todo el planeta,
como ahora ya es conocido, se han incrementado exponencialmente
en las últimas décadas las enfermedades cancerígenas
(lo mismo que la diabetes) en la población, pero, lo
más grave es que ese incremento ha sido mayor en la población
infantil del mundo. La utilización de sustancias perjudiciales
en los alimentos y bebidas enlatadas o envasadas, sustancias
para conservar en “buen estado” los alimentos, para
“darles sabor”, consistencia, para hacerlos más
atractivos a los consumidores, han provocado que más
niños y jóvenes padezcan enfermedades que antes
eran exclusivas o casi exclusivas de los adultos.
La producción mundial de alimentos en la sociedad actual,
la sociedad del libre mercado, en el afán desmedido de
obtener ganancias y más ganancias, está haciendo
a un lado, por que la competencia capitalista y la globalización,
así lo están provocando, el objetivo primordial
que el hombre ha tenido siempre al producir alimentos: mantener
a la especie lo más sana posible. Ahora hay una descarnada
y ominosa perversión de los alimentos, pues en la producción
de los mismos, lo que menos se busca es lograr que la población
obtenga nutrición verdadera, adecuada y equilibrada;
se busca a toda costa abatir costos, elevar las ganancias a
costa del envilecimiento de los alimentos. Para lograr su objetivo
los empresarios utilizan sustancias o materias primas lo más
baratas posible, aunque sean estas perjudiciales e incluso letales.
Hace algunos años se descubrió en una región
del norte de Francia en el Somme, que en la elaboración
de harinas para la alimentación de ganado, utilizaban
los productores excremento humano; tal era el afán de
lucro de esos empresarios de la campiña francesa que
no vacilaron en pervertir la alimentación de animales
y con ello la de los humanos. Ese mismo espíritu nada
pulcro y si muy mercantilista es el que está llevando
a muchos productores de alimentos “Light”, supuestamente
dietéticos a utilizar edulcorantes como la sacarina –aunque
no está totalmente comprobado, pero, por lo pronto, ha
sido prohibida en países como Canadá-, que ha
resultado un alimento cancerígeno. Los alimentos “chatarra”
están provocando el incremento acelerado de los casos
de diabetes en niños y jóvenes en México
y el mundo entero ¿Qué contenido nutritivo verdadero
tienen? ¿Qué ley obliga a las grandes empresas,
muchas de ellas transnacionales, a ofrecer productos que garanticen
productos no perjudiciales a la salud y que sean estos nutritivos?
¿Debemos acaso esperar a que la contaminación
alimenticia provoque una catástrofe tan destructiva,
tan nociva a la humanidad como lo es la contaminación
ambiental, la cual está provocando el sobrecalentamiento
global? ¿Debemos seguir permitiendo la globalización
de las desgracias planetarias; permitiendo a los potentados
del mundo que no sólo destruyan el habitat, sino a la
misma especie humana?
A 26 de julio de 2007