Como muchos mexicanos, usted y yo, amigo lector, hemos escuchado
durante décadas los “buenos propósitos”
de muchos políticos y gobernantes que hablan de combatir
la pobreza y la desigualdad social en México, pero, coincidirá
conmigo amable lector, en que el problema de la terrible desigualdad
social que es la fuente principal de los peores flagelos que
aquejan a la inmensa mayoría de la población del
país, es un problema que no podrá ser resuelto
con declaraciones o con medidas coyunturales que buscan solamente
la buena imagen de estos políticos que están interesados,
no tanto en la problemática de las grandes mayorías
empobrecidas, sino en acrecentar su poder económico y
político.
....Lo cierto es que ya tiene un
buen rato que la OCDE (Organización para la Cooperación
y Desarrollo Económicos) insiste en recomendar a nuestro
país cambiar el esquema en que ha venido funcionando
el sistema educativo de México, esto, para ir avanzando
en el ataque a las causas de la desigualdad social y económica
que, por supuesto el organismo internacional conoce mucho mejor
que muchos de nuestros duchos y experimentados gobernantes.
Y, cada vez que leo como la OCDE vuelve al tema, una y otra
vez, me asalta la duda: ¿Entenderán los gobernantes
mexicanos las recomendaciones internacionales sobre materia
educativa? o ¿Están aplicando, como siempre lo
han hecho los gobernantes insensibles, la táctica del
avestruz, es decir, esconden la cabeza en la arena, ante los
difíciles y agudos problemas que les presenta la realidad
nacional, creyendo equivocadamente que con esto, esa realidad
es eliminada y, por tanto, no hay razón para preocuparles?
....Sin embargo, los datos que
brinda la OCDE en materia educativa para México, cada
vez que insiste en sus recomendaciones, son apabullantes, son
incontestables y merecen por la menos la reflexión de
los mexicanos que realmente queremos verdaderos cambios en beneficio
de los desheredados, y no la demagogia o los cambios cosméticos.
Blanca Heredia, directora de la OCDE en México en el
recién publicado informe Panorama de la Educación
2007, señala que “aunque el gobierno ha elevado
el porcentaje del PIB que se invierte en educación en
el país, éste sigue siendo insuficiente”
y “hay que aplicarlo de forma eficiente”, en pocas
palabras: estamos mal educativamente porque el gobierno no invierte
lo suficiente en esta materia y porque lo que se invierte no
se está destinando adecuadamente para elevar el nivel
educativo de los mexicanos. Abundando en el asunto la directora
de la OCDE señala, por ejemplo, que el gasto por estudiante
de primaria en México es de 1,694 dólares, lo
que representa apenas un tercio del promedio en gasto que tienen
todos los países miembros de la OCDE (5,832 dólares).
Lo mismo ocurre con el gasto por estudiante de nivel secundaria,
pues, mientras en el promedio general de la organización
internacional es de 7,884 dólares, en México es
de 1,564 dólares (incluso, es más bajo que el
promedio del nivel primaria). En el nivel bachillerato es apenas
la mitad de lo que gastan en promedio los países de la
OCDE. Los resultados son ya ampliamente conocidos: estudiantes
que llegan al nivel de educación media superior con gravísimas
deficiencias, al grado tal que, muchos no saben leer y escribir
correctamente, no saben matemáticas elementales, no saben
sobre literatura, geografía, etc. El informe de la OCDE
señala que: sólo el 24% de los mexicanos cuya
edad oscila entre los 25 y 34 años (la edad más
productiva) han completado la preparatoria –o equivalente-,
lo que sin duda explica el por qué México pierde
año con año competitividad en el mercado mundial,
pues, mientras otros países -como China- invierten grandes
recursos en educación y optimizan esos mismos recursos,
en México se desperdicia, al no educarla y capacitarla
como exigen las circunstancias del mundo, la mayor riqueza que
tenemos, es decir, nuestra gigantesca y laboriosa fuerza laboral.
Y, cómo no vamos a ir en picada, si el gasto en educación
no es prioridad para los gobiernos de la derecha y lo que invierten
en educación, en gran porcentaje, se destina a salarios
de funcionarios, se destina a mantener una alta burocracia nulamente
productiva que sólo sirve para administrar la ineptitud
y los malos resultados. Y no quiero ir muy lejos. Sólo
-un pequeño ejemplo- hay que ver lo que ocurre en le
CBTIS 19, en donde un grupo de muchachos que limpiamente han
buscado mejorar sus condiciones de estudio y han protestado
contra el director del plantel, como respuesta, éste
los está castigando. Esos muchachos han sido colocados,
a raíz de sus protestas, en un salón que se encuentra
arriba de los sanitarios más pestilentes del plantel.
Ahí está un claro ejemplo de lo que no se debe
hacer -como lo que señala la OCDE- en concreto.
* Colaboraciones
anteriores