El pasado domingo 12 de agosto varias decenas de miembros
del cuerpo de la policía estatal de Querétaro,
como ha ocurrido ya en numerosas ocasiones en los últimos
tres años, se abalanzaron sobre un grupo de jóvenes
pertenecientes a la FNERRR (Federación Nacional Estudiantil
Revolucionaria Rafael Ramírez) para desalojarlos violentamente
de La Plaza de Armas, en el centro de la ciudad capital de aquella
entidad del país. Los estudiantes, moradores del albergue
estudiantil “José María Arteaga”,
al momento de ser desalojados se encontraban en pacifico plantón,
protestando, exigiendo la solución a las legitimas demandas
de su albergue y exigiendo la libertad de la profesora Cristina
Rosas Illescas, dirigente del Movimiento Antorchista de ese
estado. No sólo atropellos ilegales, utilización
de la fuerza bruta de un cuerpo policial gorilesco frente a
adolescentes cuya actividad es legal y ejemplar por su tenacidad
y valentía, sino la detención y encarcelamiento
de la joven Magdalena Reséndiz, a quien hace apenas unas
semanas los miembros del Yunque amenazaron de muerte cuando
algunos de sus secuaces dejaron en un papel en el allanamiento
de las instalaciones del albergue y a través de Internet.
Es necesario recordarle, estimado lector, que esta atroz campaña
en contra de los pobres de Querétaro organizados en Antorcha
ha sido impulsada por Francisco Garrido Patrón, gobernador
de ese estado y su secretario general de gobierno, Alfredo Botello
Montes, como un intento de frenar a toda costa la lucha de los
colonos y campesinos que solicitaron atención a sus demandas
de vivienda y servicios como agua potable, drenaje y luz. Para
frenar la lucha le inventaron delitos los gobernantes queretanos
a Cristina Rosas, delitos que jamás cometió la
luchadora social. La agresión continuó cuando
le instruyeron, tanto a la Procuraduría de Justicia como
al Poder Judicial de la entidad, la ejecución sin misericordia
alguna del plan encaminado a encerrar a como diese lugar a Cristina,
por ser ella la líder más decidida que no sólo
exigió la solución a las demandas de colonos,
campesinos y estudiantes, sino porque ella ha representado la
más genuina defensa del derecho de los pobres a tener
una vida más digna.
Es sabido por decenas de miles de personas en Querétaro
que Cristina primero gestionó, buscó la solución
de los problemas para cientos de familias de las más
pobres, mediante la estoica labor de solicitar pacientemente,
de hacer la consabida antesala en las oficinas del gobierno
para lograr hacer escuchar a los más desprotegidos de
Querétaro, esto durante meses y día tras día.
Ante la calculada sordera de los gobernantes queretanos de extracción
panista, también como es sabido, Cristina no tuvo más
remedio que encabezar la lucha por hacer valer los derechos
constitucionales de los colonos, campesinos y estudiantes, realizando
lo que está garantizado en la Carta Magna como inalienable
derecho: la protesta pública y pacifica. La respuesta
de Garrido Patrón y su secretario de gobierno fue implacable:
el confinamiento en el Cereso de San José el Alto de
Cristina junto con el colono Pánfilo Reséndiz.
Después los gobernantes queretanos han desacatado las
recomendaciones de la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos (CNDH) y han eludido con burdas maniobras las resoluciones
de la justicia federal que ha amparado en cuatro ocasiones a
Cristina al haberse detectado garrafales anomalías y
aplicación torcida de la ley.
Por estos días Cristina cumple 30 meses en prisión
y su voluntad y convicción se mantienen incólumes.
El fascismo la mantiene presa, pero nunca podrán aprisionar
su espíritu, por el contrario el ejemplo de Cristina
inspira a cientos de miles de antorchistas a lo largo y ancho
del país. El reciente encarcelamiento de la joven Magdalena
Reséndiz pone en evidencia una vez más que el
objetivo de la ultraderecha es desterrar, desaparecer de Querétaro
primero, y después de todo el país, a toda organización
que represente los intereses de las masas trabajadoras, de los
desposeídos. Para la derecha, el pueblo pobre de México
no sólo debe soportar su ignominioso empobrecimiento,
sino también debe estar maniatado, amordazado y de ser
posible, dados los caros intereses de esa ultraderecha fascista,
debe aceptar que sus organizaciones, es decir, la única
herramienta con que cuenta desaparezcan. Pero lo que nunca deben
olvidar los derechistas, es que todos los pueblos de la Tierra
siempre han defendido sus libertades a toda costa.