MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Marx y los jóvenes

Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
28 de diciembre de 2007

Finaliza el año y me topo con una nota que leo en un conocido diario de circulación nacional. La nota nos da la opinión de Beatriz Bouvier, directora desde 2005 del Museo Karl Marx-Haus de Tréveris (ciudad natal del gran genio del pensamiento social, económico, filosófico e histórico), sobre las razones del por qué en los últimos años ha resurgido el interés por la teoría de Marx, y, en qué sector de la población se ha acentuado este interés. Dice Bouvier “Lo habían dado por muerto y sepultado pero está volviendo a resucitar… el interés por el padre del socialismo tal vez sea por la creciente aspiración por conocer la propia historia, por entender mejor la realidad contemporánea… los jóvenes se acercan de forma abierta, desprejuiciada, con curiosidad… Para entender a Marx es indispensable retrotraerse al ideario original del pensador porque muchas interpretaciones posteriores de sus teorías han sido manipuladas… tomaron su nombre para explicar sus intentos fallidos de crear una sociedad más justa, Marx cambió el mundo con sus análisis”.
    ¿Quiere decir, estimado lector, que, a pesar de tanto bombardeo ideológico a través de los poderosos medios de comunicación y a pesar de tanto invento tecnológico alienante, hay un sector de la juventud que no se ha tragado los anzuelos que sirven para atrapar las mentes, es decir que no han caído en las trampas manipuladoras y, finalmente, a ese sector de jóvenes pensantes les ha despertado interés una doctrina científica que miles de veces ha sido declarada muerta, sepultada, ha sido declarado obsoleta, desfasada de la realidad?
    Ahora, al parecer, las teorías cíclicas de la historia planteadas por Spengler, Sorokin, Toynbee y otros ya nos son las que atraen, preferentemente, la curiosidad de la juventud pensante; ya muchos jóvenes no creen que la sociedad se comporta como un simple organismo biológico (como sostenía Oswald Spengler) que, simplemente, nace, crece, madura y muere, volviéndose a repetir el fenómeno de forma cíclica e ininterrumpidamente. Lo cual, por cierto, como han demostrado palmariamente las ciencias naturales, tampoco es exacto, ya que, los seres vivos –plantas y animales- también tienen un largo e ininterrumpido proceso evolutivo; se han transformado constantemente conforme la adaptación y la herencia se los han permitido. El mismo hombre no ha sido el Homo Sapiens actual desde su aparición como especie, siempre ha habido cambios, producto de las circunstancias del medio que lo ha rodeado y sobre todo de su actividad productiva, sobre todo gracias al trabajo.
    Tampoco seduce ya a los jóvenes más críticos del mundo la teoría de Francis Fukuyama, el cual diagnosticó catastrofistamente “el fin de la historia”, aduciendo que al caer el socialismo soviético, esto paralizó el thimos platónico, paralizó la lucha de las ideologías para dar paso a la “economía”, entendida ésta, como la sociedad profundamente dividida en clases, basada en un reparto muy desigual de la riqueza, un dominio político y social absoluto de los grandes potentados del dinero, acaparadores de los privilegios, de la superabundancia, mientras las grandes mayorías de la población se debaten en la pobreza, las carencias en salud, educación empleo, etc., todo esto llamado pomposamente como “liberalismo democrático”.
    La teoría de Marx sigue viva, sigue iluminando a millones de seres humanos debido a su rigurosa lógica, a su profundo humanismo, a su incuestionable calidad científica. Y, por tanto, no es casual que, como señala Beatriz Bouvier, muchos jóvenes se sientan atraídos por la misma. Sin embargo, el escoger una u otra doctrina sociológica, filosófica o económica, no es una cuestión, estrictamente hablando, sólo de preferencias subjetivas, de gustos e inclinaciones personales. Pues, bien entendidas las cosas, las doctrinas reflejan en lo hondo, los intereses de las distintas clases sociales. Y, precisamente por esto último, la doctrina de Marx sigue siendo válida, sigue cautivando las mentes más lúcidas del mundo, pues, es la doctrina que sigue reflejando con más profundidad, mayor objetividad y amplitud el cómo funciona la estructura de la sociedad actual, sigue siendo, en ese sentido, el faro que guía a los marinos que se aventuran por las difíciles aguas del conocimiento científico, del conocimiento social, económico, filosófico, y, de los marinos que navegan en las tormentosas aguas de la lucha social por un mundo más justo, más equitativo.

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