MOVIMIENTO ANTORCHISTA



MACSA y la necesidad
de un sindicalismo de clase


Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
14 de septiembre de 2007

 No se sabe la cifra exacta de los trabajadores de la empresa MACSA (Manufactura Avanzada de Colima, S. A.) que el día de ayer sufrieron desmayo tras inhalar un gas, supuestamente desconocido –por lo menos así reportado en todos los medios de comunicación estatales hasta el momento de escribir la presente colaboración- en la planta ensambladora que está al oriente de la ciudad de Colima, lugar en donde laboraban el día de ayer, miércoles 24 de octubre, según algunas fuentes informativas, más de trescientos obreros. En  este grave percance ha prevalecido un sepulcral hermetismo, por lo menos en las primeras horas de hoy, tal vez porque las autoridades laborales del estado buscan la forma de no afectar los intereses de la empresa de capital extranjero que, en efecto, es una de las pocas fuentes de empleo industrial que hay en la capital del estado. Sin embargo, nada puede justificar que los trabajadores sufran accidentes que pongan en peligro sus vidas.

            En los últimos años, como se ha podido constatar, el peligro de morir trabajando se ha acrecentado en el mundo y, por supuesto, en México; por doquier surgen noticias de mineros muertos, por explosiones y derrumbes en las minas (recordemos Pasta de Conchos) o como la del accidente ocurrido apenas el día de ayer en las costas de Campeche en donde colisionaron dos plataformas petroleras, accidente que dejó un saldo de 19 obreros muertos, 61 rescatados en las aguas y más de 7 desaparecidos.

            La OIT (Organización Internacional del Trabajo) ha establecido en recientes estudios que, a nivel mundial, anualmente, ocurren 120 millones de accidentes de trabajo, de los cuales 210 mil, aproximadamente, son mortales. La vida de cientos de miles de obreros queda segada al cumplir con su jornada de trabajo, pero, muchos son los plumíferos, que, buscando congraciarse con los dueños de las empresas, los magnates capitalistas, sostienen que la mayoría de los accidentes de trabajo, se deben al descuido de los propios trabajadores, endilgándoles sin ningún pudor, la responsabilidad de su fallecimiento o de las graves heridas ocurridas, las cuales, muchas veces, terminan con la amputación de algún brazo, pierna o la afectación de cualquier órgano, lo que disminuye la capacidad de trabajo del accidentado y en los casos graves inutiliza de por vida al trabajador.

            Sin embargo, para cualquier persona que tenga dos dedos de frente, esa exculpación, esa grotesca absolución que hacen los periodistas, “especialistas en temas laborales”, busca encubrir a los auténticos responsables del alto índice de accidentes; busca engañar a la opinión pública en general, pero, en particular, busca mantener la oprobiosa sumisión de los trabajadores; busca mantener su resignación para que no exijan mejores condiciones de trabajo que eviten los accidentes. Los empresarios tienden a  sobreexplotar a sus trabajadores y para  lograr una tasa de ganancia más alta del trabajo de sus obreros, no sólo lo hacen exprimiéndolos con los salarios miserables que pagan, sino también, reduciendo todo tipo de gastos “superfluos” en protección y condiciones sanitarias adecuadas. Es por eso que muchos empresarios no entregan el equipo de protección adecuado a sus trabajadores, descuidan muchas veces  hasta las medidas más elementales que eviten que sus trabajadores sufran enfermedades profesionales, que en esencia, son tan letales como los accidentes de trabajo.

             En MACSA, por lo que han informado los medios escritos y electrónicos, el olor del gas tóxico fue percibido a la 23:30 horas, pero, la empresa se negó a evacuar a los obreros “Por no considerar peligroso ese olor”, algunas trabajadoras, incluso, sintieron nauseas antes del desmayo de más de 80 trabajadores y esto tampoco fue razón suficiente para alejar de la planta a los obreros que laboraban en ese momento. Nunca apareció en el lugar ningún representante sindical que protestase ante la burda insensibilidad y menosprecio de la salud de los obreros; la indefensión obrera fue total ante la voracidad empresarial que paró labores hasta ver a los desmayados, pues –como supone usted bien amigo lector- no quería perder ni un centavo de sus preciosas ganancias. Toda esta situación prevaleciente a lo largo y ancho de nuestro país nos lleva indefectiblemente a reflexionar a más de uno sobre la urgente necesidad que tienen los obreros mexicanos de sacudirse al sindicalismo vendido, al sindicalismo espurio que sólo sirve para maniatar a los obreros. Se requiere un verdadero sindicalismo, genuino y de verdadera lucha clasista que defienda a la población productiva por excelencia de los abusos patronales.  

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