Distinguidos sociólogos, economistas, antropólogos
y, en general, los distintos estudiosos del problema de la vivienda
en el mundo, han coincidido la mayor parte de ellos en que,
después de la alimentación y el vestido, la vivienda
es, históricamente, la necesidad más importante
que todo ser humano ha requerido de satisfacer. Hoy ese importante
requerimiento sigue siendo tan importante como en la época
en que nuestros antepasados, los hombres primitivos, vivían
en cuevas.
....Los padecimientos de miles
de millones de personas por falta de vivienda, hoy al igual
que en otras épocas de la historia humana, existen para
desgracia de la humanidad. El capitalismo, sistema socioeconómico,
que, como han dicho grandes pensadores de la humanidad, es el
sistema que ha resultado ser el más productivo de la
historia, el más eficaz en la producción riqueza.
Sin embargo, jamás se había concentrado tanto
esa riqueza en tan pocas manos. Pero los grandes potentados
han necesitado concentrar en grandes urbes a la población
obrera y asalariada para acumular las fortunas que han amasado
inmensamente en sus manos; han surgido mega urbes que se han
desarrollado durante todo el siglo XX y en lo que va del actual
siglo; ciudades y zonas urbanas gigantescas como la Ciudad de
México y sus suburbios donde viven millones de personas
hacinadas, aglomeradas que habitan en grandes cinturones de
miseria, padeciendo de falta de vivienda propia, pagando hasta
un tercio del salario mensual por mugrientos cuartos o barracas
antihigiénicas.
....Distintos organismos mundiales
han hecho estimaciones sobre el número de pobres en el
mundo que carecen de vivienda adecuada, señalando que
en la actualidad son más de1500 millones de seres humanos
que viven en viviendas en condiciones deplorables y antihumanas,
casi una cuarta parte de nuestros congéneres en el mundo
habita en chozas, barracas y palafitos, y, según esos
mismos estudios, hay 2400 millones de personas en el mundo,
que, aunque vivan en grandes ciudades, carecen de servicios
sanitarios indispensables, viven hacinados en cuartos insalubres,
careciendo de los servicios más elementales y necesarios
que permitan un nivel mínimo de bienestar humano. La
pobreza se mide, dicen los especialistas, no sólo en
los ingresos monetarios de las familias, sino también
en el grado de atención a los niveles de bienestar social
(servicios como agua potable, alcantarillado, energía
eléctrica, escuelas, hospitales, centros recreativos,
etc.).
....Un problema muy grave derivado
de ese infierno que se llama pobreza extrema en materia habitacional
es el hacinamiento en que viven las familias pobres en todo
el mundo y en México, por supuesto, no es la excepción.
En casas compuestas de un cuarto, una cocina y un baño
viven cinco o seis personas, es decir, familias que ocupan espacios
muy reducidos, con lo cual no representa ninguna dificultad
el imaginar a cualquier ciudadano, los problemas de higiene,
salud e integración familiar que se derivan de esa difícil
situación. El problema se complica todavía más,
como ocurre frecuentemente, cuando los hijos se casan o como
se dice coloquialmente se juntan con su pareja y no tienen otro
lugar en donde vivir más que la casa de los padres.
....En algunas naciones desarrolladas
el tema del hacinamiento ha sido motivo de estudios serios.
A principios del siglo XX, por ejemplo, en la ciudad de Nueva
York, el promedio de las habitaciones de las casas para las
clases trabajadoras era de menos de 9 m2, lo que provocaba que
en el seno de las familias pobres se potenciasen, la delincuencia,
la prostitución, los vicios y otros males sociales, que
tienen como causas más profundas el desempleo, la falta
de educación, y la sobreexplotación, genuinas
consecuencias del orden capitalista.
....En nuestro México surrealista,
donde como se dice ya frecuentemente, “la ficción
rebasa a la realidad”, ahora, las casas llamadas de “interés
social”, casas que construyen los organismos creados por
el gobierno federal y los gobiernos estatales, surgen como hongos
-como hace un siglo en otras naciones-, las colonias con casas
que tienen habitaciones de escasos 8 o 9 m2. Estas casas están
hechas de materiales de tan mala calidad que cuando llueve,
resulta igual estar dentro que vivir a la intemperie, casas
cuyo costo contradice aquello de “interés social”,
pues son muy caras. El resultado final de todo esto, lo quieran
o no los distintos gobiernos, es que las familias viven el flagelo
del hacinamiento, padecen insalubridad y viven sufriendo los
problemas que generan la aglomeración. Y todavía
a eso se le agrega, para desgracia de las familias pobres que
no puedan pagar, dadas las condiciones del costo y los pagos
mensuales, los créditos de las instituciones “sociales”
que en muchas ocasiones más parecen compañías
inmobiliarias.