
“No tienen madre” fue el grito desesperado de Nelson Vargas que se escuchó en la rueda de prensa que él mismo convocó para seguir denunciando la corrupción e ineptitud policial y, también, el desinterés, la prevaricación y la suciedad de los órganos de procuración de justicia. Vargas ha puesto en evidencia el hecho de que él desde el inicio de las indagatorias proporcionó datos fundamentales a la PGR sobre los posibles responsables del secuestro de su hija Silvia Vargas, sin que la institución haya considerado esas pistas en la integración de la averiguación previa. Nelson Vargas sostuvo en esa rueda de prensa “Exijo a las autoridades que reconozcan sus errores…les pedimos a las autoridades que con ética y profesionalismo den la cara como mexicanos responsables y como profesionales”. A un año del plagio de su hija, Vargas, al no ver ningún resultado sobre la localización de su hija también señaló “nos preguntamos si la razón por la que no quieren agarrar a los culpables es porque resulten involucradas autoridades de alto rango, como ha pasado en otros casos”.
Se cumplen ya los 100 días desde que los poderes de la unión firmaron el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad y resulta que la violencia, los crímenes se han incrementado, lo cual pone en evidencia que el Gobierno Federal “no da pie con bola”. El Universal da a conocer en su edición del día del 28 de noviembre que desde que se firmó el famoso acuerdo “se consumaron dos mil 103 asesinatos relacionados con el crimen organizado, 545 más que en los 100 días anteriores”. Pero la maquinaria publicitaria del gobierno federal, seguramente dará a conocer cifras “muy alentadoras” sobre el combate a al crimen organizado.
Sin embargo, es evidente que, por más “golpes espectaculares” al crimen organizado por parte de las corporaciones policiales e instituciones de procuración de justicia, que los delitos del crimen organizado y no organizado se han incrementado drásticamente; la violencia y la inseguridad arrecian cada día que pasa. Por ejemplo, señala la misma nota del El Universal “La escalada violenta se evidencia al comparar las 2 mil 673 ejecuciones de 2007, con las 2 mil 193 de los últimos 99 días, sólo con 570 menos, aunque 266 días de diferencia”. Al parecer, no sólo Nelson Vargas es el que considera que los policías (y agentes del ministerio público, etc.) no tienen madre que los parió. También el Presidente Calderón acaba de señalar que la mitad de los policías del país (pertenecientes a las distintas corporaciones policiales), “nos son recomendables”. Una forma suave, cuidadosa, para, como se dice coloquialmente, “no herir susceptibilidades”. Debió el Jefe del Ejecutivo decir “con pelos y señales” cual es verdadero perfil de esa mitad de policías ¿Están ligados a las mafias del crimen organizado? ¿Son tan o más peligrosos que los mismos delincuentes?, ¿Por qué es tan alto el porcentaje de policías no “recomendables”? etc.
Es claro que, aunque es sincero, valiente y muy elocuente el grito de desesperación de Nelson Vargas, no da en el centro del problema, no penetra en la esencia del grave fenómeno de la corrupción y la ineptitud policial. Sin desearlo coincide con aquella visión de que la maldad, la codicia, la corrupción, etc., de los hombres proviene de sus circunstancias individuales, ya sea de su herencia genética, de sus problemas personales o familiares o dicho de forma furibunda por “no tener madre”.
Algo grave pasa en la sociedad en donde la mitad de los encargados de cuidar el orden, la seguridad de la ciudadanía en general son tan -o a veces más corruptos-, venales y parásitos que los mismos delincuentes; algo más profundo falla en la sociedad en donde el Estado no puede contener al crimen organizado, porqué ese mismo Estado está corroído hasta la medula por ese crimen organizado que dice combatir.
Valga esta reflexión, amigo lector, pues el pensamiento verdaderamente libre, desprejuiciado y objetivo, no puede quedarse en la superficie del problema de la corrupción policial y de los órganos de poder. Una sociedad en donde hay tanta y tan profunda desigualdad social, en donde hay tanta miseria y tanta opulencia a la vez; en donde hay tanta riqueza de bienes pero esos bienes no pueden ser disfrutados por los que trabajan para crearlos; una sociedad que tiene a una exigua minoría viviendo celestialmente en la superabundancia y en el derroche y una inmensa mayoría poblacional viviendo en el infierno terrenal del desempleo, de las necesidades más elementales insatisfechas como el comer bien, vestir decorosamente, el tener vivienda digna, educación para sus hijos, tener esparcimientos y cultura, etc., es definitivamente una sociedad en donde es consustancial una amplia y profusa corrupción.
* Colaboraciones anteriores