MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Impunidad en Prados de La Estancia

Hector Enciso Carrillo
Dirigente estatal antorchista en Colima
4 de mayo de 2008

Pocas veces se puede observar en cualquier parte del país que un delincuente goce de tanta impunidad y hasta protección oficial como la goza el consuetudinario y empedernido defraudador de cientos de colonos, Miguel Ramos Aguilar. Hasta el momento de escribir las presentes líneas, Miguel Ramos lleva un récord impresionante de denuncias por revender lotes que antes ya había vendido en la colonia Prados de la Estancia. A pesar de haber sido denunciado, de estar sometido a varios procesos penales, e incluso de haber sido resuelta recientemente en su contra la apelación que hizo él ante El Supremo Tribunal de Justicia del estado de Colima (STJC), por lo que tiene ya una nueva orden de aprehensión, Miguel Ramos sigue paseándose por la ciudad de Colima como Juan por su casa, no hay el menor interés por que se le detenga y se impida que siga revendiendo lo que ya vendió anteriormente, por una, dos, y hasta tres ocasiones.

Pero lo más grave que ocurre en estos momentos sobre el asunto de los cientos de colonos defraudados no consiste solamente en que Miguel Ramos siga tan campante, sin ser molestado por la policía ministerial, sino que, por segunda ocasión se presentó el domingo pasado a la colonia Prados de la Estancia acompañado por policías estatales, quienes sin ningún pudor lo escoltaban y diligentemente cuidaban, al mismo tiempo que trataban estos “mantenedores del orden y la paz social” de intimidar a los colonos que en esos momentos se encontraban como todos los domingos, reunidos celebrando su tradicional asamblea en la se delibera sobre los problemas de la colonia. Ya hace dos meses había ocurrido algo similar: un grupo de siete uniformados con una camioneta de la policía estatal se presentó con el mismo plan “protector” hacia el delincuente e intimidador hacia los colonos. Ahora, la diferencia consistió en que no sólo era una camioneta-patrulla de la policía estatal, sino que en esta ultima ocasión se presentaron tres (con los siguientes números de matricula de la policía: 213, 208 y 175).

Los tres vehículos de la policía estatal se apostaron para bloquear la calle que conduce al lugar donde se reúnen normalmente los colonos los domingos. Miguel Ramos sintiéndose protegido por los uniformados se dirigió a algunos colonos para decirles que “él iba a levantar un acta para exigir la expulsión de los antorchistas de su colonia”, tal desfachatez la cometió sin que ningún colono hiciera caso de sus amenazas. Por el contrario, algunos colonos simplemente al unísono le dijeron: “devuelve lo que te has robado ladrón, ‘fraudero’”. Miguel Ramos les contestó. “si dejas de asistir a la reuniones de los antorchistas te entregó tu lote”. ¿Cuál lote si ya los revendiste varias veces? Le preguntaron los colonos. Ningún de ellos consideró pertinente seguirle el juego al delincuente, se retiraron a sus respectivos domicilios. Pero la intimidación siguió por un rato más; frente a la casa de la señora María de Jesús Flores Naranjo la patrulla con el número 213 se apostó por más de una hora (la Señora Flores es una de las que han encabezado con más decisión la lucha por que se haga justicia en la colonia Prados de la Estancia).

¿De quién es la mano que mece la cuna? ¿Cuál es el objetivo del que, o de los que están protegiendo a un delincuente reincidente en grado superlativo que, por lo mismo, los órganos encargados de procurar e impartir la justicia en el estado debieran ya someter a la justicia, pues este delincuente le está haciendo mucho daño patrimonial a cientos de familias de escasos recursos? ¿Acaso es posible que las “influencias”, las “palancas”, los padrinazgos, de un individuo sean más importantes que mantener la confianza de la ciudadanía en la justicia estatal? O tal vez ¿Son fines inconfesables los que permiten a este individuo seguir delinquiendo de forma tan perjudicial? ¿Quién mandó a las tres camionetas de la policía estatal con todo y uniformados?

En la percepción de los afectados y de la ciudadanía en general, el proteccionismo y la impunidad de Miguel Ramos Aguilar no es algo casual, pues, la policía estatal no mueve un dedo sino se lo ordenan sus jefes. Por tanto, si en alguna ocasión hay alguna agresión hacia los colonos de quien se siente protegido, los hoy afectados por los fraudes no dudarán ni un momento de que las acciones perjudiciales tengan nombre y apellido. Por lo pronto le solicitamos al Sr. Procurador de Justicia del estado sea aplicada la última orden de aprehensión obsequiada por el juez penal en contra de Miguel Ramos.

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