MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Hechos quiere el pueblo,
no palabras



Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
6 de septiembre de 2008

Cuando platico con colonos, campesinos, obreros, estudiantes, amas de casa, etc., percibo en el estado de ánimo de la mayoría de ellos la insatisfacción, la molestia por el estado de cosas que guarda el país. La carestía de los productos en general, pero en particular los que son de primera necesidad, la delincuencia desatada, delincuencia que se ha desbordado por el grave error de los gobernantes y de la clase poderosa del país, quienes han empobrecido a la inmensa mayoría de mexicanos, al no aplicar una política económica que permita un mejor reparto de la riqueza social; un reparto que permita a las grandes mayorías trabajadoras del país tener un salario suficientemente remunerativo, una educación pública verdaderamente gratuita que eleve el nivel educativo, cultural y productivo de los mexicanos para elevar la competitividad (y lograr así que en el país se produzcan artículos, materias primas de alta calidad, tecnología y maquinaria de punta y a bajos precios, todo esto para lograr que la nación entera genere tanta riqueza social que, insisto, debe distribuirse de forma justa entre todos los mexicanos).

    Hace unos días platiqué con una humilde colona que vive en Manzanillo, la señora María Mancilla Flores, quien me describió con cierto detalle lo que le ocurrió el pasado viernes 29 de agosto en el Hospital Civil de Manzanillo. A las 16:00 horas se presentó en dicho nosocomio, pues tenía un fuerte dolor en los riñones producto de una aguda infección en esos órganos. Tuvo que esperar más de cinco horas para poder ser atendida, pues, la sala de “Urgencias” tenía un solo médico, lo cual es lo cotidiano. En esta sala se presentaron más de 50 personas ese día, muchas de ellas con fuerte dolores o con diarreas y con síntomas de enfermedades que ameritan incuestionablemente una atención rápida, oportuna, pues a algunas de estas personas, la enfermedad no sólo les provocaba fuertes molestias, sino la agravación de su padecimiento, al grado de poner en riesgo la vida de algunas de ellas.

    El mismo nombre de este tipo de salas de los hospitales “Urgencias” indica que los pacientes se presentan ahí porque es urgente la atención que requieren. Pero en muchos hospitales públicos del país, estas salas de “Urgencia” y en general todas las áreas de los hospitales, son verdaderas salas de tormento chino, pues los pacientes, que son gente humilde, tienen que esperar soportando sus molestias, sus dolores horas y horas. Es tal la insensibilidad de quienes llevan el sistema de salud del país que, esos tormentos, esas pésimas condiciones de los hospitales y clínicas, ese pútrido burocratismo que corroe al sistema de salud nacional, hace que los mexicanos pobres (que constituyen por cierto, cerca del 80% de la población nacional), tengan a médicos que cumplen sólo porque deben de obtener un salario; no hay humanismo, no hay solidaridad humana, no hay interés ético por curar a los hijos del pueblo.

    Pero todo esto es producto no sólo de salarios bajos a los médicos, las enfermeras, camilleros, afanadoras, etc. El problema tiene raíces más profundas, pues la inmensa mayoría del personal que labora en el sistema nacional de salud, está mal preparado, dado que, desde el pupitre escolar estos profesionistas, técnicos y trabajadores de la salud jamás se les enseñó su carrera con un sentido no sólo profesional, sino también con un sentido de conciencia verdaderamente humanista. En México muchos médicos, como en la mayoría de profesiones, hacen carrera profesional pensando en que la profesión será un importante peldaño para elevarse en la escala social. Una forma de acomodarse económica y socialmente, salvo las honrosísimas excepciones, sin importar otra cosa.

    Sin embargo, lo que más agrava esta situación crítica del sistema de salud, son las políticas en la materia que ha instrumentado el gobierno federal, políticas muchas veces secundadas por los gobiernos estatales. El famoso “Seguro Popular” creado por el anterior presidente de la República y seguido por el actual, es un gran engaño al pueblo de México, pues, bajo un disfraz de “Popular” y de “bajo costo”, en realidad instrumenta una atención de muy mala calidad y además no tiene nada de “popular”, pues los pacientes terminan gastando cientos y hasta miles de pesos, dado que los pacientes o sus familiares terminan siempre pagando los altos costos en medicinas y aparatos.

    El ejemplo del Hospital Civil de Manzanillo es sólo una gota en el inmenso océano de injusticias, corrupción, burocratismo e insensibilidad que corroe las entrañas de las instituciones públicas del país. El presidente de la Republica, el día de ayer se quejó porque los medios de comunicación del país sólo “publican lo malo y desalientan a la ciudadanía”. Yo me pregunto, seguramente como muchos ¿y qué es lo bueno que ocurre en México? Por eso creo que hoy más que nunca el pueblo quiere hechos, no palabras.

       

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