MOVIMIENTO ANTORCHISTA



¿Qué hacer ante la enfermedad del mundo?

Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
10 de mayo de 2008

Esta pregunta, tal vez nos la estemos haciendo con más frecuencia, muchos seres humanos en la actualidad y, es que el futuro del género humano no solamente es cada vez más sombrío, sino, incluso, ya presenta síntomas de ser aterrador.  El efecto invernadero no es ya sólo una hipótesis, como hace algunos años suponían distinguidos hombres de la ciencia, de la política, de la literatura, de la prensa, etc., es, por el contrario, una brutal y alarmante realidad que afecta ya a la inmensa mayoría de la humanidad, no sólo porque los milenarios hielos de los polos del planeta Tierra se están derritiendo y amenazan con inundar a muchas ciudades portuarias o regiones enteras o porque ahora los huracanes y tormentas tropicales que surgen en los océanos azotan con una virulencia devastadora nunca antes vista a muchos países y regiones enteras del planeta, sino también porque, el cambio climático, producto de la polución de la atmósfera del globo, ahora ya amenaza con destruir la flora y fauna de regiones inmensas del mundo, amenaza con desertificar vastas regiones del planeta, convirtiéndolas en tristes páramos sin posibilidades de que la vida florezca, sin posibilidades de que el trabajo del hombre pueda fecundar a la madre de la riqueza social que es la propia naturaleza. Ese es el principal peligro que se cierne sobre el género humano si no se para a tiempo la destrucción del planeta.

Pero, como ya predijeron grandes pensadores de la humanidad, el sistema social actual, el capitalismo, se cava su propia tumba. La clase beneficiaria del sistema social actual, los grandes empresarios, los potentados del orbe, en su afán voraz por obtener inmensas ganancias explotando a  los miles de millones de trabajadores que pueblan el mundo, no se detienen ante nada, no miran ni por equivocación hacia el futuro, hacia ese futuro que ya se vislumbra como apocalíptico. Resulta que no sólo con su insaciable apetito por engullirse los recursos naturales no renovables del planeta (por ejemplo el petróleo y sus derivados, el gas natural, los minerales, etc. y que le sirven para enriquecerse descomunalmente), los grandes potentados del mundo, ahora, que observan que esos recursos no renovables se están agotando, ahora para poder mover  a toda la industria, todos los medios de transportación, toda la agricultura y  todo el comercio del globo, esa misma clase de potentados del mundo, se apresta a utilizar  como fuentes energéticas a los recursos renovables, es decir se apresta a utilizar en gran escala en todo el globo terráqueo a la agricultura, para poder generar los biocombustibles, sustitutos de los combustibles fósiles. Pero, una vez más, sin medir las consecuencias de sus actos, los grandes tiburones que dominan la economía, la política y la ideología de nuestro atribulado planeta, quieren seguir acrecentando sus inmensas y fabulosas fortunas a costa de transformar los alimentos (los cereales -como el maíz, el arroz, el trigo, etc.- y las oleaginosas principalmente) en fuentes de energía para sus grandes corporaciones y empresas. ¿Cuál es el costo de esa terrible e irracional medida? El hambre de cientos de millones de seres humanos que, ahora, ya en estos momentos, ven cómo los productos que sirven de base para su alimentación diaria se encarecen brutalmente y, por tanto, los hunden en la más espantosa de las miserias, la miseria alimenticia.   
El mundo se enferma cada vez de destrucción del medio ambiente, se enferma de degradación de la naturaleza y ahora la enfermedad del mundo se agrava porque sobre el cataclismo sobre la naturaleza, por si no bastara tan terrible situación, ahora se cierne sobre la humanidad el fantasma de la hambruna mundial (ya hay motines y manifestaciones graves de descontento por los elevadísimos aumentos a los alimentos en varias partes de la Tierra, aumentos provocados por su utilización de la agricultura para generar combustibles).

Pero, como toda enfermedad tiene causas muy concretas, también respecto a la enfermedad actual del mundo no es difícil descubrir sus causas. El problema, radica, creo amigo lector, en ubicar cual es el remedio y quien puede ser el gran médico que pueda curar al enfermo. Ante la irracionalidad de quienes sin medir las consecuencias de su voracidad, están llevando al mundo a una catástrofe de incalculables consecuencias, la historia, como siempre, maestra de la humanidad, ya ha dado su veredicto en otras ocasiones: a las grandes enfermedades, grandes remedios. Ante las grandes crisis de la sociedad, ante los momentos cruciales de la humanidad, siempre se ha levantado un coloso, que guiado por mentes preclaras y voluntades a prueba de todo, dan un viraje en la forma de funcionar el esquema social. Ese coloso siempre ha representado el futuro, el avance social, por duros que sean sus retos. Ahora no debe ser la excepción. 

 

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