No cabe duda que cada día, con más diáfana claridad, se nos va mostrando a la ciudadanía colimense, la forma de gobernar del alcalde Mario Anguiano, quien no ha parado en pagar una costosa campaña periodística para tratar de desprestigiar al Movimiento Antorchista de Colima y a sus dirigentes. Desplegados en varios diarios locales, columnistas que sin rubor alguno calumnian sin ninguna prueba y que, dado el ostentoso servilismo hacia el edil, evidencian una utilización mercenaria de su profesión.
Mario Anguiano, con la utilización de recursos públicos se gasta dinero del presupuesto que debe ser destinado a objetivos más loables, es decir, en obras públicas como empedrados, machuelos, banquetas, limpieza de terrenos baldíos, electrificaciones, etc., para los ciudadanos más humildes de la capital del Estado. No es ninguna casualidad que el edil colimense sostenga que son los ciudadanos los que tienen que pagar los costos de las obras, pues, si uno revisa el presupuesto de egresos del municipio que aparece en la pagina de Internet que tiene el gobierno municipal de Colima, puede uno darse perfectamente cuenta que, por ejemplo, es muy alto el gasto en salarios (“servicios personales”). Y son muy altos los llamados gastos municipales de “representación social” y de “comunicación social”. En pocas palabras poco presupuesto para la obra pública que sirve a las mayorías trabajadoras.
Quiero señalar claramente que esto no es exclusivo del Ayuntamiento de Colima. Es más, creo que esa utilización del presupuesto ocurre en la inmensa mayoría de municipios de todo el país, pues, para nadie es un secreto que las “comunas” municipales son muy disputadas por los distintos partidos políticos sobre todo, porque los presupuestos asignados por el gobierno federal sirven para pagar buenos salarios, buenas prestaciones, gastos de representación, publicidad, promociones, etc., antes que para brindar obras y servicios a la población más necesitada -que es la aplastante mayoría en casi todos los municipios del país-, y, la cual vive, en la mayoría de los casos, en calles sin empedrar o pavimentar, es decir vive en calles que son polvorientas en épocas de secas y se convierten en lodazales en épocas de lluvias, vive sin drenaje, sin banquetas; que vive en colonias que en muchas ocasiones son atravesadas por canales de aguas negras a cielo abierto, por lo que constantemente sufre enfermedades derivadas de terrible insalubridad; viven en chozas, en barracas y, cuando mejor les va, en casas mal construidas, que tienen tantas goteras y son tan pequeñas que casi da lo mismo vivir dentro que fuera de estas “mansiones de la miseria”.
No es exagerado señalar que son muy contados los ayuntamientos del país que aplican la mayor parte de su presupuesto asignado en construir caminos, en dotar de agua potable a sus comunidades, en construir escuelas, en introducir la red eléctrica y en tratar a toda costa de que los habitantes tengan un mejor nivel de vida, esas honrosas excepciones, desgraciadamente son pocas, y aquí en el municipio de Colima no ocurre precisamente eso, más bien el grueso del presupuesto va a parar en muchas cosas no prioritarias, y aunque algunos rubros son muy necesarios como la limpieza pública, el alumbrado público, etc., hay muchos gastos que nos son urgentes necesidades sociales; necesidades importantes como los empedrados en la colonia Torres Quintero y en Francisco Villa, la electrificación de la 3ª sección de la Unidad Antorchista, la limpieza de terrenos baldíos de muchas colonias, la atención a fuertes necesidades como el entubamiento del canal de aguas negras que atraviesa las muy pobladas colonias Miradores I, II Y III, y Gustavo Vázquez, la impermeabilización de casas de colonos humildes (me llamó la atención que una persona hablara en el “Ángel Guardián” -programa radiofónico-, diciendo sobre esta solicitud que “ya nada más faltaba que a esos colonos les llevaran el desayuno a la cama”, esto indica el grado de insensibilidad que hay en algunas ciudadanos que viven en zonas residenciales de Colima, a los cuales la terrible pobreza de los humildes colonos que requieren de atención del gobierno, les tiene sin cuidado).
Hay, pues, dos formas en México de aplicar el presupuesto de los municipios, presupuesto que, como sabemos, sale de los bolsillos de todos los mexicanos, sobre todo de la población trabajadora, mediante el pago de impuestos. He aquí el verdadero fondo de la lucha del Movimiento Antorchista de Colima. Por esa falta de atención hacia los colonos pobres marcharemos por las calles de la capital y haremos un plantón la próxima semana en la sede del Ayuntamiento de Colima.
* Colaboraciones anteriores