MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Salvar a los potentados o
salvar a la humanidad?

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
17 de octubre de 2008

El sistema de libre mercado tiembla. Ahora esa felicidad global que tanto nos prometieron los promotores de la mundialización del capitalismo a la caída del “Socialismo real” -cuya cabeza fue la otrora URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas)-, se transforma en una verdadera pesadilla -ya lo es y ha sido por mucho tiempo para los pobres- para los grandes acaparadores de la riqueza social, pues su economía sufre los descalabros más fuertes en los últimos tres cuartos de siglo. Le decía en colaboraciones anteriores amigo lector, cómo la economía estadounidense para intentar salvarse de la debacle, ahora, bajo la descomunal presión de la crisis virulenta que sufre el capitalismo mundial, se ve obligada a adoptar medidas keynesianas, es decir, medidas en las que el Estado tiene que intervenir para salvar el funcionamiento de la economía de libre mercado.
   
El Imperio norteamericano tiene un elevadísimo déficit en la balanza comercial -en 2007 fue de más de 700 mil millones de dólares-, para financiar este déficit se ha endeudado cada día más; vende bonos del tesoro gubernamental a distintos países, vende sus activos a los extranjeros. Los norteamericanos consumen muchísimo más de lo que producen; es una economía en donde las capas menos productivas de la sociedad, los ricos, son demasiado derrochadores. En cambio, Bush ha incrementado los impuestos a las capas más pobres, la clase trabajadora, y le ha disminuido los impuestos a las capas pudientes de la sociedad gringa. Pero no sólo eso, también ha crecido la pobreza de las capas trabajadoras norteamericanas, no sólo por la vía de la depreciación del salario cuando éste se enfrenta en el mercado a productos cada vez más caros (sobre todo por la crisis alimentaria y el aumento de los precios del petróleo y sus derivados, que provocan un aumento generalizado en casi todos los productos), sino también, porque el gobierno de Bush, al estar financiando una costosísima agresión militar en Iraq y Afganistán, ha dejado caer la inversión pública en salud, educación, servicios de todo tipo a la población, teniendo como consecuencia, que han bajado notoriamente los niveles de bienestar y educación en población trabajadora de EEUU. Lo que ha desatado la crisis, ya en su forma virulenta es el hecho de que el gobierno gringo ha permitido a la caterva de ambiciosos especuladores, banqueros, principalmente, que con insaciable voracidad hayan especulado con las deudas de millones de familias, quienes adquirieron casas, departamentos, etc., elevando artificialmente precios, otorgando créditos a diestra y siniestra sin que muchos norteamericanos, dado su empobrecimiento, pudiesen tener posibilidades reales de pagar esas deudas contraídas; la consecuencia de la imposibilidad de pagar los créditos y de esa política especulativa ha sido, hasta el momento, el quebranto de medio centenar de bancos gringos, algunos de ellos muy importantes. Pero no son nada más los créditos impagables del sector inmobiliario los que han generado la crisis; es que toda la economía capitalista, desde hace varios lustros, se mueve frecuentemente en las llamadas “burbujas económicas” (a la burbuja especulativa inmobiliaria le precedió la burbuja.com, es decir, la burbuja de la Internet y de los medios electrónicos), burbujas en las que se manifiesta la voracidad insaciable de los empresarios, los cuales logran que sus fortunas se eleven colosalmente, sin que haya un aumento en el valor, -dicen los economistas-, “intrínseco”, de esas colosales fortunas, es decir, no aumenta el “valor” de las fortunas por que se les agregue más trabajo humano condensado, sino que el engrosamiento de las riqueza se da mediante la especulación.
   
En la profundización de la crisis del capitalismo mundial, resulta claro que los tiburones del dinero y de los negocios, debido a su gran voracidad, no han calculado los desastrosos efectos de sus ansias por querer comerse al mundo entero. Y ésta es una expresión de la contradicción fundamental del capitalismo: la anarquía de la producción. Los potentados quieren gigantescas ganancias, quieren una portentosa concentración y centralización de la riqueza en unas cuantas manos y quieren que la población trabajadora (que constituye la aplastante mayoría en todos los países) consuma sus productos y sea altamente productiva a la vez, pero, resulta que los poderosos, cada día le dan menos salario y empobrecen a los trabajadores ¿Cómo van consumir más los pobres si cada vez tienen menos poder adquisitivo? Por tanto ¿Cómo van a adquirir las mercancías, y los servicios de los potentados, es decir, cómo van a lograr hacer funcionar correctamente al mercado? ¿Cómo van a ser más productivos los trabajadores si sus condiciones sociales empeoran? Que no culpen los poderosos a los pobres e insolventes. La culpa es de los mismos poderosos, de su ambición sin límites. La causa profunda de la crisis es la anarquía de la producción.

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