El problema de la Reforma energética no puede ser abordado, como si fuera una reforma que no tiene conexión con las demás reformas que viene impulsando la derecha del país (la fiscal, la laboral, la educativa, etc.), pues, en realidad todas estas reformas tienen un mismo propósito esencial: lograr que la clase poderosa del país aumente la tajada del pastel de la renta nacional. Y, como todas las reformas, en realidad forman un sólo proyecto, en el que cada parte –cada reforma- debe armonizar, debe concordar con el todo y con cada una de las partes; si una de esas partes resulta con un espíritu contrario al todo o al resto de las demás partes puede hacer fracasar al resto o debilitar al conjunto de las reformas que está impulsando la clase empresarial mexicana. Pero, todo parece indicar que esto es lo que no han entendido los que ahora se “oponen rabiosamente” a la reforma energética impulsada por las fuerzas de la derecha, es decir, por los partidos que conforman el FAP (Frente Amplio Progresista) que encabeza el PRD. Y digo no han entendido pues, aunque dizque “patalearon” en la deliberación y en la votación los perredistas cuando se aprobó el año pasado la Reforma Fiscal, en realidad la aceptaron (y hasta hay analistas que sostienen que la pactaron previamente, a cambio de ciertas concesiones en la reforma electoral), con lo que permitieron que la derecha impusiera el primer golpe al pueblo trabajador. ¿Acaso no se obtendrían de esos inmensos recursos que pagarían la clase de los patrones, los dineros necesarios para liberar fiscalmente a PEMEX si la reforma hacendaria hubiese obligado a los grandes evasores fiscales a pagar lo que es justo y necesario? ¿Acaso, con esto no se podrían, por ejemplo, construir esas refinerías de las que habla el Presidente Calderón y que generarían mucho empleo y riqueza?
La reforma fiscal aprobada hace unos meses, como se sabe, lejos de buscar que el gobierno obligara a la clase de los más ricos del país, con el IETU, sólo se disfrazó aún más la protección y los grandes privilegios de los sectores más ricos del país, pues con la indulgente reforma, lo mismo les da ahora a los empresarios, pagar el IETU o evadir fiscalmente al estado. Con esa reforma también ahora eluden impuestos so pretexto de “labores altruistas”. En cambio, la reforma fiscal ahora obliga a los pequeños ahorradores a pagar por sus depósitos bancarios el 6% y, a toda la población se le impuso el 5.5% de impuesto a la gasolina, lo que ha venido provocando un aumento constante de los precios de todos los productos, afectando gravemente los bolsillos de los trabajadores ¿Por qué no se opusieron con esa supuesta “rabia” los perredistas a la reforma fiscal, si era el primer gran golpe al pueblo trabajador? ¿Por qué ahora los señores legisladores del PRD toman la tribuna del senado y la tribuna del la Cámara de diputados, de forma arbitraria y autoritaria por una supuesta “oposición” a la privatización de PEMEX? Desde mi modesto punto de vista creo que el PRD no busca en realidad defender los intereses del pueblo trabajador, busca el poder por el poder, es decir busca el botín del estado porque este es fuente de privilegios, de acomodamiento, de poder y de riqueza. Esto se comprueba ahora que, de forma violenta toman las máximas tribunas legislativas del país, sin importarle verdaderamente la opinión de los mexicanos. Crear un conflicto artificial para distraer la atención sobre el cochinero que resultó la elección interna de su dirigencia nacional y presentarse como los más consecuentes luchadores por la no privatización de PEMEX para ganar incautos adeptos con miras a ganar las elecciones. López Obrador ha declarado que el PRD “busca una reforma energética ‘democrática’, ‘plural’”, etc. pero, muchos ciudadanos nos preguntamos ¿Será democrático un partido que le impone al país entero, de forma arbitraria la toma del poder legislativo? Este acto demuestra (como lo están demostrando el trato que dan los gobiernos perredistas en Texcoco, en Michoacán y en Distrito Federal a los humildes colonos, campesinos y estudiantes antorchistas, que solicitan atención a sus demandas y sólo reciben negativas y amenazas de represión) una vez más que los “izquierdistas” están enfermos de ansias de poder, de dinero y de privilegios. El pueblo trabajador debe distinguir a los lobos con piel de oveja. La reforma energética debe ser democrática, el pueblo debe conocer la verdad, debe opinar y decidir, sin engaños, sin presiones, con verdadero conocimiento de causa.
* Colaboraciones anteriores