MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Abuso policíaco en Zapotiltic

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente estatal antorchista en Colima
Colima, Col. a 22 de noviembre de 2008

El pasado domingo 16 de noviembre, el que escribe estas líneas se encontraba, junto con dos estudiantes y un padre de familia haciendo una colecta pública en apoyo al albergue “Graciano Sánchez”. La colecta se realizaba desde las 10:30 de la mañana en la comunidad conocida como El Coahuayote, perteneciente al municipio de Zapotiltic, Jalisco, municipio gobernado por el PAN (como es de conocimiento público los estudiantes del albergue estudiantil “Graciano Sánchez”, durante años han hecho sus campañas económicas dentro y fuera del estado para obtener algunos recursos que le permiten solventar en parte los gastos de manutención de los integrantes de ésta institución); transcurridos escasos 55 minutos de haber iniciado la colecta, llegó un individuo con aliento alcohólico en un automóvil con logotipo de la presidencia municipal de Zapotiltic y se dirigió a mi persona diciendo textualmente con visible alteración “no pueden colectar aquí”. Me dirigí a mi interlocutor diciéndole que me enseñara el reglamento en donde se señalaba expresamente que no podíamos hacer la actividad del albergue. Sin hacerme caso, se alejó y habló por radio portátil; a los 3 minutos se estacionó cerca de nosotros una camioneta de la policía de Zapotiltic y dos policías se encaminaron hacia los que colectábamos y, con palabras soeces dijeron que nos retiráramos de ahí. Sin mediar más palabras me tomaran de los brazos, los torcieron con el propósito de esposarme ambas manos, lo cual hicieron, para luego con violencia aventarme a la caja de la camioneta de ellos.

Ante mi reclamo, simplemente me dijeron p… te vamos a llevar a la comandancia de policía. Ante esta agresión les exigí que me dijeran cual era el delito por el que me detenían y me privaban de mi libertad. Sólo burlas y palabras soeces recibí como respuesta. Sentado en la caja de la camioneta recorrí el centro de Zapotiltic, y, como si fuera un peligroso delincuente sentí las miradas de decenas de transeúntes que sin saber la arbitrariedad que se cometía, por el semblante de su rostro, creo suponían estos ciudadanos que la policía había atrapado a un peligroso ratero, o a algún narcotraficante, etc. En esos momentos recordé lo que les está pasando a nuestros compañeros encarcelados desde el 29 de septiembre en Querétaro; infamias y más infamias de la “justicia” fascista quien les prefabricó delitos para castigarlos por defender su pozo de agua potable.

Ya en la comandancia me sentaron frente a un supuesto comandante de policía, el cual nunca se identificó, éste me exigió que me quitara zapatos, reloj y cinturón, volví a exigir que me dijeran cual era el delito que había cometido, que me enseñaran la orden aprensión dada por un juez. Mi teléfono celular sonaba y sonaba constantemente y pedí me permitieran contestar las insistentes llamadas (eran los estudiantes que querían saber a donde me habían trasladado), pero pasaron más de dos horas y esa policía venal y arbitraria me mantuvo en total incomunicación. Así hasta que, después de varias horas en las que nunca me demostraron que hubiese cometido algún delito, me soltaron.

Es importante señalar que el “Reglamento de policía y buen gobierno de Zapotiltic” no contiene ninguna infracción relacionada con las actividades que estaban realizando los estudiantes y un servidor, por lo que la policía de Zapotiltic cometió sin duda alguna, un vil abuso de poder y la pregunta surge irremisiblemente ¿Quién ordenó la detención? ¿Cuál fue el verdadero propósito de este vil atropello? Es tan burda la forma en que se cometió la detención pues, resulta amigo lector, que la fracción XXV del artículo 12 del reglamento señalado dice textualmente que se sancionará a las personas “por ingerir bebidas embriagantes en la vía o lugares públicos no autorizados”, y, resulta que decenas de personas en las narices de la policía estatal, a unos pasos del lugar donde me detuvieron, ingerían bebidas embriagantes y a nadie se le molestó por eso. El mismo individuo, trabajador del municipio de Zapotiltic que nos abordó en la primera ocasión con su radio-portátil estaba en visible estado de embriaguez,  ese sí que es un infractor, y no se le castigó. El artículo 14, fracción I señala que se sancionará  por “agredir a otra persona verbalmente en lugares públicos o privados”. Pero los policías no sólo me agredieron verbalmente, también lo hicieron físicamente. El artículo 16 de la Constitución dice: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. En Zapotiltic la Constitución está siendo pisoteada, -al parecer, no soy la única persona que sufre este tipo de agresiones- pues cualquier ciudadano es molestado por los satrapillas, cuyos jefes municipales les ordenan; es detenido, es privado de su libertad, es zarandeado, vejado y humillado. No cabe duda, amigo lector, con los derechistas en el poder, el país se descompone cada día más y más.    

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