Tronó otro banco importante de la gran potencia económica del mundo, el Lehman Brothers y, una vez más, los mercados financieros del mundo sufrieron un fuerte nerviosismo; otra vez una desplome de las principales bolsas de valores del mundo. Para frenar ese nerviosismo económico, el gobierno de los EE UU, anunció que discutiría la instrumentación de un plan de rescate financiero en el que se aplicarán, según sus reservados pronósticos, más de 700 mil millones de dólares. Pero, esta formidable cantidad de recursos, claro está, no saldrán de los bolsillos de los grandes banqueros, industriales y comerciantes de la gran potencia (verdaderos culpables inmediatos, junto con el gobierno gringo, de la crisis que está ya preocupando profundamente a la mayoría de la población norteamericana). Saldrá de los impuestos que paga la clase trabajadora norteamericana. De hecho se habla de la formación de un gigantesco “Fobaproa”, con sus peculiaridades gringas, que permitirá, según sus promotores, a los grandes potentados de los EE UU salir de sus acuciantes problemas. La clase del dinero y del poder ya puede respirar tranquila, puesto que, el costo de su ineptitud, de su incontrolable avaricia, de su notoria corrupción, será, a final de cuentas, muy bajo (sino es que nulo).
El Estado en el actualidad, como hasta un niño lo sabe, está facultado mediante leyes y mediante el control de los órganos político-burocrático (los poderes ejecutivo, legislativo y judicial), para imponer los mecanismos que obligan a la población –y principalmente la clase trabajadora que es, como sabemos, la aplastante mayoría- a que entregue a ese mismo Estado todo tipo de impuestos y exacciones, para así, con esos ingentes recursos aplicarlos en primer lugar a pagar el funcionamiento de ese gigantesco aparato estatal y, en segundo lugar, y muchas veces sólo teóricamente, atender las necesidades de salud, educación, cultura, etc. de toda la población de la nación. Y ese poder inmenso, ineludible mientras las clases trabajadoras no logren el control del poder estatal, es el que ahora, mediante un acuerdo entre los dos únicos partidos reconocidos en la gran superpotencia (el Demócrata y el Republicano), permitirá aplicar un “plan de rescate de la banca y de las finazas y de la economía norteamericana”.
Pero, no olvidemos que la clase trabajadora gringa es la que ha aportado ya más de 800 mil millones de dólares -obtenidos de sus impuestos- para pagar la sangrienta e infame agresión del ejército yanqui a Irak y Afganistán. Entonces, la situación se hace cada vez más sombría para los cientos de millones de trabajadores norteamericanos, sean estos obreros, empleados o profesionistas, pues resulta que la insaciable clase empresarial yanqui está redoblando la explotación de sus clases trabajadoras; ahora, a la extracción de plusvalía (es decir a la obtención de inmensas ganancias obtenidas por los empresarios, por la vía económica directa de no retribuirles todo el valor que, jornada tras jornada, producen los trabajadores, ganancias que permiten la acumulación de fortunas gigantescas en las manos de esos patrones), se le suma la exacción cada vez mayor de impuestos para pagar guerras injustas que sólo sirven para que esa misma clase empresarial se enriquezca más y más; se le suma también la exacción de impuestos para “rescatar” a los que han llenado sus arcas durante siglos con cientos o miles de millones de dólares y, que siempre han vivido en la superabundancia, en el súper lujo y el derroche más descarado ¿Por qué no ponen ellos sus fortunas para su propio rescate?.
Resulta un doble juego, una maniobra hipócrita la postura del partido que promueve la candidatura a la presidencia de los EE UU de Barak Obama, pues, mientras éste critica a la propuesta promovida por George Bush (propone que a los contribuyentes que aportarán recursos para el plan de rescate sean considerados “inversionistas”, es decir que se les devuelvan a la postre los impuestos y que a “los altos ejecutivos de Wall Street no se les de ni un centavo de los dineros para el rescate, pues estos son los responsables del desplome de la economía”), el partido Demócrata con la celeridad que le impone la poderosa clase empresarial, se apresura a tomar un acuerdo con los republicanos para legitimar la propuesta de Bush. No cabe duda, amigo lector, este mundo de libre mercado cada día anda más mal, y sólo el ejemplo de los regimenes que intentan hacer en la sociedad un mejor reparto de la riqueza social son los que pueden dar luz sobre cómo salvar al mundo del cataclismo económico, social y ecológico que se cierne sobre la humanidad.
* Colaboraciones anteriores