MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Llegó con tres heridas


Héctor Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col. a 24 de julio de 2008

No estoy, hablando, amigo lector, del famoso poema de Miguel Hernández Llegó con Tres Heridas; hablo de la situación actual de orden económico mundial, del cual puede decirse, se encuentra herido gravemente por tres grandes crisis: la financiera, la energética y la alimentaria. Crisis que están evidenciando el fracaso rotundo del actual sistema neoliberal en el nivel del globo terráqueo.

La crisis financiera en Estados Unidos ha venido creciendo, pues a la quiebra de bancos como Bear Stearns, Merryl Linch y Citygroup, se le ha sumado la de otros como Lehman Brothers. Hasta el momento, el sistema financiero de la gran superpotencia ha tenido pérdidas por más de 250 mil millones de dólares. Pero esa crisis que se inició en EE. UU., como crisis inmobiliaria, ahora está contagiando a todo el planeta, pues resulta que los bancos del orbe, sobre todo los más importantes, ya no prestan unos a otros, pues hay una enorme desconfianza, debida al gran temor de que el dinero prestado, ya no sea regresado, pues el que “no cae, resbala” como dice el proverbio popular.

Tan mal andan las cosas para los grandes potentados de las finanzas, que a pesar de que los bancos centrales de los gobiernos han inyectado “liquidez”, es decir cientos de miles de millones de euros, dólares, etc., para lubricar las economías, nunca como hoy ha existido tanta sequía de dinero. Los grandes tiburones del capital mundial, no invierten ya su dinero con la misma confianza que hace algunos años; ahora hay una tendencia a invertir sólo en los lugares seguros, es decir, en las grandes economías consolidadas, punta del capitalismo mundial como Japón, EE UU, Alemania, Gran Bretaña, mientras que las inversiones en naciones en “proceso de desarrollo”, como México, ya no son tan fácilmente destino de grandes inversiones.

La crisis energética, otra de las graves enfermedades del sistema -que interactúa con las otras dos-, es producto de la gran voracidad del sistema económico que tiene como motivo central de todo su funcionamiento, la ganancia a toda costa. Nunca  los grandes potentados del orbe se han preocupado por racionalizar el uso de los combustibles fósiles, y, ahora que están en declive muchos de los yacimientos, el crudo está llegando al precio de 140 dólares por barril y las predicciones dicen que puede llegar a los 200 dólares a fines de diciembre de este año. Todo esto está encareciendo la producción de la inmensa mayoría de productos, y, por supuesto, es un factor fundamental del encarecimiento de los alimentos.   La crisis alimentaria no sólo tiene como factor la producción de biocombustibles que son obtenidos del maíz, la caña de azúcar, las oleaginosas, etc.; también, como ya han señalado los especialistas, es resultado del hecho de que países como China  e India, que antes  exportaban sus grandes excedentes de granos, ahora, dado su enorme crecimiento económico, han dejado de exportarlos, pues son grandes consumidores de estos alimentos. Sin embargo, la FAO (Organización para la Alimentación y Agricultura), organismo de la ONU, ha señalado con mucho tino que: con la tecnología, la infraestructura y los recursos productivos actuales, la sociedad podría producir alimentos para 12 mil millones de personas, casi el doble de la población total del globo. Esto significa que el sistema socioeconómico es el que está fallando; no fallan, ni la ciencia, ni el hombre en general, ni los recursos materiales, ni los miles millones de hombres que constituyen la humanidad trabajadora: lo que falla es el sistema socioeconómico.
     
Ante este desolador panorama, nuestro país requiere como nunca de una política verdaderamente nacionalista, que no dependa de las directrices del Fondo Monetario Internacional, ni de ningún organismo del imperialismo, pues sus recetas neoliberales han conducido al mundo al borde del precipicio económico, social y político. Por estas poderosas razones, urge un cambio de rumbo en la política económica y social del país. Urge una profunda reforma educativa que eleve drásticamente el nivel educativo del pueblo mexicano, que permita que no sólo este pueblo sea carne de cañón de sobreexplotación, miseria, desempleo, emigración, ignorancia, insalubridad, etc. Urge que la Reforma Energética, que ahora se cocina en las esferas del poder, sea, no para depender aún más del imperialismo, sino que sirva para hacer de Pemex, una empresa que ayude a elevar el nivel económico de las grandes mayorías empobrecidas del país, para lo cual debe acabar con la corrupción que la corroe, y sirva para que sus ganancias se inviertan hasta ser un motor de la economía nacional. Urge también que México modernice su agricultura, su ganadería, su silvicultura, su pesca, su industria, su minería, etc. Ésos  son los grandes retos.

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