Todos los días, sin faltar uno solo, y para desgracia nuestra, escuchamos noticias negativas, lastimosas, desagradables, en fin, información nada halagüeña, nada que nos aliente a los mexicanos. Vemos por televisión, escuchamos en la radio o leemos en los periódicos y revistas sobre la ola de violencia que azota al país: secuestros, asesinatos en masa por venganzas o ejecuciones hechas por los grupos que se disputan el control de los mercados de la droga, del tráfico de estupefacientes y de personas, y muchas otras formas del crimen organizado.
Ante esta ola de criminalidad imparable, los grupos de mayor poder económico del país han orquestado una campaña mediática y política con el propósito de “presionar a las autoridades para frenar la impunidad”. Pero, esa campaña que pretende justificar el endurecimiento de las medidas coercitivas, de represión gubernamental hacia el crimen, sea o no organizado, no dará ningún resultado favorable para frenar esa criminalidad en todas sus variantes; de hecho, una de las banderas principales del gobierno del presidente de la República, Felipe Calderón, que ha sido el combate al narcotráfico y al crimen organizado, como todo mundo ha podido apreciar, ha sido, si no un fracaso total, a la mayoría de mexicanos nos ha quedado la sensación de que no ha dado en el blanco; no ha sido una lucha planeada y ejecutada correctamente, pues no ha utilizando los grupos de inteligencia del Estado para penetrar y desbaratar a ese crimen organizado, ha prevalecido la ineptitud, la corrupción, la confabulación de altos mandos con los delincuentes, etc.
El crimen organizado no sólo no desaparece, sino que aparece con otras formas, más violentas, con mayor profusión y con mayor grado de eficacia. Y al gobierno federal parece no preocuparle esta situación, pues aunque montó un teatro mediático recientemente para “hacer compromisos” a través de las principales instancias de Seguridad Nacional, la realidad monda y lironda es que el crimen y la delincuencia no desaparecen, ni siquiera se aminoran, por el contrario, se fortalecen cada día que pasa.
Pero, tanto el gobierno calderonista como la clase empresarial mexicana, quienes creen que al crimen organizado y en general la delincuencia se le puede eliminar atacando los efectos, sin atacar las causas, de antemano les podemos augurar un fracaso rotundo, pues la delincuencia, el crimen organizado, no se le frenará con una legislación penal más dura, o con el equipamiento con armamento más poderoso y costoso de las corporaciones policiales e instituciones destinadas a combatir al crimen. La clase empresarial del país y el gobierno federal no cometen un “error de enfoque”, como pueden suponer algunos, pues si así fuera, bastaría con que al darse cuenta de sus “errores”, para cuidar su propio prestigio, tratarían de enmendarse y se lanzarían a atacar las causas verdaderas que han generado el estado de cosas tan grave del país. Tratarían de acabar con la terrible desigualdad social que hay en el país, con el desempleo, con la malísima educación que ha colocado al país en los últimos lugares a nivel internacional. Entenderían que la delincuencia tiene que ver precisamente, con el injusto reparto de la renta nacional; tiene que ver con el abuso excesivo que han estado cometiendo los potentados del país, al dejar en la pobreza extrema a un tercio de la población mexicana y al dejar al otro tercio, en la pobreza a secas, pero pobreza al fin. Tendrían que ver con esa polarización económica en la que una exigua minoría ha acumulado inmensas fortunas, mientras que millones y millones de mexicanos se debaten en el desempleo galopante, que produce emigración, insalubridad e ignorancia.
Pero el gobierno de la derecha no puede a estas “alturas del partido”, negar que el modelo económico y social que ha sostenido, ha fracasado rotundamente, pues hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) organismo del imperialismo que ha sido el gurú de los gobernantes mexicanos, señaló hace poco que México cayó 10 lugares en el índice de la distribución de la riqueza social. En 2000 México estaba en el lugar 48 (de 182 países) en cuanto al ingreso per cápita y ahora está en el lugar 58. En el año 2000 el país era la economía número 11 del mundo, ahora es la l5; el día de ayer la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) señaló que la economía mexicana es la que menos ha crecido en el último año en toda América Latina, apenas el 2.5%, mientras que otras economías como Perú (8.5%), Uruguay y Argentina (7%) y Cuba (6%) han crecido a tasas mucho más alentadoras.
México cae en su economía, la vida de los mexicanos se deteriora, nuestros indicadores de bienestar social son cada vez más malos y sobre todo injustos; la delincuencia se desata y la riqueza social con cada vez más fuerza se concentra en unas cuantas manos. ¿Cómo detener la caída de México?, es una pregunta que cada vez, también con más fuerza, nos hacemos la mayoría de mexicanos. Y no puede haber otra respuesta; hay que hacer un reparto más equitativo de la riqueza social.
* Colaboraciones anteriores