MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿A quién beneficia el voto nulo?

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col. a 5 de julio de 2009

Las elecciones para escoger a gobernador, a presidentes municipales, a diputados federales y locales están  ya en puerta; éste domingo se dirimirá la lucha por los puestos en el poder ejecutivo y en el legislativo. A  los candidatos y miembros prominentes de los partidos políticos de esta contienda ya “se les cuecen las habas” por obtener el resultado apetecido. Sin embargo, con algún grado de preocupación, varios candidatos y analistas especializados en la temática electoral, han manifestado su punto de vista sobre el fenómeno político llamado voto nulo (o voto blanco). La mayoría de éstos han externado -a través de los medios de comunicación- su preocupación porque muchos electores el día de los comicios nulifiquen su voto, tachonando toda la boleta o dejándola en blanco; sostienen que esa actitud, es, por decirlo de forma suave, algo “contrario a la democracia”, es “permitir que otros decidan por ti”, etc., etc.

            Pero, por otro lado están los promotores del “voto nulo”, los que de forma activa –y a veces muy activa- promueven que el electorado nulifique el sufragio, como una forma de protestar contra todos los partidos, los cuales, según ellos, no se diferencian en nada, pues todos estos partidos ejercen el poder “de forma patrimonialista”; todos los miembros de los partidos que asumen cargos públicos, “utilizan el poder para enriquecerse”, “todos son gente corrompida”, etc. Para algunos de los promotores del “voto nulo”, sólo es correcto que la ciudadanía vote cuando los candidatos que compitan en las elecciones, sean personas ajenas a la “partidocracia”, sean “candidatos ciudadanos”, que por ser personas ajenas a las sectas políticas que monopolizan el poder, pueden ser gobernantes, legisladores o funcionarios que sí sirvan a la ciudadanía.

            En mi modesto punto de vista, tanto los detractores del voto nulo, como los promotores de éste, coinciden en esencia en dejar intacto el problema de fondo. Este problema de fondo consiste en que el pueblo trabajador en México con la actual “democracia”, no tiene otro derecho que el de votar cada tres o cada seis años por un menú de candidatos que le ofrece la clase poderosa del país, y ya electos los  candidatos ganadores, estos asumen el poder, poder que es considerado como un botín. Mientras  que las masas trabajadoras tienen vedado completamente cualquier injerencia en los asuntos del poder. “Tu derecho termina después de depositar tu voto” –dirá un flamante ganador de las elecciones-, “ya ejerciste tu sacrosanto derecho, ahora espera a que los que tu elegiste, dispongan a su arbitrio de los recursos y asuntos del estado”.

            Por esta razón, cuando los conspicuos miembros de los partidos políticos y los candidatos de los mismos, se oponen a que la gente emita votos nulos, no le pueden demostrar a los futuros electores (bastante desconfiados y hartos ya de la  famosa “democracia”), cuales serán los “beneficios” reales, que obtendrán de seguir emitiendo votos por uno u otro partido, cuando, en realidad, los candidatos “son más de lo mismo”,  “están todos esos candidatos y políticos cortados con la misma tijera”.  El ciudadano común, el que vive modestamente de su trabajo, no sólo el día de la votación, cuando esté frente a la urna, sino en cualquier momento previo a las elecciones, se preguntará ¿De qué me sirve votar si los gobernantes no me resuelven mis terribles problemas como el desempleo, el muy bajo salario que percibo, la muy mala educación que reciben mis hijos, la mala atención médica, la desnutrición de mi familia, etc.?

            Pero, también los promotores del voto nulo no saben explicarle a los electores cómo es que los candidatos “independientes” podrán ser postulados si la ley no lo permite, si la ley establece el monopolio del poder, el cual no se puede dejar arrebatar por simple voluntad a la clase que maneja a la partidocracia. Y es que, precisamente, el problema de fondo es el que no tratan de resolver los anuladores. El problema acerca de la cuestión fundamental: ¿Qué clase social debe estar en el poder? ¿De qué sirve anular el voto si, de todos modos seguirán gobernando los grupos poderosos a través de la rancia partidocracia? Los partidarios del voto blanco crean la ilusión de un “cambio”, por anular el voto; crean la ilusión de que se fortalece un grupo que se opone a los viejos políticos, lo cual es falso ¿Qué  organización proponen los “anuladores”?  ¿Cómo van a establecer un gobierno que responda a los intereses de las grande masas trabajadoras, si no existe la organización de clase que permita luchar por el verdadero cambio? Por esa razón, el problema de las grandes mayorías del país no se resolverá con las ilusiones que promueven los “ideólogos” del voto nulo. El problema se resolverá cuando la organización clasista de los pobres de México, dado su crecimiento cuantitativo y cualitativo tome en sus riendas el estado para instrumentar un reparto equitativo y justo de la riqueza social.      

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