En Alemania los principales líderes políticos de Europa y de otras partes del mundo se reunieron para “celebrar el 20° aniversario de la caída del Muro de Berlín”. Una celebración, que evidentemente, después del fracaso de los “gobiernos postcomunistas”, que surgieron después del derrumbe del llamado “socialismo real” en los países de Europa del Este, se torna grotesca, y sobre todo, sin ningún motivo auténtico para que los parias de Europa y el mundo celebren nada, puesto que, el paraíso que las elites capitalistas prometieron a las grandes masas trabajadoras de los países que se encontraban “detrás” de la “Cortina de Hierro”, nunca llegó. Por el contrario, el tan ansiado “paraíso de la libertad y de la democracia y de los elevados niveles de vida”, no sólo ha sido una total mentira, una quimera irrealizable, una engaño descomunal, sino que, peor aún, al desaparecer el mundo “bipolar”, al entronizarse en todo el Globo Terráqueo el sistema de libre mercado, males que si bien, no habían sido eliminados del todo bajo el sistema “totalitario”, sí habían disminuido drásticamente el desempleo, la mendicidad, la prostitución, el alcoholismo, la drogadicción, el tráfico de drogas, etc. Ahora esos flagelos han resurgido con una fuerza multiplicada y avasalladora.
Por ejemplo, en el interesante reportaje de Raúl Sánchez Costa, del diario español El País, titulado “Corrupto, sin dinero y sin gobierno, a 20 años de la caída del muro” (6 de noviembre de 2009) el periodista señala que en Rumania, país ex miembro del bloque socialista, la inmensa mayoría de habitantes están “Inmersos en una crisis económica…los rumanos intentan sobrevivir entre penurias…A numerosas escuelas ya no llegan fondos ni para calentar las clases…los niños tiritan porque no tienen leña para calentarse…en los hospitales los pacientes deciden cubrirse con varias mantas para soportar las bajas temperaturas, aunque el principal problema es la falta de material y medicamentos…nunca hemos padecido una crisis de estas características…la gente tiene que comprar sus propias medicinas…A esta situación se añade el principal mal endémico: la corrupción…”. En otro reportaje de El País, fechado el mismo 6 de noviembre, titulado “La crisis aleja el sueño capitalista” la periodista Andrea Rizzi, nos dice de Letonia, ( que ahora tiene la más alta tasa de desocupación de toda Europa), “Este país al igual que su vecino Lituania, sufrirá la contracción del PIB (Producto Interno Bruto) más alta del mundo en 2009; una caída del 18 %, según el Fondo Monetario Internacional…Una situación dramática si se considera que el Estado está al borde de la bancarrota…El impacto brutal de la crisis ha agrietado de repente el sueño de libertad que animó el apasionado abrazo del país a Occidente…”. Rizzi cita a Andris Vilks, asesor del actual Primer Ministro del Gobierno Letón: “En 2005 ya empezamos a advertir que todo iba demasiado rápido, que había demasiado crédito fácil y consumo, y poca producción de bienes, pero los políticos no pisaron el freno a tiempo”, esto, según Rizzi, provocó que la economía letona se descarrilara y provocará fuertes disturbios en la capital, Riga. “Ahora -agrega Rizzi- a los jubilados se les ha recortado su pensión en un 10%. Profesores, médicos y policías…todos les ha ido peor…Algunos dicen que, ganada la independencia de Moscú, la hemos perdido a favor del FMI…”.
En Polonia, la cosa no ha ido mejor, pues también en aquellos famosos astilleros de Gdansk ciudad en donde surgió el poderoso sindicato
Solidaridad -aquella organización católica que jugó un papel decisivo en la caída del socialismo en Polonia-, ahora están en crisis, no hay producción, hay un altísimo desempleo; el sueño enervante que ofrecieron los cantos de sirena del capitalismo, a fuerza de golpes, se desvanece. Ahora, los obreros de Polonia y de toda Europa Oriental empiezan a perder la fe en que sociedad de la “libertad” los “vaya a salvar” de sus penurias. Los saldos que dejan 20 años de “democracia occidental”, son desastrosos: Yugoslavia fue desmantelada por las ansias depredadoras de los imperialistas; la guerra balcánica dejó un saldo de 140 mil muertes, y las economías de Serbia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Herzegovina y Kosovo, quedaron en la miseria. La otra guerra, la económica, la de los grandes tiburones del capital, endeudaron a casi todos las naciones de Europa Oriental con voraces empréstitos, dizque para “desarrollar las economías” y brindar “las mieles del progreso”, pero, de forma ineluctable, el sistema surgido de la caída del Muro de Berlín ha hundido en el desempleo galopante, la atroz pobreza, las grandes oleadas migratorias, el resurgimiento de enfermedades ya erradicadas, la caída en las expectativas de vida, el crecimiento de la mortalidad infantil, etc., a cientos de millones de seres humanos. La realidad se les presenta a las grandes masas empobrecidas, descarnada. El sueño capitalista se desvanece y los trabajadores europeos, pueden soñar, pero, con bases realistas, en un proyecto social verdaderamente justo y democrático.
* Colaboraciones anteriores