MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Lecciones del 5 de julio

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col. a 10 de julio de 2009

“Es la antesala del triunfo en las elecciones presidenciales del 2012”, “Es un triunfo arrollador que demuestra que el PRI es el único partido con estructura nacional”, “La gente finalmente reconoce al PRI como único partido con políticas favorables a la grandes mayorías”, etc., etc. esto dicen los que aplauden al PRI por su triunfo arrollador en las pasadas elecciones del 5 de julio. Por su parte, algunos filo-panistas y sobre todo, los “analistas” de orientación “izquierdista”, sostienen lo contrario: “es el renacimiento del viejo dinosaurio”, “existe el peligro de que regrese el viejo partidazo con lo peor de sus mañas… autoritarismo, corrupción, nepotismo, etc.”.

    Sin embargo, amable lector, las elecciones pasadas, no pueden tener una lectura tan maniquea, pues la situación económica y social que vive en estos momentos el país, requiere de un análisis más serio, sereno y objetivo. La debacle panista no se explica tan sólo porque el PRI haya hecho mejor su trabajo, ni porque sea un partido con mejor estructura y que sus cuadros hayan tenido mejor oficio político en todo el proceso electoral. Es cierto, mucho del triunfo obtenido por el PRI se debe al mejor trabajo de sus dirigentes y de los cuadros del partido tricolor. Pero, eso es sólo una parte de la explicación, incluso, la parte que menos peso tiene en la explicación del fenómeno.

    Entonces ¿cuál es el factor determinante en la estrepitosa caída del PAN en las pasadas elecciones? A mi modesto modo de ver, el factor de mayor peso, aquél que determinó la caída en las preferencias electorales por parte del PAN es sin duda alguna el actual modelo socioeconómico y político que prevalece en México desde hace varias décadas y al que han apoyado, de una u otra forma, la mayoría de los partidos que hoy contienden por los puestos del poder ejecutivo y del poder legislativo. Un modelo socioeconómico y político que ha hundido en la pobreza y en la miseria a más del 70% de los mexicanos; modelo que ha permitido que la inmensa riqueza que producimos todos los mexicanos se concentre en unas cuantas manos, la de los plutócratas que, ahora, escandalosamente, forman parte de las listas de la revista Forbes, la de los hombres más ricos del planeta, mientras millones de familias obreras, campesinas y, en general, de las capas productivas del país, padecen desnutrición, insalubridad, desempleo como nunca se había visto en México; padecen un sistema educativo de los de peor rendimiento a nivel internacional, una pésima atención de salud para la mayoría de familias del país, las cuales habitan en chozas, en pocilgas insalubres, como en los tiempos más oscuros del capitalismo salvaje europeo del siglo XIX.

    Ese sistema, cuyas características más nocivas se agravaron durante el sexenio Foxista y que, el actual gobierno de Calderón, no ha sabido revertir en favor de los parias del país, pues, en lugar de impulsar un reparto más justo de la riqueza social, se ha dedicado ha impulsar -la bandera principal de su sexenio- la lucha violenta contra el crimen organizado. Este gobierno ha creído que el pueblo trabajador, se iba a tragar la “rueda de molino” de que la lucha violenta (la cual no ataca las causas verdaderas de la delincuencia y el narcotráfico, es decir no ataca la pobreza, no ataca la gran desigualdad social que existe en México) contra el crimen organizado le redituaría buenos dividendos de popularidad y aceptación entre los electores. Ha sido tal la ceguera panista que, teniendo en sus manos enormes recursos presupuestales, en las distintas dependencias federales, éstos no se han aplicado para atacar el desempleo. Miles de millones de pesos guardados en bancos, sin ser ejercidos, sin generar empleos. Y si a esto le sumamos el hecho, reconocido por muchos especialistas, de que el 80% de los recursos presupuestales de las dependencias federales y de los gobiernos estatales y municipales es para pagar los altos salarios de funcionarios y empleados (incluidos los decenas de miles de “aviadores” y simuladores), lo que constituye el más claro ejemplo de que los gobiernos son un botín para los partidos que se disputan el poder. El malestar del pueblo pobre de México, no nos engañemos, es para todo el aparato, para todo el modelo socioeconómico. Por eso el PRI no puede regresar a los viejos esquemas, como lo pretende el gobernador de Puebla, Mario Marín, el cual, ahora ensoberbecido por el triunfo del PRI en Puebla, con toletes, gases lacrimógenos y perros de asalto, pretende desalojar el plantón (que lleva dos meses ya) de los antorchistas de esa entidad, a los cuales les ha negado en todo lo que va de su sexenio, la solución a muchas demandas, las cuales se le plantearon para elevar el nivel de vida de más de doscientas mil familias en ese estado. El PRI nacional, debe evitar que su triunfo se empañe con la vileza de la represión. El PRI no debe volver a los viejos esquemas. El PRI tiene la gran oportunidad de conciliarse con el pueblo trabajador.

* Colaboraciones anteriores
   

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