MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Cómo ganar la confianza del pueblo?
Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col. a 13 de junio de 2009

Mucho escepticismo hay en la población, pues los partidos políticos están perdiendo la confianza de los ciudadanos; los pobres del país no han visto que la democracia les haya resuelto sus graves problemas. Tengo la percepción de que son muchos los mexicanos que ya no creen en la “democracia” basada en el esquema con que trabajan los actuales partidos políticos, pues estos se alternan en el poder sin que hayan demostrado, hasta el momento, que están aplicado un programa económico, social y político que permita a las grandes mayorías del país salir de la pobreza, salir del terrible desempleo que mantiene a millones ciudadanos sin trabajo, y que, día a día va dejando su devastadora secuela de miseria, hambre, desnutrición, enfermedades, etc.

Hoy, los partidos políticos se enfrentan a un abstencionismo que crece en cada elección, dado que hay profunda desilusión en los electores por los malos resultados, en los que salvo raras excepciones, crean la desconfianza en la “partidocracia”. La desconfianza es ahora más profunda e inquietante, pues, muchos ciudadanos ya no ven diferencias entre uno u otro partido político; los partidos políticos –consideran muchos mexicanos- son, como se dice coloquialmente, “como dos gotas de agua”; todos estos institutos políticos quieren desmarcarse de sus oponentes declarándose como los “únicos que luchan por generar empleos”, como los únicos que combaten la delincuencia”, “los únicos que combaten la corrupción”, “los únicos que promueven una educación de calidad”, “los únicos que luchan por vivienda digna”, etc., etc. Sin embargo, en la mayoría de los casos, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Es más, podemos asegurar que en estos momentos, ningún partido ha logrado abatir el desempleo, ninguno ha logrado que la riqueza social se reparta equitativamente, lo cual se manifiesta en los altos índices de pobreza, desempleo, educación de mala calidad, mala atención de la salud, etc. He ahí el por qué de la desconfianza de millones de mexicanos que hoy ya no ven diferencia entre los partidos, lo cual se traduce en la indiferencia hacia el voto. Hoy, muchos “analistas” se devanan los sesos por explicar por qué se acentúa la tendencia a anular el voto o, emitir el famoso voto “blanco” (los ciudadanos asisten a la votación, pero no emiten ningún voto) o simplemente no salen a votar el día de las elecciones. Es claro que sus análisis no dan “en el clavo”, pues no encuentran las verdaderas causas de los grandes problemas del país.
   
Lo que no quieren entender a profundidad connotados dirigentes de los partidos políticos y los mismos analistas políticos es que, no es sólo indiferencia y desconfianza lo que tiene una buena parte de la población mexicana; hay irritación, hay un descontento que se va acumulando día con día, pues los problemas más importantes del país se están agravando. El pueblo ve a los partidos como sectas en las que los miembros prominentes de los mismos, en cada elección, se intercambian puestos, (lo cual no sería perjudicial, siempre y cuando los resultados fueran buenos para los gobernados). En ese sentido, la “partidocracia”, se le revela al pueblo como una serie de grupos “profesionalizados” en “administrar” en su provecho propio el poder. No se les ve, por tanto, como organismos que representen alternativas que vayan a mejorar la situación del país, sino que, en la percepción de la ciudadanía, son “más de lo mismo”. Sin embargo, es necesario reconocer que el partido peor librado, en ese sentido, es el Partido Acción Nacional, (PAN), pues es éste el que más malos resultados presenta a nivel nacional; y en algunos estados del país, su forma de gobernar se caracteriza por ser muy represiva en contra de la lucha de los pobres, lo cual evidencia su esencia contraria a los intereses populares.

Hay algunos líderes “sociales” que impulsan la lucha para que el sistema político y legal mexicano reconozca a las llamadas “candidaturas ciudadanas”, es decir, que el Estado reconozca legalmente a las candidaturas independientes de ciudadanos que no pertenecen a ningún partido político. Por tanto, proponen que los partidos legalmente reconocidos, pierdan el monopolio del derecho a participar en las elecciones. La experiencia histórica de todos los países del mundo nos indica que no es posible que el pueblo pueda conquistar parcelas de poder o el poder entero, sin una organización bien estructurada, con principios ideológicos firmes y bien fundamentados, y, sobre todo, con un análisis certero y profundo de la realidad nacional, el cual le permita a esa organización transformar al país, haciéndolo verdaderamente justo en la distribución de la riqueza, y en el ataque a la pobreza y a la gran desigualdad social. ¿Tendrá la capacidad algún partido para diferenciarse de los demás y ganarse la confianza de las grandes mayorías? Juzgue usted amigo lector.

* Colaboraciones anteriores
   

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