MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Impuestos: ¿para combatir la pobreza?

Héctor Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col. a 14 de septiembre de 2009

Ya le decía en mi anterior colaboración, estimado lector, cómo el actual gobierno federal no pretende cambiar “de fondo” al país, como lo anunció con bombo y platillo en su discurso “alusivo” al 3er Informe de su gobierno, Felipe Calderón. Por el contrario, el gobierno da pasos para seguir aplicando un modelo económico que protege a los poderosos, a los más ricos de México; política que arropa a la plutocracia nacional, para que ésta no sufra ninguna caída en sus cuantiosísimos ingresos o, en su defecto, sufra lo menos posible esa caída. Por esta razón, y como ya era previsible, el presidente de la República está proponiendo una nueva “reforma fiscal” que, de aprobarse, ahora sí, de forma descarada, afectará a los mexicanos.

    El “boquete fiscal” (cerca de 500 mil millones de pesos, según estimaciones oficiales y periodísticas) que está dejando para el próximo año, la torpeza del gobierno mexicano en los manejos de la principal empresa generadora de recursos para el presupuesto público, Pemex, está obligando al gobierno, a recortar drásticamente su gasto, desapareciendo secretarías, “adelgazando” al Estado, pero, sin realmente disminuir los gastos que literalmente se tragan de forma voraz el presupuesto público (los insultantes salarios de los altos funcionarios, los “asesores”, los “asesores de los asesores”, los “aviadores” disfrazados de “comisionados” y de toda la caterva de parásitos que obtienen suculentos sueldos a costa de los bolsillos de los contribuyentes), los gastos dispendiosos en “representación”, en “viáticos”, en lujos, viajes y en las más variadas formas de corrupción, etc. Si quisiera realmente el gobierno, quitar la “adiposidad” del aparato burocrático, tendría que lograr que la “maquinaria” estatal sirviese al pueblo para resolver sus graves problemas y los funcionarios públicos sólo ganarían lo suficiente para vivir una vida digna, sin penurias y sin excesos, además de que éstos fueran ejemplo de trabajo, honestidad, y verdadera “vocación de servicio”. Si el presupuesto público no fuera absorbido en un 80%, como ahora lo es por la “nómina” y los gastos superfluos de la alta burocracia, podría invertirse el presupuesto público en obras de beneficio a la población, lo cual, generaría confianza en la ciudadanía.

    Sin embargo, el problema es mucho más complejo, y está claro que ante la ineptitud del gobierno, la corrupción en Pemex, la incapacidad de ambos para revertir la caída de los ingresos del Estado mexicano, generados por la gran empresa paraestatal, ahora el gobierno de Felipe Calderón propone, ante esta caída petrolera, que se aprueben una serie de impuestos como el “impuesto para combatir a la pobreza”, el cual consiste en gravar de forma generalizada con un 2% a todos los productos y servicios generados en el país, así como gravar con un 4% los servicios que se prestan en la red de telecomunicaciones (telefonía celular, televisión de paga, conexión a Internet, etc.), elevar la tasa impositiva en los llamados IEPS (impuestos especiales sobre productos y servicios) que gravan cigarros, cervezas y otros productos, y otros impuestos a la población. De aprobarse los impuestos señalados, será, sin lugar a dudas, un duro golpe a los bolsillos de la inmensa mayoría de mexicanos; será empobrecer más a los pobres, será quitarles, todavía más, poder adquisitivo, y, por tanto, será generar más pobreza, más desempleo y deprimir aún más el mercado interno nacional. Será reciclar, pero con más fuerza, algunas de las causas por las que no podemos salir de la crisis económica.

    Calderón y su gobierno argumentan que lo obtenido con los nuevos impuestos servirá para “combatir la pobreza en el país”. Sin embargo, son bastantes los economistas y especialistas en la materia, que contradicen la propuesta presidencial, pues, esos programas sociales que, ellos mismos, los panistas, siempre han desdeñado, y que siempre le criticaron al PRI (cuando éste tenía el poder), por qué eran medidas “populistas”, “paternalistas”, y por qué “no hay que darle el pescado al pobre, sino que hay que enseñarlo a pescar”, ahora resulta que sí “sirven para combatir la pobreza”. No podemos negar que repartir -en un país tan pobre como México-, aunque sea de esa forma la riqueza es algo elemental, algo necesario. Pero, es claro que no se ataca de fondo el problema de la desigualdad y la miseria del pueblo mexicano, pues, la forma más directa, más efectiva y eficaz en un sistema como el nuestro para combatir la pobreza es brindando a los trabajadores, salarios remunerativos (el miserable salario mínimo actualmente no cubre ni el 20% de lo que necesita la familia obrera), es dándoles atención médica de calidad, vivienda digna, es darles a los hijos de los trabajadores educación de calidad; en pocas palabras es: repartir la riqueza. ¿Acaso no es cierto que ya llevamos más de una década con los programas asistencialistas y la pobreza no disminuye? ¿Quién puede creer a estas alturas que con más impuestos y de forma más generalizada se combatirá la miseria? y ¿es creíble acaso que el panismo en el poder quiera combatir verdaderamente la pobreza, cuando, lo que ha hecho hasta el momento con los programas asistencialistas es utilizarlos de forma sesgada, es decir, no para dárselos a los que más lo necesitan, sino para crear su clientela electoral? ¿Ese nuevo impuesto del 2 % generalizado no servirá acaso para aviesos fines en el 2012?

* Colaboraciones anteriores
   

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