Mientras las economías capitalistas, tanto la de las potencias económicas, como la de las economías de menor talla (México, Brasil, Irlanda, España, etc.), se encogen, disminuyendo su producción industrial, su agricultura, su comercio, su turismo, etc., mientras la economía de China de forma sorprendente, ha seguido creciendo, muy a pesar de los pronósticos de muchos especialistas al servicio de los grandes corporativos del gran capital, los cuales auguraron que, con la recesión mundial y con la caída de las exportaciones del gran país asiático, su economía tendría un frenazo tan brutal que la gran locomotora de la economía del globo, podría hasta sufrir un descarrilamiento.
Pero las “aves del mal agüero” se equivocaron rotundamente en sus nefandos designios, pues, el Gigante Asiático ha seguido creciendo, a pesar de haberse contraído drásticamente sus exportaciones (un promedio en la caída en el presente año de más del 23%). Por ejemplo, en el último trimestre, informan las agencias de noticias internacionales, el Gran Dragón logró crecer en casi 8%, respecto al mismo trimestre (abril-Junio) de 2008. ¿Cuál es el “as” debajo de la manga que sacaron los dirigentes de la economía y del estado chino, el cual les ha permitido ser la única economía del planeta que logra conservar su crecimiento económico, en medio de la peor crisis que haya sufrido el capitalismo en toda su historia? ¿Qué es los que diferencia al sistema socioeconómico de China del resto de las sociedades del globo terráqueo? ¿Qué podemos aprender los mexicanos del modelo chino para mejorar nuestra derrumbada economía?
La clave del crecimiento de China se puede explicar no sólo porque están aplicando un gigantesco programa de inversión pública de 590 mil millones de dólares, inmensos recursos que se destinan para construir miles de kilómetros de carreteras, de vías férreas, de decenas de presas de gran capacidad de almacenamiento de agua y de potencial generador de electricidad, de millones de casas-habitación, de miles de escuelas y de cientos de hospitales, a lo largo y ancho de ese venturoso país, etc., etc. La Clave de ese sostenido crecimiento en medio de la tremenda adversidad se debe también, sin lugar a dudas, a la concepción humanista que tienen los dirigentes chinos, quienes con la comprensión profundamente científica que les da su formación marxista, han instrumentado una política de distribución equitativa de la riqueza social, la cual, para envidia de los grandes depredadores de la humanidad, -quienes están fracasando con sus famosas medidas “anticíclicas”- les está funcionando. Por su puesto que no es la vieja fórmula del hoy extinguido “socialismo real”, que prevaleció en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la cual entregaba a los trabajadores salarios, prestaciones apoyos, de toda índole, sin que, en muchos casos, los trabajadores correspondieran, produciendo el valor correspondiente a lo que recibían del estado, es decir, produciendo suficientes riquezas que permitiesen que el estado y toda la economía pudieran salir a flote. Ahora, la economía y el estado chinos, les exigen a sus ciudadanos una muy alta productividad, tal vez la mejor del planeta, pero, a cambio de ello, ese mismo estado, esa economía llamada Socialismo de Mercado, les brinda buenos salarios, buenas prestaciones, vivienda de buena calidad, educación de excelencia para los hijos de los cientos de millones de obreros y empleados chinos.
La revista británica de temas económicos, The Economist, en su más reciente edición (16 de julio de 2009) en el artículo titulado Un ejercicio de equilibrio fino, sostiene, entre otras cosas que, en los últimos meses las compras de las familias chinas se ha elevado en un 80% y la ventas de automóviles ha crecido en un 48%. Es el fortalecimiento, pero en serio, del mercado interno de la economía china, con un alto sentido de la distribución justa de la riqueza social entre el pueblo trabajador, lo cual, está permitiendo el crecimiento económico del Gran Dragón. En México es al revés; a la caída de las exportaciones, provenientes de la producción industrial, se le viene a sumar la contracción del mercado interno, producto de esa proverbial voracidad de la clase capitalista nacional y extranjera, que insaciable les da salarios y prestaciones a los trabajadores mexicanos, cada vez más raquíticos, lo que se traduce en raquitismo biológico de los obreros. El análisis del hartazgo del pueblo hacia los partidos políticos y el sistema del que hablan los “analistas” políticos que han “desmenuzado” las causas de la debacle del PAN en las pasadas elecciones, no se adentra en las causas profundas de esa debacle, ni en las causas de una posible debacle más profunda en México.
* Colaboraciones anteriores