Se han estado desarrollando las competencias deportivas –sin intervención oficial- más importantes de todo México, Las Espartaqueadas en su XIV edición. Más de 5 mil atletas de toda la República compiten esta semana en un poblado de la Baja Mixteca poblana, Tecomatlán, Puebla. Ahí se concentran niños jóvenes y adultos, amantes del deporte, gentes del pueblo laborioso que practican natación, ciclismo, atletismo, en sus modalidades de pista y campo, fútbol, basquetbol, voleibol, etc. La finalidad de competir no tiene nada que ver con el afán de lucro, la búsqueda de prebendas y acomodos o de fama basada en ardides publicitarios. En realidad el espíritu que anima a esos miles de competidores es la superación física y mental, tanto personal como colectiva. Las Espartaqueadas son ejemplares por su nivel de competencia y por organizarse con recursos humanos y logísticos salidos del propio pueblo trabajador, con resultados muy satisfactorios, dado que el nivel de competencia es elevado.
Los griegos antiguos, creadores de los Juegos Olímpicos, al competir, no recibían como compensación por su esfuerzo y dedicación al deporte, dinero, tierras, o cualquier forma pecuniaria de compensación. Más bien era la gloria de haber triunfado por haber representado a su pueblo, a su comunidad, a su ciudad, etc. Era pues, el que inspiraba a aquellos deportistas, un espíritu éticamente muy superior al actual sentido que se le da al deporte en la sociedad que tiene como fin principal el lucro. Como premio, los griegos de la antigüedad que obtenían el triunfo, recibían a su desempeño una corona de olivo, de laurel o de apio. Los Juegos Olímpicos antiguos, por tanto, buscaban que, tanto los individuos que competían, como los pueblos que eran representados, lograsen la virtud (areté), virtud que ennoblecía el espíritu; virtud que con hondo sentimiento y sentido estético describió el gran poeta Píndaro en sus Odas.
El deporte que se promueve en la sociedad actual está muy lejos de ese sentido, ennoblecedor que inspiraba a los atletas. El deporte ahora es, en primerísimo lugar, un negocio y no un simple negocio sino uno de los negocios más lucrativos de la sociedad capitalista. Los deportistas más que representar a su comunidad, ciudad, estado o país etc., se han convertido en verdaderas “vedettes”, que a sueldo de grandes mercachicles, buscan dinero, posición social y fama individual. El deporte se ha prostituido a tal grado que ha dejado de ser un medio de superación humana para convertirse en un medio de enriquecimiento, y, aun más, en medio de enajenación y manipulación de las grandes masas trabajadoras del mundo. Los deportistas destacados ahora “se prestan” para promover la venta de productos, -sean estos o no de índole deportiva-, lo cual les reditúa millones de pesos o de dólares. En 1992 en la Olimpiada de Barcelona, varios afamados jugadores de baloncesto que representaban a la selección de EE UU (Michael Jordan –quien ganó cuatro veces más dinero como anunciante de tenis que como basquetbolista-, Charles Barkeley y Scottie Pipen, entre otros) se negaron a acatar las órdenes de su director técnico de subir al podium de vencedores con camisetas que tenían los logotipos de la marca de tenis “Reebok”, pues esos jugadores tenían jugosos contratos con una marca rival fabricante de zapatos deportivos (“Nike”) ¿En donde quedó la representación de su país? ¿Cuál el honor y la gloria de representar a su pueblo? Simplemente, era representar a las grandes compañías, las cuales dejan enormes regalías. Otro ejemplo del mercenarismo deportivo lo es el golfista Tiger Woods, quien es el deportista que ha logrado superar los mil millones de dólares en ganancias, las cuales vienen no de méritos en campaña sino de regalías por promoción de artículos diversos. Sin embargo, las ganancias que han obtenido las compañías que lo patrocinan, júrelo usted amigo lector, han sido, mil veces -o más- más grandes que las del famoso golfista.
Esa utilización del deporte como negocio es lo que ha causado que “consagrados” deportistas sean objeto constante de escándalos, “affaires”, “shows”, que también venden y generan jugosas ganancias. Como ejemplo reciente, vemos el morbo que ha causado el caso de Salvador Cabañas -herido en la cabeza por una bala cuando “disfrutaba” de una juerga-, un boom mediático que da altísimas ganancias a Televisa.
Las Espartaqueadas deportivas que organiza cada dos años el Movimiento Antorchista Nacional, son por el contrario, un ejemplo de gallardía, de pundonor, de esfuerzo colectivo e individual, y esto en bien de la salud, física y mental de miles de mexicanos. Los atletas que compiten hoy en Tecomatlán no esperan dinero, publicidad, reconocimiento inmerecido, etc. Buscan el honor de representar a su estado, a su pueblo, su escuela, etc. Buscan que el deporte sea una poderosa arma de superación, buscan que resurja el areté griego pero con un sentido nuevo, un sentido más humanista para elevar la educación y desarrollo cultural del pueblo pobre de México. ¡Viva la XIV Espartaqueada Nacional Deportiva!
* Colaboraciones anteriores