MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Las causa sociales de la obesidad infantil


Hector Enciso Carrillo
Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima
Colima, Col., a 08 de marzo de 2010

Ya desde hace varios meses oigo en los noticieros televisivos, radiofónicos, o leo en las revistas, diarios o páginas de Internet sobre un tema muy comentado: el crecimiento de la obesidad en los niños. La obesidad ha aumentado en general en todas las edades, pero, en los últimos años en la población infantil ha tenido un incremento mayor este fenómeno social. Lo grave no es solamente, el incremento de la obesidad, sino también, el incremento de las enfermedades que se derivan de la misma, principalmente la diabetes, que es ya la causa principal de muertes en México y otras partes del mundo.

En la conocida revista británica The economist, en su última edición aparece el interesante artículo En la enfermedad y en la salud, en donde se señala que hay un descenso en las expectativas de vida de la población pobre de Inglaterra, a pesar de que hay atención médica universal, es decir, para toda la población, sin importar condición socioeconómica. Sin dar mayores datos, el artículo menciona que la diferencia en las expectativas de vida que hay en barrios pobres, puede ser hasta 10 años menor que en los barrios de población con altos ingresos económicos. Una de las causas que menciona el artículo es el incremento de enfermedades como la diabetes en la población infantil, derivada de la obesidad. Aquí en México en días pasados el Secretario de Salud, José Ángel Córdova, declaró que en nuestro país “con el incremento de la obesidad infantil existe el peligro de que haya una disminución de la esperanza de vida en las próximas generaciones de mexicanos…reducirla –añade- sería una auténtica catástrofe social” (EL UNIVERSAL, 22 de febrero de 2010).

Según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, la esperanza de vida de los mexicanos era de 76 años para el año de 2007. Este índice puede retroceder, según algunos especialistas, en una generación hasta los 69 años, lo cual colocaría a México en un índice similar al de países como Surinam (68.8 años) o Trinidad y Tobago (69.2 años) y por debajo de países como Argelia, Jamaica, Honduras y Nicaragua. Sin embargo, en los datos expuestos en el caso de México, a diferencia de lo expuesto en The Economist para el caso de Inglaterra, no se establece la diferencia que existe entre las personas pobres y entre los habitantes ricos.

Esto no es casual, porque al señalar el problema de manera general, sin establecer en qué sectores de la población se concentra el problema de la obesidad y de las enfermedades derivadas de la misma, se oculta deliberadamente el hecho incuestionable de que la obesidad y las enfermedades  tienen causas sociales muy concretas. La obesidad en México es una enfermedad derivada de la miseria en que vive la inmensa mayoría de la población del país (las estadísticas no mienten: siete de cada diez adultos, y uno de cada 3 niños o adolescentes mexicanos padecen obesidad). Es el consumo de alimentos ricos en carbohidratos, sobre todo alimentos chatarra y de bajo contenido nutricional, sobre todo falto de proteínas, lo que está generando esa obesidad perjudicial. Los mexicanos pobres no consumen carne, pescado, frutas y verduras, leche, huevo, etc.,  en las cantidades requeridas, es decir que, en los más de 80 millones de pobres de nuestro país el comer este tipo de productos que son los más nutritivos,  ya no está al alcance de sus posibilidades económicas. Si a la mala alimentación, se le agrega la imposibilidad de que los niños y jóvenes puedan hacer ejercicio o dedicarse a actividades en las que su organismo realiza actividades sicomotoras saludables: deportes, danza, etc., pues, ahora “prefieren” los niños y jóvenes -según el diagnóstico superficial y sofístico de “sociólogos”, “pediatras” “psicólogos” y “nutricionistas”, al servicio del gobierno o de las empresas que venden comida “chatarra”, etc.-, el Internet, los videojuegos, la televisión, etc.

Lo cual es una verdad a medias, y por tanto una falacia que pretende encubrir la realidad. Hace poco un sociólogo, del cual no recuerdo el nombre, señalaba con justa razón en su diagnóstico sobre la obesidad, que muchos padres de familia, sobre todo los de condición social más modesta en México, prefieren que sus hijos estén “dentro del hogar”, antes que estén fuera del mismo y sufran el asecho de las drogas, la mal vivencia, la delincuencia en sus distintas variantes; esta es una de las verdaderas causas de que los padres les permitan pasar horas y horas viendo la televisión a su hijos.

Aparece de nuevo la pobreza, la falta de atención en actividades deportivas y culturales para la población y aparece la descomposición social que vive el país como las verdaderas razones de que niños y jóvenes padezcan obesidad, y enfermedades derivadas de la misma. Para combatir la obesidad no bastan esa campañitas que realizan algunas instituciones educativas o filantrópicas de querer evitar que los niños no coman “chatarra” en las escuelas, es necesario elevar el salario de las familias obreras, es necesario combatir las causas de la delincuencia y hay que invertir muchísimo en cultura y deporte masivo en el pueblo trabajador.

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