Es una verdad muy sabida, por conocimiento
o por padecimiento en carne propia, la terrible pobreza que
campea por todo el país, estimada en 70 millones de mexicanos
pobres (de un total de 105 millones que somos), de los cuales,
30 millones no son pobres a secas sino extremadamente pobres,
es decir, llevan una vida miserable: carecen de empleo, o bien,
cuentan con un trabajo, pero sus ingresos son tan ínfimos
que apenas les alcanza para mal comer, para mal vestir, para
mal curarse y para peor educarse; viven en casas pequeñas
e insalubres, en barrios y pueblos marginados de los servicios
más elementales. Por supuesto, la recreación y
la cultura son actividades completamente imposibles de practicar
o de paladear, constituyen artículos de consumo inalcanzables
por la penuria en que viven siete de cada 10 mexicanos.
De tantas calamidades que vive nuestra población empobrecida,
en mi modesta opinión, es el analfabetismo uno de los
peores, si no el peor, de los flagelos que azotan a los más
débiles. ¿Por qué? Por múltiples
razones: porque los hombres y mujeres que se encuentran en esta
situación, se ven privados de la cultura universal que
el ser humano ha acumulado a lo largo de su historia, sencillamente
porque aquella fundamentalmente se encuentra escrita en los
libros. Los iletrados son los que menos oportunidades de empleo
tienen y, si los consiguen, son los peor pagados por tratarse
de mano de obra no calificada; contra los analfabetos se cometen
las peores arbitrariedades, pues los vivales que por todos lados
pululan, se aprovechan de su ignorancia para timarlos. Hasta
en el seno familiar, no es difícil imaginarse la incomodidad
y la pena que pasa un padre de familia o un abuelito que, impotentes,
no pueden responder o ayudar a un hijo o nieto a resolver sus
dudas sobre cualquier tema académico que se les presente.
En síntesis, los iletrados sufren de una discapacidad
mental que es todavía más desventajosa e inhumana
que una discapacidad física.
Y en pleno siglo XXI, no son pocos los mexicanos que viven en
esta situación. En el caso de la zona oriente del Estado
de México, según estadísticas, se cuenta
con un analfabeto por cada 14 habitantes, lo cual totaliza alrededor
de 150 mil mexiquenses que no saben leer ni escribir en el oriente
de la entidad, cuando, por otro lado, la evolución del
conocimiento humano, de la ciencia y de la tecnología,
juzga como analfabetos modernos a todos aquellos mexicanos que
a estas alturas no han aprendido el lenguaje de las computadoras.
De este tamaño es nuestro rezago.
Consecuentes con nuestro lema de luchar contra la pobreza en
México, los antorchistas mexiquenses hemos decidido y
estamos trabajando en ello, destinar modestos recursos humanos
y financieros -pero eso sí, con todo el entusiasmo y
la entrega de que somos capaces-, para contribuir a erradicar
el analfabetismo, en una primera etapa, en los municipios de
Chimalhuacán, Ixtapaluca y Chicoloapan. Año y
medio llevamos ya en este empeño con resultados cada
vez más alentadores. De esta manera, queremos completar
nuestra lucha por mejorar las condiciones materiales de la gente
(lotes, electricidad, drenaje, agua potable, pavimento, lecherías,
etc.), con una labor tan noble, tan humana, tan necesaria y
tan hermosa, como es la posibilidad de que miles de hermanos
tengan acceso a la luz del conocimiento. Sea esta una prueba
más de nuestro firme compromiso de luchar contra la pobreza
en México, compromiso que no se queda sólo en
palabras huecas, sino que se respalda día a día
con hechos y más hechos, que son los que verdaderamente
importan.
El programa de alfabetización que estamos poniendo en
práctica, es el internacionalmente reconocido método
cubano, ALFA- T.V., que comprende solo siete semanas, con cinco
clases de dos horas diarias (en total 10 horas a la semana),
en horarios vespertinos que resultan más cómodos,
y se trata de cursos absolutamente gratuitos. Los cursos iniciarán
a partir del próximo lunes 15 de enero.
Invito por este modesto conducto, a todas aquellos interesados,
jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, casados y solteros
a que no desaprovechen la oportunidad; a que salgan de su apatía,
de su conformismo y de su resignación a ser seres inferiores.
Está comprobado científicamente que todos somos
capaces, ya no digamos de aprender a leer y escribir, sino incluso
de terminar nuestros estudios de primaria, de secundaria y de
preparatoria y, por qué no, hasta de hacer una carrera
universitaria. Todo el chiste consiste en decidirse a hacer
las cosas con espíritu de triunfo, ¡Hagámoslo
por nosotros, hagámoslo por nuestros hijos y nietos,
hagámoslo por México!
* Colaboraciones anteriores