MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Iglesia y Gobierno Federal:
lenguajes contrapuestos
Biól. Jesús Tolentino Román Bojórquez
Dirigente en el Estado de México
12 de septiembre de 2006

Con grata sorpresa e inmensa alegría, recibimos los antorchistas la respuesta que la iglesia católica, a través del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, le diera a una Carta Abierta que le dirigió la Dirección Nacional del Movimiento Antorchista el pasado uno de septiembre, en la cual le solicitamos al Señor Cardenal que hiciera un pronunciamiento público en contra de grupos fanáticos de ultraderecha, que en el nombre de Dios han amenazado, agredido y asesinado a un compañero nuestro, destacándose en días recientes las amenazas de muerte en contra de varios dirigentes nacionales y a sus pequeños hijos.

La respuesta es altamente satisfactoria, porque se produce con insólita rapidez, tan sólo tres días después de que fue solicitada, y porque el contenido de la misma es de una pública y abierta condena a esos grupos que, declarándose católicos, el Señor Cardenal dijo, tajante: “a nadie le es lícito ofender, amenazar, intimidar, golpear o, peor aun, asesinar en nombre de Dios, pues de todas las violencias que existen ésta es la peor, la más reprobable, ya que contradice la esencia misma del Evangelio”. Pero no sólo hizo el deslinde y la condena; el Señor Arzobispo fue más allá aun, y agregó: “la preocupante división que sufre el país nos debe convencer del apremiante llamado que el Señor nos hace a la conversión: es preciso dejar de hacer el mal y empezar hacer el bien, es tiempo de tender los puentes del dialogo y del entendimiento, es hora de quitar la venda que impide ver la maldad y la injusticia, es preciso salir del perverso egoísmo que nos hace indiferentes e indolentes ante el sufrimiento y las necesidades de tantos hermanos pobres y vulnerables en los que clama el mismo Cristo, se hace imprescindible revisar las políticas y modelos económicos que sólo benefician a unos cuantos y que dejan sin esperanza a la mayoría de nuestra población”.

Este último párrafo es muy reconfortante para nosotros, los antorchistas, porque su contenido no es sólo un reflejo de la meridiana claridad, de la gran sensibilidad y del lenguaje directo que emplea el Señor Arzobispo para llamarle a las cosas por su nombre, y reconocer que en México existe una injusta distribución de la riqueza nacional, sino que toma abiertamente partido a favor de los más “pobres y vulnerables” e invita a los que llevan las riendas de la nación, a los que ostentan el poder, a “revisar las políticas y modelos económicos que sólo benefician a unos cuantos y que dejan sin esperanza a la mayoría de nuestra población”. Sin exageración alguna ni oportunismo de ninguna especie, resulta sorprendente y gratificante la absoluta coincidencia que existe entre el modo de percibir los problemas esenciales del país y la solución que plantea el Señor Arzobispo, de un lado, y de otro, el diagnóstico y la vía de solución que plantea el Movimiento Antorchista.

En contrapartida, es no sólo diferente sino diametralmente opuesta la postura del Gobierno Federal que, ante los reiterados llamados a que se haga justicia en el estado de Querétaro, han transcurrido ya ¡dos largos años! escurriendo el bulto y arguyendo que es “respetuoso de la autonomía de los estados”; ha retardado por más de ¡dos meses! una simple entrevista con el titular de esa dependencia “porque el Señor Secretario está muy ocupado”, no obstante el gravísimo significado del asesinato de Jorge Obispo Hernández en el domicilio particular de nuestro Secretario General del Movimiento Antorchista. Y, como para remate, la Secretaría de Gobernación se lava las manos respecto a las múltiples amenazas que hemos recibido por internet y vía teléfonos celulares, con el pueril argumento de que “a partir del año 2000 el gobierno del cambio ya no utiliza la inteligencia política”. Como vemos, con este tipo de “argumentos” claramente elusivos y además inventados, el conflicto con la ultraderecha fanática, religiosa y política, lejos de tender puentes y de allanar dificultades, por el contrario, se ha agravado nuestra situación, la situación de una organización política seria y respetable que durante más de 32 años ha trabajado sin descanso para mejorar la suerte de los más “pobres y vulnerables”, como dijera el Señor Cardenal.

La conclusión es, pues, ineludible: para bien, el Movimiento Antorchista habla el mismo lenguaje que la iglesia católica, en tanto que el gobierno federal que, como ningún otro gobierno del pasado ha hecho profesión de fe religiosa, habla un lenguaje que en su dicho y en su actuar, es totalmente contra puesto al del Señor Arzobispo. Esto es lo malo, pero ya lo tenía previsto la Santa Biblia. “Por su frutos los conoceréis”.

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