Con grata sorpresa e inmensa
alegría, recibimos los antorchistas la respuesta que
la iglesia católica, a través del Señor
Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México,
le diera a una Carta Abierta que le dirigió la Dirección
Nacional del Movimiento Antorchista el pasado uno de septiembre,
en la cual le solicitamos al Señor Cardenal que hiciera
un pronunciamiento público en contra de grupos fanáticos
de ultraderecha, que en el nombre de Dios han amenazado, agredido
y asesinado a un compañero nuestro, destacándose
en días recientes las amenazas de muerte en contra de
varios dirigentes nacionales y a sus pequeños hijos.
La respuesta es altamente satisfactoria, porque se produce con
insólita rapidez, tan sólo tres días después
de que fue solicitada, y porque el contenido de la misma es
de una pública y abierta condena a esos grupos que, declarándose
católicos, el Señor Cardenal dijo, tajante: “a
nadie le es lícito ofender, amenazar, intimidar, golpear
o, peor aun, asesinar en nombre de Dios, pues de todas las violencias
que existen ésta es la peor, la más reprobable,
ya que contradice la esencia misma del Evangelio”. Pero
no sólo hizo el deslinde y la condena; el Señor
Arzobispo fue más allá aun, y agregó: “la
preocupante división que sufre el país nos debe
convencer del apremiante llamado que el Señor nos hace
a la conversión: es preciso dejar de hacer el mal y empezar
hacer el bien, es tiempo de tender los puentes del dialogo y
del entendimiento, es hora de quitar la venda que impide ver
la maldad y la injusticia, es preciso salir del perverso egoísmo
que nos hace indiferentes e indolentes ante el sufrimiento y
las necesidades de tantos hermanos pobres y vulnerables en los
que clama el mismo Cristo, se hace imprescindible revisar las
políticas y modelos económicos que sólo
benefician a unos cuantos y que dejan sin esperanza a la mayoría
de nuestra población”.
Este último párrafo es muy reconfortante para
nosotros, los antorchistas, porque su contenido no es sólo
un reflejo de la meridiana claridad, de la gran sensibilidad
y del lenguaje directo que emplea el Señor Arzobispo
para llamarle a las cosas por su nombre, y reconocer que en
México existe una injusta distribución de la riqueza
nacional, sino que toma abiertamente partido a favor de los
más “pobres y vulnerables” e invita a los
que llevan las riendas de la nación, a los que ostentan
el poder, a “revisar las políticas y modelos económicos
que sólo benefician a unos cuantos y que dejan sin esperanza
a la mayoría de nuestra población”. Sin
exageración alguna ni oportunismo de ninguna especie,
resulta sorprendente y gratificante la absoluta coincidencia
que existe entre el modo de percibir los problemas esenciales
del país y la solución que plantea el Señor
Arzobispo, de un lado, y de otro, el diagnóstico y la
vía de solución que plantea el Movimiento Antorchista.
En contrapartida, es no sólo diferente sino diametralmente
opuesta la postura del Gobierno Federal que, ante los reiterados
llamados a que se haga justicia en el estado de Querétaro,
han transcurrido ya ¡dos largos años! escurriendo
el bulto y arguyendo que es “respetuoso de la autonomía
de los estados”; ha retardado por más de ¡dos
meses! una simple entrevista con el titular de esa dependencia
“porque el Señor Secretario está muy ocupado”,
no obstante el gravísimo significado del asesinato de
Jorge Obispo Hernández en el domicilio particular de
nuestro Secretario General del Movimiento Antorchista. Y, como
para remate, la Secretaría de Gobernación se lava
las manos respecto a las múltiples amenazas que hemos
recibido por internet y vía teléfonos celulares,
con el pueril argumento de que “a partir del año
2000 el gobierno del cambio ya no utiliza la inteligencia política”.
Como vemos, con este tipo de “argumentos” claramente
elusivos y además inventados, el conflicto con la ultraderecha
fanática, religiosa y política, lejos de tender
puentes y de allanar dificultades, por el contrario, se ha agravado
nuestra situación, la situación de una organización
política seria y respetable que durante más de
32 años ha trabajado sin descanso para mejorar la suerte
de los más “pobres y vulnerables”, como dijera
el Señor Cardenal.
La conclusión es, pues, ineludible: para bien, el Movimiento
Antorchista habla el mismo lenguaje que la iglesia católica,
en tanto que el gobierno federal que, como ningún otro
gobierno del pasado ha hecho profesión de fe religiosa,
habla un lenguaje que en su dicho y en su actuar, es totalmente
contra puesto al del Señor Arzobispo. Esto es lo malo,
pero ya lo tenía previsto la Santa Biblia. “Por
su frutos los conoceréis”.
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