La clínica del Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Chimalhuacán que
funcionó durante casi 20 años fue demolida recientemente.
Pero no se piense que en su lugar se edificó un nuevo
hospital que sustituyera y mejorara el servicio de la unidad
médica que operaba anteriormente, sino que simple y sencillamente
se derrumbó el viejo inmueble, enviándose a los
22 mil derechohabientes hasta el municipio de Texcoco a recibir
el servicio.
Algunos antecedentes. Cuando visité por primera vez la
clínica en el año 2000, médicos, enfermeras
y trabajadores administrativos se quejaron del mal estado en
que se encontraba la construcción, a consecuencia de
los hundimientos del suelo que se presentan en el barrio de
Santa Maria Nativitas, derivados de la brutal extracción
de agua que efectuaban en la zona voraces empresarios particulares.
Por otro lado, a su vez, los pacientes se quejaban amargamente
de que además del peligro que corrían, la clínica
carecía de los servicios mínimos indispensables;
por ejemplo, recuerdo que no había siquiera equipo de
rayos X para sacarse una méndiga radiografía.
Pero no sólo eso. La sala de espera estaba repleta de
enfermos y familiares, gente en las sillas, con niños
en brazos, de pie, y otras, de plano sentadas en el piso; es
decir, la clínica se construyó allá a mediados
de los años 80s, se diseño para atender a un máximo
de cinco mil derechohabientes, pero ahora, como ya dije, cuenta
con 22 mil.
En la nueva situación, las cosas están peor que
antes, pues los pacientes afiliados al IMSS tienen que trasladarse
hasta Texcoco para ser atendidos: padecen el mismo hacinamiento,
las mismas colas interminables para recibir el servicio, con
el agravante de que ahora se gastan en promedio, en cada viaje,
tres horas más de su tiempo y de 50 a 80 pesos, tanto
en pasajes como para echarse un taco. Como dice el refrán,
salió peor el remedio que la enfermedad.
Sensibilizado por esta difícil situación que padece
un importante número de amigos y vecinos de Chimalhuacán,
me aboqué a intervenir ante las autoridades del IMSS,
con el objeto de que se repare de inmediato el agravio y se
construya, a la brevedad posible, urgentemente, una nueva clínica
más grande. Pero ¡oh sorpresa! Los funcionarios
de dicha institución, parecen no tener ninguna prisa
y ninguna preocupación. Con un tufillo burocrático
propio de los empleados deshumanizados, han respondido que la
edificación de la nueva clínica se “encuentra
en estudio”, “que apenas iniciará el proyecto
ejecutivo” (sin precisar cuándo) y que, para colmo
de males, se construirá en el mismo predio donde se encontraba
anteriormente (¡a sabiendas de que se trata de un terreno
pequeñísimo!). Tal respuesta del IMSS corrió
a cuenta del Doctor Fernando Gudiño Esquinca, titular
de la Delegación en el Estado de México Oriente.
Elevo de antemano mi más enérgica protesta ante
dicha respuesta, que no sólo es desalentadora para los
derechohabientes, sino que, incluso, resulta una verdadera provocación
para los pacientes, ya que se les trata como si fueran viles
limosneros, que viven de la caridad pública y no como
trabajadores que pagan una cuota, es decir, que a cambio se
han ganado un derecho, el derecho a recibir un servicio de salud
digno y de calidad.
Pero los derechohabientes del IMSS no están solos. Cuentan
con el apoyo sincero y decidido del pueblo organizado en el
Proyecto Nuevo Chimalhuacán. Consiguientemente, llevaré
este delicado asunto a la Comisión de Salud de la Cámara
de Diputados y, en caso necesario, con el respaldo de los chimalhuaquenses
concientes y deseosos de progreso, todos de común acuerdo,
lucharemos a brazo partido porque en nuestro municipio se construya
un moderno hospital del IMSS, con todo el equipamiento y con
todos los servicios médicos necesarios, un hospital que
esté a la altura de los 22 mil derechohabientes que merecen
ser tratados con dignidad y no como mexicanos de segunda o tercera
categoría.