El pasado 17 de Agosto se
realizó la toma de protesta del Ingeniero Marco Antonio
Lázaro Cano, Presidente Municipal de Chimalhuacán
para el periodo 2006-2009. Este relevante evento para la vida
de los chimalhuaquenses tuvo dos facetas, una de los cuales
puede catalogarse como buena y la otra como francamente fea.
Lo bueno de la ceremonia, fue, en que nuestro nuevo alcalde
demostró en su discurso un manejo muy completo y preciso
de la problemática que piensa atacar durante sus tres
años de gobierno, echando por delante, en primer lugar,
la consigna de trabajar sin descanso por un Chimalhuacán
más seguro, donde nuestras escasas pertenencias y, particularmente,
nuestra integridad física y moral, estén garantizadas.
Con ese propósito, se planteó cumplir con la importante
meta de establecer una patrulla por barrio o colonia, instalar
cámaras de video en las principales entradas del municipio
e hizo un exhorto enérgico a los elementos de seguridad
pública, para que desempeñen su función
con eficacia y sin extorsiones a la ciudadanía, so pena
de que si no lo hacen así, serán destituidos fulminantemente
de su cargo e, incluso, según la gravedad del caso, se
les presentará ante el Ministerio Público. Destacó
que en materia de seguridad involucrará permanentemente
a la población a través de los Círculos
de Seguridad Pública Comunitarios, que apoyarán
y vigilarán el funcionamiento de los policías
municipales.
En el ámbito de las obras y servicios fue muy enfático
en que arrancará, desde el primer día de gobierno,
un enérgico programa de pavimentaciones, con el objeto
de ir acabando con el polvo, el lodo y la basura de nuestras
calles; que trabajará intensamente para ir abatiendo
el rezago en agua potable, drenaje y electrificaciones, pues
el carácter fundamental de estos servicios no necesita
justificación. En su intervención, Marco Antonio
subrayó la necesidad de luchar por proyectos de gran
aliento, éxito que dependerá de que el gobernador
del Estado de México, Licenciado Enrique Peña
Nieto, cumpla con sus compromisos de campaña, como son:
la introducción del metro, la construcción de
la universidad, la edificación de la ciudad deportiva
y el desarrollo de áreas industriales para la generación
de empleos.
Refrendó en su discurso, el ánimo de llevar a
la práctica los apoyos que ofertó a los sectores
más desprotegidos de la población: los niños,
las madres solteras, los adultos mayores y los discapacitados;
puso mucho énfasis en la exigencia de que los funcionarios
públicos municipales atiendan con diligencia, con buenos
modos, sin corruptelas y con eficacia a la ciudadanía.
Por ello fue bueno (muy bueno, diría yo), el discurso
de Marco Antonio; un discurso que no se quedará en palabras
huecas, que no se llevará el viento, porque nuestro nuevo
presidente municipal pertenece a la generación del Proyecto
Nuevo Chimalhuacán y porque no está sólo:
¡cuenta con el decidido apoyo de un pueblo organizado
y conciente de sus derechos!
La nota fea en el evento (digo fea y no mala con toda intención,
porque decir mala significaría rebajar el hecho), la
dieron el síndico y los regidores del Partido de la Revolución
Democrática (PRD). A media ceremonia se pusieron de pie
con cartulinas en mano, con leyendas que rezaban así:
“queremos que se nos tome en cuenta”, “el
PRD obtuvo el 41% de los votos”, etc. Esto ocasionó
que, correctamente, Marco Antonio los pusiera en su lugar, denunciando
ante el público presente, que el verdadero fondo de la
protesta de los perredistas no era otro más que su enojo
porque un día antes habían estado chantajeando
y presionando a nuestro alcalde, con la exigencia de que les
otorgara 240 plazas en la nómina para los dirigentes
perredistas y que se les pagara el doble de salario como regidores
“por concepto de gastos”. En otras palabras, los
cínicos perredistas querían que se le regalaran
casi 800 mil pesos mensuales, o sea, ¡9.6 millones de
pesos al año!, nomás de gorra, porque de lo contrario,
dijeron los señores, se pondría en riesgo la “gobernabilidad
y la estabilidad política de Chimalhuacán”;
es decir, porque si no se accedía a sus ambiciones personales,
no dejarían trabajar a Marco Antonio. He aquí,
al desnudo, la verdadera catadura moral de los que se dicen
“honestos”, “revolucionarios” y “defensores
de los pobres”.
El público ahí reunido, ofendido, les gritó
enérgicamente, llamándolos “vividores”,
“rateros”, “esos son los que roban a la nación”,
“si quieren dinero, trabajen primero”, “hijos
de la loba”. Con esto quedó claro, una vez más,
muy claro, para qué quieren los perredistas de Chimalhuacán
(alumnos del René Bejarano), el poder. Cuando se entere
El Peje dirá: ¡“no me ayuden compadres”!
y yo añado: ¡mucho ojo pueblo de Chimalhuacán,
fíjate bien que no todo lo que brilla es oro! Esto fue
lo bueno y lo feo.