En mi colaboración de hace dos semanas,
expuse el brutal asesinato que se cometió en agravio
de mi compañero Jorge Obispo, ocurrido el primero de
julio en el propio domicilio particular del Secretario General
del Movimiento Antorchista Nacional, Ingeniero Aquiles Córdova
Morán, donde se desempeñaba como su asistente
y vigilante del inmueble. También adelanté la
hipótesis que sostiene nuestra organización de
que se trata de un crimen político y no de un simple
acto delincuencial, de esos que se cometen todos los días
y en todas partes. Para sustentar mi dicho, resumidamente, hice
alusión a que el homicidio se cometió a plena
luz del día (14:30 horas, aproximadamente), haciendo
alarde los criminales, con esta acción, de la impunidad
y de la gran protección que gozan; que no se robaron
ningún objeto de valor (para que no quedara duda del
terrorífico mensaje que se enviaba a su destinatario,
al compañero Aquiles y a la Dirigencia Nacional del Antorchismo)
y que este abominable hecho se presentó antecedido de
una amenaza anónima de muerte, que llegó a la
página nacional de Internet de nuestro Movimiento y que,
por su lenguaje, denota que fue escrito por una mente siniestra
y enferma de fanatismo ultraderechista.
Los antorchistas sabemos que no es nuestra atribución
realizar las investigaciones para esclarecer el homicidio; éstas
dependen, en el terreno jurídico, de la Procuraduría
de Justicia del Estado de México y de la Secretaría
de Gobernación, en el terreno político. No obstante,
como parte agraviada y por tanto obligada a no dejar en el anonimato
tan grave suceso, así como también, empujados
por la necesidad de evitar futuras agresiones contra cualquiera
de nuestros dirigentes y en especial, en contra del compañero
Aquiles, adelantamos otros elementos que refuerzan la hipótesis
del móvil político como línea de investigación
más probable.
Partiendo de la base de que el Movimiento Antorchista tiene
presencia política en los 31 entidades del país
más el Distrito Federal, es decir, en toda la República
y, además, que llevamos ya 32 años realizando
ininterrumpidamente nuestra labor social, trabajando y luchando
contra la pobreza en México; considerando también
el hecho de que en ningún otro tiempo y en ningún
otro lugar se había presentado incidente alguno que tenga
la extrema gravedad que tiene el crimen de Jorge Obispo, analizando,
pues, las cosas con rigurosa objetividad, serenamente y sin
prejuicios de ninguna índole, nosotros nos preguntamos
¿qué ha variado en la realidad inmediata y mediata
anterior al primero de julio?
Como puede demostrarse en una revisión retrospectiva
de las huellas que han quedado en los medios masivos de comunicación,
a los que escasamente tenemos acceso, pero sí en grado
suficiente como para sacar una conclusión en los dos
últimos años, lo más relevante es la guerra
cerrada y feroz que trae en nuestra contra el gobernador panista
de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, quien
ha convertido el derecho constitucional de petición de
sus gobernados en letra muerta; quien ha respondido, un día
sí y otro también, con macanazos y culatazos a
los antorchistas que han echado mano de la movilización
política para que las autoridades les hagan un poco de
caso; quien ha contestado, incluso, con el encarcelamiento de
la profesora Cristina Rosas Illescas y del colono Pánfilo
Reséndiz, como señal de lo que parecía
la última maniobra intimidatoria para amedrentar y desterrar
de Querétaro al Movimiento Antorchista.
Y como ante cada acto de protesta de los antorchistas, legal
y pacífico, el PAN en Querétaro, en vez de distender
el conflicto, de buscar la negociación y el acercamiento
de posiciones, más bien ha contestado con más
y más duros golpes, para nosotros resulta altamente revelador
que, tan sólo después de transcurridos 19 días
de nuestra marcha nacional en el Zócalo defeño,
donde reunimos 70 mil antorchistas, se haya suscitado el crimen
de Obispo, lo cual cae perfectamente en la lógica del
derechista Garrido Patrón de incrementar la represión,
aplicando con un criterio terrorista la Ley del Talión:
ojo por ojo y diente por diente.
Con estos nuevos elementos que extraemos, no de una mente paranoica
y ni siquiera prejuiciada, repito, ¿resulta mera casualidad
que el asesinato de Obispo sucediera un día antes de
la elecciones presidenciales y, cuando por obvias razones los
antorchistas no votaríamos por el PAN? ¿No hubo
cálculo en que después del 2 de Julio la agenda
de los medios informativos estaría ocupada por un tema
que es de interés nacional? Y hasta el hecho de que el
crimen suceda en el municipio de Naucalpan, gobernado por panistas
y que la policía municipal se limitara a rondar el domicilio
a sabiendas de que se había denunciado por los vecinos
una escandalosa balacera ¿también estos serán
hechos fortuitos?
Quien sabe. Lo cierto es que para nosotros, día a día,
se refuerza la tesis de que se trata de un asesinato político.
Lo cierto es, también, que ningún antorchista
del país bajará la guardia, ni permitirá
que se prolonguen demasiado tiempo las investigaciones, ni permitiremos
que se nos dé cualquier explicación del hecho.
Que no quepa la menor duda.