Como una bofetada en el rostro recibieron los trabajadores mexicanos los intempestivos como injustos aumentos de precios en la gasolina, el diesel, a la leche liconsa y ya empezaron los rumores de que el boleto del transporte colectivo, el Metro, subirá de dos a tres pesos, o sea, el 50 porciento. De la leche, el incremento de $3.50 a $4.50 el litro, representa el 30 porciento de aumento y, como todas las mercancías, materias primas y los propios obreros se transportan en su gran mayoría en camiones de carga, en combi, microbús, autobús o taxi, es decir, en transporte público, está claro que con el alza de precios a la gasolina y al diesel todo se irá para arriba; en Chimalhuacán, por ejemplo, con ese pretexto las panaderías ya subieron el bolillo de 70 centavos a un peso (el 42 porciento) y el pan de dulce de 1.20 a dos pesos (¡el 66 porciento!), y es seguro que los incrementos se vendrán en cascada en todo lo que se vende y se compra.
Y mientras los productos de primera necesidad andan ya por las nubes, en cambio, el salario de los trabajadores sube una miseria: apenas el 4 porciento anual, que significan menos de dos pesos diarios, de tal manera que la vida de 70 millones de mexicanos que ganan dos salarios mínimos al día, o sea, alrededor de 90 pesos, se tornará cada vez más angustiosa, porque el salario alcanza cada vez para menos comida, para menos medicina, para menos ropa, para menos calzado, para menos educación, en fin, la situación se pone cada vez mas difícil. Y si esto ocurre con aquellos mexicanos que perciben alrededor de dos salarios mínimos, ¿cómo la estarán pasando los 30 millones de compatriotas que sólo perciben dos dólares diarios, es decir, apenas 22 pesos, como lo diera a conocer hace poco en su noticiario Joaquín López Dóriga? ¡De la patada!
Lo grave de la cuestión es que esta agresión a la economía de los trabajadores mexicanos se presenta, precisamente, en un momento en el cual la vida de los pobres y extremadamente pobres es de por sí muy difícil, muy dura. Todos sabemos que, como el gobierno de Fox fue un fracaso en materia económica, es decir, no cumplió con el millón doscientos mil empleos por año que prometió, por eso mismo, medio millón de mexicanos se van a Estados Unidos dejando patria, familia y bienes; que debido a la falta de trabajo, la delincuencia se ha desatado por todo el país; que por la carencia de empleos, ha crecido como verdolaga en huerta de indio, el comercio informal, convirtiéndose las ciudades en un megatianguis; que por la falta de trabajo, en suma, se ha incrementado a niveles escandalosos la prostitución y la mendicidad. En otras palabras, con los aumentos autorizados por el gobierno, el número de pobres aumentará y, los que ya eran pobres, se harán más pobres aún.
Y, por si faltaran motivos para indignarse, esta alza generalizada de precios se presenta a menos de cinco meses de que pasaron las elecciones presidenciales, en cuyas campañas los candidatos, incluido el propio Felipe Calderón, se comprometieron a bajar el precio de los energéticos (gasolina, diesel y electricidad), con tal de conquistar el voto ciudadano. Pues ahora que tienen el poder en sus manos los panistas, están haciendo exactamente lo contrario de lo que prometieron, al cabo que los políticos de alto nivel no consumen leche liconsa y ganan salarios de ricos para vivir como reyes. ¡Francamente encabronante!
Pero la verdad sea dicha, esto sucede porque los poderosos del país le tienen bien tomada la medida al pueblo mexicano. Se atreven a agraviar a los más pobres, una y otra vez, porque saben que los mexicanos somos un pueblo demasiado sumiso; lo hacen porque saben que cuando mucho nos quejaremos amargamente de nuestros malos políticos, pero allá en nuestra casa, en nuestro trabajo, en donde sea, menos en el lugar indicado. ¿Y dónde es el lugar indicado? Pues ahí donde se toman las principales decisiones en esta nación, en las oficinas del gobierno federal y ante las cámaras de diputados y senadores.
Por eso, hoy los antorchistas, que llevamos 32 años trabajando y luchando por los pobres de México, estamos convocando a una megamarcha en la Ciudad de México para este próximo 7 de diciembre, que partirá a las 10 horas rumbo a las cámaras de diputados y de senadores, para exigir que bajen los precios de la gasolina, del diesel y de la leche, y que se mantenga el precio del boleto del metro en dos pesos. Nuestra manifestación será pacífica y no tendrá como objetivo, en principio, pedir la destitución de ningún funcionario, porque suele suceder que nos quitan a uno malo para poner a otro peor; porque suele ocurrir, también, que hay partidos y políticos que son muy buenos para protestar cuando está de por medio un cargo público, cuando se trata de encumbrar a tal o cual líder, pero muy malos para defender con energía y honestidad a toda prueba, los verdaderos intereses del pueblo mexicano.
Ha llegado la hora de decir ¡basta! ¡Ha llegado el momento de exigirle a los gobernantes que cumplan lo que prometieron en sus campañas políticas, mediante la fuerza organizada y conciente del pueblo trabajador! ¡Ha llegado la hora de recordarle a los políticos sin moral, que mienten con premeditación, alevosía y ventaja, que el poder emana del pueblo y que de aquí en adelante, ese mismo pueblo, que somos nosotros, ya no se conformará con simplemente votar, sino que a partir de ahora estaremos siempre vigilantes y siempre exigentes de que se cumpla lo prometido! La verdadera democracia dice que este es un derecho del pueblo y una obligación de los gobernantes.