Cuando conocí por
primera vez Chimalhuacán en el año de 1988, la
situación de este municipio me impactó tremendamente.
Era cosa de no creerse, que estando ubicado a tan solo 30 kilómetros
del Zócalo de la ciudad de México hubiera tanta
gente pobre y marginada. Casi medio millón de chimalhuaquenses
vivían en el más completo abandono: no había
electricidad en la mayor parte de las colonias y por eso menudeaban
las famosas telarañas con cables de luz; la gran mayoría
de la gente carecía de agua potable y drenaje que, combinado
con los llamados drenes a cielo abierto y la falta de recolección
de basura, el panorama no podía ser más tétrico:
se respiraba un olor pestilente por todas partes; basura, lodo
y tolvaneras con heces fecales se aparecían por cualquier
lugar hacia donde uno echara la vista. Como la avenida del Peñón
no estaba pavimentada, al caer un fuerte aguacero había
que trasladarse hasta el bordo de xochiaca a pie. Salvo raras
excepciones, las escuelas eran de madera y lamina de cartón.
No existía ninguna institución de nivel superior.
Ante este panorama verdaderamente angustioso y vergonzante,
aquel primer grupo de activistas pusimos manos a la obra, fiel
a nuestra mística de luchar contra la pobreza en cualquier
lugar que se presente y poniendo en práctica nuestro
lema: Unión Fraternidad y Lucha. Fue así que,
siempre con la participación organizada y conciente del
pueblo, emprendimos una lucha enérgica y decidida por
la electrificación definitiva de Chimalhuacán,
misma que se logró en el sexenio de Carlos Salinas de
Gortari. El drenaje vino a continuación, poco a poco
fuimos gestionando miles y miles de carros de tierra y balastre
para rellenar las calles; fundamos varios mercados como fuentes
de trabajo y abasto; luchamos y logramos más de una decena
de lecherías, creamos varias colonias donde la gente
más humilde se hizo de lotes baratos y fundamos varios
centros educativos, kinderes, primarias, secundarias, preparatorias,
coronándose todo este esfuerzo con la creación
de la primera institución de nivel superior en Chimalhuacán:
la Escuela Normal Ignacio Manuel Altamirano.
Todos estos logros, que no fueron dádivas del gobierno
sino que significaron duras y largas batallas por arrancarle
a las autoridades beneficios que dignificaran la vida de los
chimalhuaquenses, como era natural, acrecentaron el prestigio
de nuestra organización. Las filas del Movimiento Antorchista
aumentaban día a día hasta que en el año
2000, gracias a la fuerza y buena fama que habíamos acumulado,
así como al apoyo de las organizaciones priístas
afines, conformamos el “Proyecto del Nuevo Chimalhuacán”
y ganamos la presidencia municipal en contra del PRD y de Guadalupe
Buendía, “la loba”, que en abierto y descarado
maridaje quisieron arrebatarnos el triunfo electoral. Esta misma
dupla, el PRD y “la loba”, intentaron adueñarse
del poder municipal: “La Loba” con la terrible agresión
del 18 de Agosto y los perredistas pidiendo la destitución
del cargo de presidente municipal de quien estas líneas
escribe. Fue nuevamente la fuerza del pueblo unido y organizado
la que se alzó con la victoria: “La Loba”
y sus compinches se fueron a la cárcel y los perredistas
quedaron evidenciados como gente sin ética política
y como viles oportunistas y arribistas. Hasta aquí la
primera etapa en la historia del Movimiento Antorchista.
La segunda etapa arrancó con el poder municipal a partir
del año 2000. En estos siete años hemos demostrado
a propios y extraños que Chimahuacán puede progresar
aceleradamente, a condición de que el escaso presupuesto
del Ayuntamiento se ejerza con honradez: ya son cientos de calles
y avenidas pavimentadas; el equipamiento de la policía
municipal con más de cien patrullas hace más efectiva
la vigilancia. Se han construido cientos de aulas, talleres
de cómputo, bardas perimetrales, módulos sanitarios,
lo cual dignifica nuestras escuelas y, para cerrar con broche
de oro, se creó el Tecnológico de Estudios Superiores.
Hoy día, nuestro alcalde, el Ing. Marco Antonio, realiza
grandes esfuerzos para traer a Chimalhuacán una sucursal
de la UNAM y de la UAEM. A diario se atacan problemas de agua
potable, drenaje y electricidad. El gobierno antorchista le
ha dado al DIF una gran proyección social, especialmente
en materia de salud, de modo que orgullosamente esta dirección
se ubica dentro de las primeras tres en el Estado de México.
En poco más de 7 años, nuestro gobierno priísta-antorchista
ha realizado obras y servicios que se igualan a los 25 años
anteriores al año 2000.
Por supuesto, estos logros no son atribuibles sólo a
los dirigentes del Proyecto Nuevo Chimalhuacán. El aumento
de presupuesto por parte del gobierno estatal y el acceso a
programas del gobierno federal (Hábitat, Oportunidades,
etc.), lo hemos conseguido a base de entrega, de trabajo incansable
y, sobre todo, con la participación cada vez más
amplia de la población que ha participado entusiasta
y combativamente en las marchas y plantones realizados en Toluca
y en la Ciudad de México. Es muy satisfactorio que el
pueblo vaya entendiendo que la solución a sus problemas
no le caerá del cielo y que tampoco debe confiarse de
los políticos que ofrecen mucho en sus compañas,
pero que si no se les exige simplemente no cumplen sus promesas.
Esto demuestra que los antorchistas no utilizamos el poder municipal
como un fin en sí mismo, con el afán de enriquecimiento
como lo hace todo mundo, sino como un medio para servir más
y mejor a la ciudadanía.
Pero la tarea no está concluida. A Chimalhuacán
le siguen faltando muchas obras y servicios. Precisamente por
ello, porque la lucha por obras y servicios es una manera de
distribuir la riqueza social que se produce en el país
y que se genera con las manos de los trabajadores (y con sus
impuestos), precisamente por ello, estamos convocando a la celebración
de nuestro 19 aniversario. Y como la palanca fundamental de
transformación de la sociedad es el pueblo, pero no cualquier
tipo de pueblo, sino un pueblo organizado y politizado por miles
y decenas de miles, todos los antorchistas tenemos una cita
el próximo domingo 13 de mayo, para rendir homenaje a
ese pueblo que es el verdadero héroe de nuestros triunfos.
¡Que no falte ningún antorchista a la cita! Tú,
compañero colono, ama de casa, artesano, pequeño
comerciante, profesionista modesto, eres nuestro principal invitado.