En octubre del año
pasado, me referí a la añeja solicitud de 300
humildes peticionarios de la cuidad de Toluca, que desde hace
dos años con ocho meses intentan concluir todos los tramites
legales y administrativos para ocupar un lotecito en un predio
que se ubica en la delegación de Tlacotepec; señalé
que habían obtenido la anuencia, verbal y escrita, del
expresidente Armando Enrique Flores, así como también
el visto bueno del gobierno del estado, incluso la autorización
de un crédito financiero por parte de este último
para asegurar el pago al legítimo propietario. Lo único
que faltaba, subrayo, lo único, era un simple trámite
administrativo por parte del Ayuntamiento, que consiste en cambiar
el uso de suelo del predio en cuestión, o sea que, el
cabildo de Toluca declare que se trata de un terreno para uso
habitacional, trámite que con buena voluntad no se lleva
más allá de 15 días.
¿Qué ha pasado? Que han transcurrido largos siete
meses sin que a la fecha se obtenga el famoso cambio de uso
del suelo. Durante todo este tiempo, la administración
que encabeza el alcalde Juan Rodolfo Sánchez Gómez
ha traído de la seca a la meca a nuestros líderes
antorchistas, seguramente con la intención de aburrirlos,
de vencerlos por cansancio y en espera de que el grupo de peticionarios
se desbarate, cosa que por supuesto no ha sucedido. Han sido
decenas y decenas de reuniones con funcionarios del Ayuntamiento,
de ir y venir con comisiones y, últimamente, de varias
manifestaciones públicas derivadas de las excesivas trabas
burocráticas que ha utilizado la presidencia municipal.
Ante este verdadero vía crucis que han padecido nuestros
compañeros de Toluca, la Dirección Estatal del
Movimiento Antorchista en el Estado de México que me
honro en presidir, acordó por unanimidad brindar su apoyo
a los peticionarios de vivienda por tres razones. En primer
lugar, porque se trata de gente de muy escasos recursos (comerciantes
en pequeño, taxistas, boleros, madres solteras, etc),
que de otra manera jamás se harán de un patrimonio
propio. En segundo lugar, porque ya agotaron, hasta la saciedad,
todos los requisitos previos para ejercer su derecho constitucional
de poseer una vivienda propia y digna. En tercer lugar, porque
el trámite de uso de suelo no le significa al Ayuntamiento
el desembolso de un solo quinto; como dije, la organización
gestionó un crédito ante el gobierno estatal y,
además, se trata de un paso administrativo que no se
tarda más de dos semanas y ya se van a cumplir ¡tres
años!, o sea, lo que le está faltando al gobierno
municipal es voluntad, es un mínimo de sensibilidad política
y social para resolver satisfactoriamente un asunto que está
de sobra justificado.
A las tres razones citadas se suma una más. Es de todos
conocido el durísimo golpe que el gobierno federal y
los empresarios le asestaron a los pobres y extremadamente pobres
de nuestro país, aumentando criminalmente los precios
de la canasta básica (carne, huevo, tortillas, fríjol,
etc) y en general los precios en todas las mercancías:
vestido, calzado, transporte, etc. En tan solo cuatro meses
la vida se hizo más cara, muy cara para las clases populares.
Por lo tanto, ahora se vuelve más difícil que
gente de magros recursos económicos se haga de una vivienda
propia. En ese sentido y fiel a nuestra mística de trabajar
y luchar contra la pobreza en México, los antorchistas
no permitiremos que por trabas burocráticas o, mejor
dicho, por falta de voluntad política del gobierno municipal
de Toluca, se pierda la oportunidad de dotarlos de un terreno
propio, barato y pagadero a largo plazo.
Por lo antes dicho, estaremos muy vigilantes de que se cumpla
el último ofrecimiento que hizo el alcalde anteayer,
en el sentido de resolver definitivamente este asunto. ¡Ojala
así sea, los antorchistas lo deseamos de todo corazón!,
pero de no ser así, obligados por nuestro deber moral
y político, cinco mil antorchistas marcharemos en la
ciudad de Toluca en la primera quincena de mayo próximo
y, si no hay respuesta, nos mantendremos en plantón indefinido
frente al palacio municipal hasta encontrar una solución
satisfactoria. Que nadie lo dude.